ELOGIO AL INTERNISMO.

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Por: Luis Tonelli. “Ama la incertidumbre y serás democrático” decía Adam Przerwoski a principio de los 80, con las dictaduras militares todavía asolando a Sudamérica. Los gobiernos autoritarios ejercen un control tanto ex ante como ex post de la política (censura, desapariciones forzadas, represiones. De todos modos, las dictaduras no personalistas siempre han tenido el problema de la incertidumbre hacía adentro de no tener nunca resuelto el problema de la sucesión. Conflicto que, finalmente, terminaba involucrando a la sociedad toda.

La no institucionalización del conflicto mayor, que está dado por la existencia de reglas respetadas en relación a la duración y al modo en que se sucede un gobierno, fue resuelta a nivel macro en las democracias por reglas que utilizan el mecanismo competitivo para derrocar gobiernos civilizadamente. O sea, las elecciones libres y periódicas, en el contexto de garantías generales otorgadas por el Estado de Derecho.

En términos de las instituciones macro políticas, realmente no se ha innovado demasiado, utilizando básicamente los mismos lineamientos del liberalismo institucional de los siglos XVIII y XIX. Las esperanzas cifradas en una democracia que transitaría desde el polo representativo al polo participativo, gracias al internet resultó ser una ilusión ingenua.

Por otra parte, el desafió de otras cepas que se dan en el paisaje democrático pero alterando algunos de sus mecanismos esenciales, como lo hace el populismo, más que una variedad ideológica, se nos presenta como un bypass de los controles y frenos de las instituciones a las mayorías. Pero se mueven en el horizonte representativo, dejan a la participación, las aclamaciones populares masivas, que ahora son complementadas por los “odiadores” de las redes sociales, pareciendo que como condición para escribir en Twitter haya que obturarse el Superyo (una especie de populismo egótico, que barre con nuestro autocontrol).

Las democracias han innovado en los mecanismos de control internos, lo que O´Donnell llamaba accountability horizontal, y que aquí, por razones de comodidad y vistosidad llamamos República y también la extensión del control vertical a la vida interna de los partidos, de muchos modos diferentes.

La concepción europea clásica es la que la jurisprudencia argentina ha tomado como propia, y que considera que los partidos políticos son de sus afiliados, así como las democracias es de sus ciudadanos, y se ha incentivado las elecciones internas de las que participan solo sus miembros. Esos dos mundos, el del afiliado y el del ciudadano quedaban desarticulados: las preferencias de los militantes rara vez sirven para ganar elecciones generales, en donde quien junta más votos gana.

La concepción estadounidense, con partidos más difusos en términos ideológicos, posibilitó la participación de ciudadanos que no estaban afiliados, haciendo de las primarias un proxi de lo que serían las elecciones generales.

Nosotros tenemos las P.A.S.O., que son más argentinas que el dulce de leche. En realidad, las PASO fueron pensadas como mecanismo que desalentara la presentación exuberante de candidaturas y con cuartos atestados de lista, no sabiéndose finalmente a quien se votaba. Para esto han sido muy útiles y  efectivas.

Por otra parte, las P.A.S.O. nuestras P.A.S.O. son bastante exóticas porque no solo se permite votar en una interna de un partido al que no se está afiliado, sino que es obligatorio que todo ciudadano participe en la interna de algún partido, quedando elegidas fórmulas (lo que hace a un todo y nada, ya que si uno salió segundo no puede ser convocado por el ganador para que sea su candidato a vicepresidente. Tampoco han tenido mucho éxito como mecanismo de democracia interna porque, en primer lugar para los cargos importantes se prefieren los acuerdos de consenso, que siempre son acuerdos de cúpula. Y en segundo lugar porque, si bien las PA.S.O han llevado a nivel nacional a la concentración en pocos polos políticos, estos están integrados por fuerzas que dirimen internamente sus propias elecciones de modo muy diferente.

Toda esta larga y aburrida introducción para analizar las internas “feroces” que están asolando a nuestras fuerzas políticas. Y la verdad, y dicho de entrada, uno podría decir que han sido ejemplares. Cada fuerza integrante de la coalición que es oposición al gobierno nacional, siguió sus lineamientos organizacionales. Se sabe que para un radical la vida es esa cosa que transcurre entre interna e interna, y sujeta a esa incertidumbre electoral se realizaron las internas para elegir autoridades.

En el PRO, las cuestiones son un tanto diferentes. Un partido que se dice de la gente, pero que en realidad parece un parripollo disfrazado de ONG que tenía un único dueño, y que ahora tras haberlo fundido a nivel presidencial, quedo un tanto vacante en su dirección ejecutivo. Pero como quien disputa ahora esa conducción ha sido empleado político del anterior dueño, la discusión tiene un límite que oficia a modo de dique para que la sangre no llegue al rio: el control de su bastión electoral y fuente de múltiples recursos, a saber, la benemérita Ciudad de Buenos Aires. Así se juntaron Mauricio Macri y Horacio Rodriguez Larreta y quedó solo para los nostálgicos si hubiera sido mejor que Vidal peleara de nuevo en territorio bonaerense, o bien regresara a las luces de su ciudad. O que Pato Bullrich, fuera la aguerrida candidata para darle la batalla a nadie, ya que en CABA el oficialismo gana con la fusta bajo el brazo.

La lista de Ricardo López Murphy  servirá para contener el crecimiento de los paleolibersaurios de Milei y asociados, la lista alternativa radical, parece que competirá más con la lista liberal que con el acuerdo tejido florentinamente por Emiliano Yacobitti y Horacio Rodriguez Larreta

En provincia, habrá PASO, lo cual viene bien para mover un poco el avispero entre el neuroradical Facundo Manes (Perón llamaba a otro especialistas en azoteas humanas, Raúl Matera, el neuroperonista) vs el hombre del enroque con Vidal, el actual vicejefe de Gobierno de CABA, Diego Santilli.

Y aquí la paradoja. Si hasta el momento, el radicalismo proporcionaba su extensión territorial y el PRO ponía los candidatos taquilleros, ahora, con Martín Lousteau, Facundo Manes y Martín Tetaz, aparecen candidatos competitivos, mientras en el PRO no hay renovación y se efectivizan gambitos con sus figuras un poco chamuscadas. El Soberano decidirá, y esto quizás tenga consecuencias para el equilibrio interno en la coalición, pero antes, Sepa el Pueblo Votar.