EL PRIMER CUARTO YA ESTA JUGADO.

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Por: Carlos Fara. Cuando se cumplieron los primeros 6 meses del mandato de Alberto, en la columna “6 Meses Tormentosos”, hicimos la siguiente reflexión:

“Los gobernantes juegan un rol que es muy difícil de modificar, mucho más si muestra éxito en una primera etapa. Es una especie de contrato original implícito / subyacente que la mayoría social establece con un líder. El día que ese contrato se da por agotado o incumplido, el ciclo político se termina (más allá de los tiempos constitucionales). Alberto llega siendo el gran equilibrista, un moderado, con dotes de bombero para apagar incendios. ¿Cuál es su riesgo? Que el equilibrista se caiga, que el moderado se extreme, o que el bombero se quede sin agua”.

6 meses después de ese aporte, cuando el presidente concluye su primer cuarto, parece haber atravesado todos los riesgos enumerados. El equilibrista a veces se cayó, el moderado se extremó, y el bombero cada tanto se queda sin agua. Los efectos están a la vista. Si bien se frenó la caída sistemática de imagen en noviembre, hoy posee cerca de la mitad de la aprobación que tenía en la época dorada de abril – mayo, en punto de equilibrio entre los positivos y los negativos.

A no engañarse: una meseta no significa haber tocado el piso. Siempre se puede seguir cayendo. Sobre todo, cuando no queda del todo claro cómo se resuelve la economía en el marco de tampoco saber cómo se resuelve la política. ¿La política se podrá resolver? ¿Habrá alineamiento indiscutible entre Alberto o Cristina? ¿Cuál sería la condición de ese ordenamiento? Demasiados interrogantes que no se pueden responder.

Doce meses después está claro que Alberto:

  • No parece tener un estilo muy dinámico, teniendo en cuenta el tamaño de la crisis que le tocó enfrentar;
  • Le cuesta que su equipo responda políticamente acorde con las circunstancias;
  • Tiene serias dificultades para comunicar adecuadamente;
  • No logra conformar con plenitud a ningún sector del Frente de Todos;
  • Tampoco convence en la superestructura (empresarios, sindicalistas, periodistas, formadores de opinión, etc.); y
  • No queda claro cómo quiere / puede resolver “la cuestión Cristina”.

 

Obsérvese que ninguno de los 6 ítems mencionados tienen que ver con la agenda de problemas del país y la gente: no se hace referencia ni a lo económico, ni a lo sanitario, ni a lo social. ¿Por qué? Porque damos por sentado que si no se produce algún éxito –aunque sea parcial- en algún frente que afecte la vida cotidiana del ciudadano común, lo demás será superficial. Sin nada para mostrar es difícil construir un folleto de venta.

Las preguntas que much@s se hacen y los comentarios que me transmiten generosamente nota tras nota se dividen en dos: 1) l@s que creen que “tiene que cambiar”, y 2) l@s que piensan que ya no tiene destino. Vale aclarar que aun los que anhelan su éxito, reconocen que hay algo que no funciona. Puede ser que todos estén equivocados y las cosas anden de maravillas, pero como siempre decimos, controlar la variable de la percepción es vital. En todo caso, la propia Cristina en su famosa carta se ocupó de transmitir que hay algo que no funciona (o a Ella no le gusta cómo funciona).

Es importante detenerse aquí en un aspecto clave y delicado: la superestructura o el círculo rojo –dentro del cual hay cientos de personas, incluida Cristina y el autor de estas líneas- no se forman sus opiniones solo leyendo diarios, viendo noticias en los medios electrónicos o scrolleando tuits o posteos en las redes. Tod@s recurrimos a diversas fuentes y datos para sondear qué está sucediendo con una situación en particular. Somos incansables rastreadores de indicios sobre estrategias y tácticas de los actores que cuentan. Después queda en cada uno qué cree, qué deja de creer y qué análisis hace.

El tiempo juega un factor central, porque a medida que pasa los actores van consolidando ciertas opiniones. Las que tienen sobre Alberto no son satisfactorias, aunque tampoco son las peores. Pero les costará modificarlas de ahora en más, salvo que ciertos datos objetivos sean contundentes.

El primer cuarto ya está jugado. El equipo está en los vestuarios. Veremos qué les indica el técnico.