ETCÉTERA

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Harvey Weinstein, es el máximo productor de Hollywood. Es responsable de Pulp Fiction, Scream, Vicky, Cristina Barcelona, Shakespeare in Love, Chicago, El paciente inglés etc, etc. Hay directores como Tarantino que le veneran y actrices que se han referido a él como a un Dios, como hizo Meryl Streep este año en su discurso de los Globos de Oro.
Por 20 años Weinstein  chantajeó a varias mujeres para que cumpliesen sus extravagantes deseos sexuales a cambio de buen trato en sus carreras. Su apuesta por largometrajes con lo mejor del cine independiente  y éxitos de taquilla le sacaron del anonimato. Manejo la productora Miramax-que le adquirió a Disney- y luego su propia empresa hasta transformarse en una gran estrella más de la codiciada alfombra roja de Hollywood. Sin embargo, su reputación terminó de empañarse en 2015, tras una denuncia por acoso sexual de la actriz italiana Ambra Battilana.  The New York Times investigó  que en The Weinstein Company, el millonario «elegía mujeres vulnerables para ofrecerles mejores puestos o diferentes opciones laborales».
El productor Harvey Weinstein, uno de los más conocidos y poderosos de Hollywood, se ha visto obligado hoy a abandonar la compañía de cine independiente que fundó y catapultó a la gloria del Óscar debido a un escándalo por los acosos sexuales que perpetró  durante décadas. El consejo de administración de la compañía Weinstein decidió retirar al productor de la empresa, dejando el control del estudio cinematográfico en manos de su hermano y del director de operaciones David Glasser.
Desde siempre  Hollywood  fue la fábrica de sueños…y  de  pesadillas. Suicidios, crímenes, violaciones, abusos. Drogas, adicciones, han sido habituales. Lo curioso de este caso es que Weinstein fue un hombre capaz de producir refinadas producciones y procedimientos brutales durante su confección.
Una personalidad culta, sagaz  y  exitosa, combinaba  sus virtudes  con su lado oscuro. Los acosos a sus actrices favoritas, como un ansioso voyeur parecían opuestas a su gran talento. Keneth Anger, autor especializado en la sordidez de Hollywood, desnuda esa doble personalidad de Alfred  Hitchcock. Tan desagradables como la de Weinstein.
Alfred Hitchcock y la siguiente rubia glacial, «Tippi» Hedren, ex modelo de modas, firmaba un contrato servil de siete años, por el cual su nombre quedó aprisionado entre, comillas y con el que marcó de un sello indeleble la tensa, obsesiva relación cuyos resultados fueron Los pájaros, y Marnie la ladrona, dos de los thrillers más perversos del director.
Durante el rodaje de Los pájaros «Tippi» accedió a las exigencias del Maestro del, Suspense: debería permanecer maniatada, mientras pájaros vivos, arrojados sobre su cuerpo, le picoteaban los miembros. Poco faltó para que un zapapico la dejara ciega; la dama sufrió un colapso nervioso.
La misoginia de Hitchcock,’ ese placer suyo en maltratar a mujeres guapas en la pantalla, había alcanzado su momento cumbre pocos años antes, en 1959, al negarse Audrey Hepburn a trabajar en No hay fianza para el juez, una película que el director había pensado especialmente para ella.
Debía incluir una escena de violación tan gráfica como repugnante. Demasiado gráfica para Audrey, quien hacía muy poco había sido aclamada por su papel de religiosa en Historia de una monja. De modo que pidió excusas y alegó embarazo: el mismo argumento que dos años antes ofreciera Vera Miles para retirarse de Vértigo. Hitchcock dejó de lado el -, y en su lugar hizo Psicosis, con su asesinato en la ducha que parece una violación. Sus últimas películas parecen echar a las mujeres la culpa de las incontrolables pasiones que se agitan en los hombres. Y así desarrolló una violenta obsesión romántica y sexual por Hedren.
Ella era la única adecuada para la agriada vida sexual del director para el episodio cumbre del ataque aéreo de Los pájaros se utilizaran pájaros mecánicos.
Como resultaron convincentes. Durante una semana entera «Típi» fue despellejada por gaviotas y cuervos de verdad. La ataron al suelo con tiras elásticas invisibles; luego, mediante hilos de nylon, amarraron su vestido a las aves. Uno de los pájaros hizo lo posible para arrancarle el ojo izquierdo; el incidente dejó una huella profunda en el párpado inferior.
La actriz cayó en un ataque de histeria. Finalmente acabó por derrumbarse del todo y hubo que interrumpir la filmación toda una semana.
Con el siguiente film, Hitchcock se volvería aún más posesivo y dominante. Durante el rodaje de Los pájaros había acosado a Hedren con martinis durante los ensayos.
Aunque Tippi   le dijo que pensaba volver a casarse – se casaría con su agente al acabar el rodaje-, él no se dio por aludido. Insistía en que ella era todo lo que él\ había soñado siempre. Ojalá una noche Alma se fuese a dormir y no volviera a despertarse nunca…
Durante el rodaje, Hitch persiguió su sueño de libertino otoñal. Un día, cuando el rodaje iba por la mitad, fue al camerino de «Tippi- y le hizo proposiciones. La esencia de la escena fue digna de un melodrama victoriano: el muy ruin amenazó con arruinarla si no cedía. Ella no cedió. A partir de ese momento él se negó a dirigirle la palabra directamente en el plató. Les ordenó I a sus ayudantes que le dijeran: «a esa chica que… ».
A partir de Marnie, la decadencia física y moral se precipitaría. Seriamente deprimido, Hitchcock insertó en Frenesí la escena de violación más brutal y aterradora que jamás había puesto en una película.
Pegados a sus asientos, el maestro del miedo atormentó a sus espectadores hasta saciarlos. Y, contrariamente a Grace y «Tippi», ellos vuelven una y otra vez a por más.