EL PODER DEL ARTE

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Con un mirada hacia el pasado, mucho debemos agradecer a Papas y cardenales que contribuyeron con dinero y poder a cimentar la belleza inconmensurable  del Renacimiento. Tal vez no siempre será sencillo subrayar la virtud espiritual de algunos prelados pero si eternizar a Roma  de a través de sus artistas. Cabría mencionar a los florentinos que a través de los banqueros Medici plantaron negocios, obras de arte y política en Firenze, además de contar con altos cuadros políticos,  cuatro pontífices y un par de reinas francesas.

Algunos de los empresarios más importantes de Estados Unidos –Rockefeller, etc- compran grandes obras que ofrecen a la gente de a pie y donan o prestan a los museos.

En la Argentina, en el concurrido barrio de la Boca, Techint levantó Proa, un museo que suele ofrecer la obra de artistas internacionales. Se abstienen de publicitar los méritos de la empresa o de la familia Roca, responsable Proa y amante conspicua de las artes.  Otrora, en tiempo que el país era potente y creyó en sí mismo no faltaron coleccionistas y mecenas.

En la casona de la avenida Santa Fe deslumbraba la colección de pintura europea de Antonio Santamarina: un testimonio luce en la Museo de Bellas Artes, el resto fue vendido por los herederos en el exterior, a Mario Hirsch, la cabeza del grupo Bunge & Born, le deleitaba y regalaba obras de Molina Campos.

Amalita Lacroze congenió sus negocios, su actividad social y su lobby cementero con su devoción por la pintura. En Puerto Madero está su lindo Museo con la Colección de Arte Amalia Lacroze de Fortabat que donara antes de morir.

Una extraordinaria colección de impresionistas y de pintura argentina formó Carlos Pedro Blaquier. El inmobiliario Eduardo Costantini  en su museo Malba exhibe interesante arte Iberoamericano que no ha donado a la ciudad sino que las presta. Le sirve al público y le sirve para su promoción personal; la combina con una generosa difusión de su vida amorosa, a toda página en las revistas del corazón.
En todo el mundo y desde siempre han existido los Mecenas. Por generosidad, por relaciones públicas, por vanidad, por política, por tantas cosas. En Gran Bretaña –desde la Corona-. En Francia,  Bélgica, Holanda y tantos países hay desde el Estado interés por la difusión del arte. Beneficia a sus habitantes y al turismo. Se prolonga en el tiempo. A los gobiernos oriundos no parece interesarles demasiado el espíritu y la belleza.