EXPERTOS EN PANDEMIA.

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La palabra y las decisiones de la clase política se han devaluado. Se percibe en la débil credibilidad de gran parte de los dirigentes-habitués de la bendita televisión, a la cual hoy tienen por podio y plataforma.

Así nace la opinión pública del experto, a quien se le adjudica el don de la infalibilidad. Un supuesto como aquel que atribuyó a expertos la responsabilidad de las bombas atómicas sobre Japón. El dictamen de la ciencia no tiene por qué ser único. No es una divinidad, ni es ajena a la conjetura.

En Estados Unidos avanzan con un plan sobre la Casa Blanca. Se lo define como el “Proyecto Manhattan” de la pandemia. Se refieren al grupo de científicos de la Segunda Guerra Mundial que desarrolló la bomba atómica. Fue un proyecto de investigación hecho por los Estados Unidos con ayuda parcial del Reino Unido y Canadá. La investigación científica fue dirigida por el físico Julius Robert Oppenheimer mientras que la seguridad y las operaciones militares corrían a cargo del general Leslie Richard Groves. Pero la decisión fue del Presidente (seguida por su predecesor, luego de su muerte.)

Hoy los expertos convocan cerebros y dinero para elaborar nuevas ideas heterodoxas sobre la pandemia. Un médico de 33 años Tom Cahill, promueve el proyecto. El grupo se autodenomina “Científicos para Detener el Covid-19”.

Los convocados tienen un alto nivel académico. El ganador del Premio Nobel en 2017, el biólogo Michael Rosbash, dijo: “no hay duda de que soy el menos calificado”.

Actúan como intermediarios para las compañías farmacéuticas que buscan un vínculo confiable con quienes tienen poder de decisión en la administración de Donald Trump.

El grupo compiló un informe confidencial de 17 páginas. Promete el empleo de una serie de métodos no convencionales. Po ejemplo tratar a los pacientes con drogas poderosas que previamente se usaron contra la ébola, en dosis mucho más altas.

La Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA). Y el Departamento de Asuntos de los Veteranos recomendó recortar las regulaciones de fabricación y requisitos de determinados remedios  contra el virus.

No perduran los nombres de los talentosos científicos que trabajaron sobre la bomba atómica. Quedan establecidos, para bien o para mal,  los responsables: Roosvelt y Truman. Ellos resolvieron costos y beneficios de la terrible acción.

Como sucede hoy día, la troupe de científicos, avala las decisiones oficiales. La responsabilidad del dictamen les compete, la decisión es de los gobernantes. Ellos trabajan y se promocionan con denuedo.

Otros mandatarios les alcanzan un solo especialista. Trump depende de su manejo de la pandemia para repetir su experiencia presidencial, como Macron y tantos otros. Bolsonaro desafía a la opinión pública y cambia a rolete ministros de Salud. Se tambalea.

La estrategia argentina se basa en la opinión de los “expertos” y aplicarlas en la práctica. Aunque ya es tiempo de tener en cuenta la riqueza de  otras alternativas.

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