ETCÉTERA

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Xavier Aragay, especialista internacional en reformas educativas. En Barcelona operó la experiencia. Una escuela secundaria sin horarios, sin exámenes, sin tareas, sin materias. Es el cambio más radical en pedagogía para la escuela secundaria. El concepto lo implementa desde hace años en ocho escuelas tradicionales de Barcelona (que tienen entre 100 y 150 años). Y sorprenden no sólo por la idea, sino por sus resultados, analizados por expertos y autoridades de los sistemas educativos de todo el mundo. Xavier Aragay dirigió ese proyecto (llamado “Horizonte 2020”) durante los primeros años y ahora se transformó en una suerte de asesor para reformas educativas. – Resume así la historia: Ocho escuelas jesuitas de Barcelona y el área metropolitana se plantearon innovar completamente el proceso de enseñanza y aprendizaje. Suprimimos las disciplinas, que eran 11 o 12 más un profesor por cada una. Y pasamos a trabajar por proyectos: el alumno aprende haciendo y el trabajo es interdisciplinario. Tiramos las paredes de las aulas y juntamos grupos. En lugar de que cada profesor tenga un grupo de 30, juntamos dos grupos y pusimos tres profesores para 60 alumnos. Esos profesores no dictan clases, preparan los proyectos. La gran diferencia es que el alumno no aprende sentado, quieto, escuchando y tomando nota, sino haciendo. Los profesores preparan unos retos. Por ejemplo, podemos estar en un poblado de África donde viven 2.000 personas y los pozos de agua están a 6 kilómetros. El reto es cómo llevamos el agua a este poblado de una forma sostenible. Entonces los 60 alumnos se dividen en grupos de siete u ocho. Tienen una serie de documentación, además por Internet pueden buscar, y deben resolver. Deberán usar matemáticas, geografía, historia. Van a ir combinando todas las disciplinas. Deberán calcular la profundidad del pozo y la pendiente de los 6 kilómetros. Aprenderán a usar cálculos matemáticos que no sabían. Sobre todo aprenden con un sentido. El problema que teníamos cuando estudiábamos, es que uno le preguntaba al profesor, “¿esto para qué sirve?” Y él te decía: “tú estudia”.
– El examen desaparece. El examen… ¿qué es? Es la prueba notarial de un profesor que va dando clases en muchos sitios y que no conoce al alumno. ¿Cuántos alumnos tiene un profesor de secundaria que de clases en tres colegios o más? ¿Doscientos? ¿Se puede acordar quiénes son? No. Se acuerdan de quienes les hacen la vida difícil. Del resto no. Entones ¿Qué necesita? Un examen, que es la prueba notarial. Si el alumno viene a quejarse le dice: “oiga, usted no contestó”. En nuestro proyecto los tres profesores están constantemente con sus alumnos. Los acompañan, los ven. El alumno tiene que hacer cosas. Y el profesor lo observa, y le da feedback constante. Y la evaluación es esto. El alumno que no aprende. Es que al cabo de 15 días ya se ve. No hay que esperar 2 meses al examen. El profesor ya está hablando con él y le dice: “¿qué pasa?, ¿Tienes algún problema en casa?” Es inmediato.
– Son profesores tradicionales. Es que igual que un periodista se puede transformar porque los medios digitales transforman un periódico, un profesor igual. Al profesor lo que le gusta es estar con los chicos y enseñarles. Pasamos de una transmisión oral de los conocimientos a otro rol: aprende a preparar actividades, a dinamizarlas, a hacer que los chicos y chicas descubran cosas.
En todas partes del mundo que se han hecho experiencias de este tipo no han sobrado nunca profesores. Es más, voy a ser un poquito provocador. Ese tipo de profesor al que vamos, que dinamiza, acompaña, es un entrenador, será insustituible. En cambio, el profesor que solo da una disciplina no. Por ejemplo, Matemáticas. Yo no sé si dentro de 10 años no va a haber un robot que va a enseñar mejor que él. Probablemente sí. En cambio, de este tipo de profesor del que yo hablo que es humanamente intensivo no va a haber ningún robot. Se necesitará un profesor más humano que nunca.
Se puede aplicar en la Argentina, con los problemas de infraestructura, docentes mal pagos, etc.  Si el Estado diera más recursos estaríamos contentos. Lo digo claramente. Pero los recursos que tenemos existen. Si contamos los metros cuadrados, en buen estado o no, si contamos las horas de profesor, y los alumnos que están ahí, recursos hay. Entonces, esos recursos se pueden ubicar de otra forma. El problema es la inercia que tiene el sistema. No es un problema de recursos económicos, sino de miradas.