FELICES

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Por Carlos Fara: “Con las vacunas volveremos a ser felices”? Lo éramos antes de la pandemia? Es difícil decirlo. Seguro que éramos más felices que ahora, lógico: sin pandemia las perspectivas de la humanidad eran otras. Aunque visto el daño ambiental que íbamos acumulando, tampoco se podría decir que la cosa andaba de maravillas. En ese aspecto, todo lo contrario. Pero esto le atañe al mundo, no solo a la Argentina.

Decía el escritor siciliano Leonardo Sciascia que la felicidad es un instante; si uno la ve pasar es que ya existió, no se queda, es un segundo animado de la existencia, nadie ve de nuevo la felicidad que pasó, es irrepetible. ¿Qué tienen que ver estos comentarios existenciales con esta columna de análisis político? Mucho. Porque algo del sentimiento de felicidad seguramente puede influir en la decisión de voto.

Medir la felicidad es absolutamente discutible y complejo. Sin embargo, las Naciones Unidas elaboran un índice y hacen un ranking para todos sus países miembros desde hace varios años. Los principales parámetros utilizados para determinar el grado de felicidad de la población son el PIB per cápita, la esperanza de vida saludable y el apoyo social. Los datos de opinión pública son recogidos por Gallup a nivel global.

Cómo viene Argentina en ese ranking? Desde 2013 los siguientes fueron los lugares en el ranking mundial: 29 (2013), 30 (2015), 26 (2016), 24 (2017), 29 (2018), 47 (2019), 55 (2020) y 57 (2021). Viendo esto deberíamos decir, en relación a los resultados electorales:

  • En 2013 pese a que éramos mucho más felices que ahora, el Frente para la Victoria perdió en la estratégica Provincia de Buenos Aires e inició el proceso de cambio producido en 2015.
  • En 2015, pese a que éramos más o menos igual de felices que en 2013, el oficialismo perdió la elección presidencial.
  • En 2016 aumentó la felicidad, seguramente como fruto de la expectativa que generaba el nuevo gobierno, aunque la administración Macri no tuvo un buen año ya que se desgastó prematuramente.
  • En 2017 éramos menos felices en el índice, pero mejoramos en el ranking un par de puestos y ganó el oficialismo.
  • En 2018 caímos varios lugares en el ranking: la crisis económica lo dice todo.
  • En 2019 bajamos 18 puestos en el ranking y el oficialismo perdió.
  • En 2020 bajamos 8 puestos y este año dos más, estando ahora en el peor nivel de felicidad desde 2013.
  • Solo a título comparativo, diremos que Uruguay venía subiendo en el ranking hasta 2020, pero retrocedió en 2021.

Cristina diría que sus años de gestión fueron mejores que los Macri, sobre todo si se compara el último año de gestión de ambos. Lo cierto es que, pandemia de por medio, los dos año de Alberto han ido en franco retroceso. Claro, a diferencia de cualquier otra crisis, esta no es vernácula, aunque los problemas previos locales agravan algunas consecuencias. Conclusión: estar mejor en el índice no hace que los gobiernos de turno ganen, pero desmejorar fuertemente en el ranking puede producir derrotas oficialistas.

Más vacunas pueden traer alivio sanitario (y ergo económico), pese a que estamos lejos del ideal: 30 % con 1 dosis y sólo el 8 % con dos dosis. Seguro en los próximos 5 meses habrá muchísima más gente vacunada. ¿Se lo agradecerá la gente al gobierno, o considerará que es un derecho adquirido? En la vorágine de la opinión pública contemporánea todo efecto dura menos, sobre todo los positivos. De modo que un timing de vacunación intenso puede tener un efecto inocuo sobre el voto, paradójicamente. Si estar vacunado es la nueva normalidad, el furor se diluirá, tarde o temprano. Dadas las falencias comunicacionales sistemáticas del gobierno nacional, sería extraño que pueda usufructuar políticamente un logro de esta magnitud.

Lo que no tiene vacuna rápida es la situación económica. Acá tenemos tres opciones clásicas: 1) “pobre Alberto le tocó la pandemia”, 2) “le tocó la pandemia pero igual no está andando bien”, o 3) “gobierna Cristina y es un desastre”. Veremos en qué categoría se alinea la mayoría social, o al menos la primera minoría. Como esto es dinámico, es difícil de predecir. Lo cierto es que el problema no es la foto económica de hoy, sino las expectativas a futuro del colectivo Argentina, y esas no andan muy bien que digamos.

Recuérdese que hay pisos y techos como lo contamos en esta columna hace dos semanas: la variabilidad del voto no suele ser muy grande, y mucho menos sus consecuencias en la composición de las cámaras legislativas. De modo que el gobierno puede perder muchos votos pero no perder la elección, lo cual le puede devolver una imagen distorsionada de la realidad: que sus votos sean mayores que la aprobación de su gestión y que la victoria sea fruto de un “no vi otra opción”.

Volviendo al leit motiv de esta nota, teniendo en cuenta que nadie tiene la vida comprada, podemos recordar a la famosa frase de César “Banana” Pueyrredón: “felicidad no tienes dueño”.