EL PASADO NUNCA MUERE

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Frankie Taggart*. El año entrante será crucial en Estados Unidos por la celebración de las elecciones de medio mandato. Los republicanos encaran de una forma hasta hace poco concebible: ganar sin Donald Trump.

Cinco años después de someterse por completo a la voluntad del inflamable líder y un año antes de las elecciones de mitad de mandato, el Partido Republicano imagina la vida después de Trump.

«En esta etapa, sería el favorito si optara por participar en la carrera presidencial de 2024», dijo Matt Lacombe, profesor asistente de ciencias políticas en el Barnard College de Nueva York.

«Pero también es muy posible que la coordinación entre los potenciales candidatos y los funcionarios del partido… sea suficiente para evitar que persiga o tenga éxito»

Después de que Trump consiguiera la nominación como candidato presidencial republicano en mayo de 2016, el partido abandonó su plataforma política en sus dos siguientes convenciones, optando por simplemente declarar lealtad a su nuevo cacique.

El consenso sigue siendo que todos los caminos hacia el Congreso pasan por el club de golf Mar-a-Lago, propiedad y lugar de retiro de Trump en Palm Beach, Florida.

Y que para triunfar en Washington había que besar el anillo en Palm Beach, halagando a Trump y a su leal base de decenas de millones de fervientes devotos.

Los republicanos que no siguen esa línea saben que, en el mejor de los casos, se arriesgan a ser vilipendiados en público y a ser blanco de amenazas contra ellos sus familias por parte de exaltados seguidores de Trump.

«Pese a perder su megáfono en las redes sociales, su apoyo aún energiza a los partidarios de base, impulsa donaciones y, en algunos casos, elimina a competidores y fuerza retiros», analiza Tommy Goodwin, consultor político y cabildero basado en Washington.

Sin embargo, algunos republicanos prominentes aprovecharon los recientes comicios a gobernador en algunos estados para llamar a una corrección en el rumbo, aunque sin alejarse de Trump y su «gran mentira» de que los demócratas le robaron las elecciones de 2020 con el triunfo de Joe Biden.

Es el caso del multimillonario republicano Glenn Youngkin, que ganó las elecciones a gobernador en Virginia, superando la cosecha electoral de Trump en los suburbios de ese estado en la carrera de 2020, especialmente entre independientes y mujeres.

Trump inmediatamente se atribuyó el mérito, pero en realidad Youngkin achicó la influencia del magnate y en las semanas previas al comicio hizo todo lo posible por mantenerlo a raya.

En Nueva Jersey, el republicano Jack Ciattarelli comenzó muy a favor de Trump, incluso habló en un mitin «Stop the Steal» (Paren el robo) en 2020, pero se distanció del expresidente durante la campaña por la gobernación, que no obstante perdió por estrecho margen ante el demócrata Phil Murphy, quien fue reelecto.

A los demócratas les resulta difícil mantener los avances logrados en los suburbios de esos estados, que les ayudaron a recuperar la Cámara de Representantes en 2018 y la Casa Blanca en 2020.

Es probable que los suburbios vuelvan a ser un campo de batalla clave en los comicios de 2022, en los que está en juego el control de la Cámara de Representantes, el Senado y 36 gobernaciones. Sin embargo, Trump es mucho menos popular allí que en el campo.

La conclusión para muchos republicanos es que la clave está en tomar prestado de la estrategia de Trump y evitar abiertamente su figura.

La aprobación del expresidente se hundió a un mínimo histórico de 34% tras la asonada del 6 de enero, cuando miles de sus partidarios irrumpieron violentamente en el Capitolio para evitar que los legisladores certificaran la victoria de Biden en las elecciones.

Desde entonces, Trump alabando a los insurrectos y defendiendo las amenazas contra la vida de su vicepresidente Mike Pence, quien presidió aquella sesión del Congreso.

El jefe de los republicanos en el Senado, Mitch McConnell, instó al exmandatario de 75 años a mantenerse al margen de las elecciones de medio mandato y declaró a periodistas: «Creo que tenemos que hablar sobre el futuro y no sobre el pasado».

Sin embargo, Rick Scott, presidente del comité de campaña del Senado de los republicanos para 2022, dijo a la cadena NBC que cualquier republicano sería «tonto» si rechazara el respaldo de Trump, poniendo en evidencia el dilema que enfrentan.

«Donald Trump está donde quiere estar: en el centro de la atención, como un niño llorando en pasillo de los dulces de una tienda repleta, exigiendo más gaseosas, mientras arroja bolsas de chocolates a otros niños», señala Peter Loge, profesor asociado en la Universidad George Washington.

La tribuna de Trump no es lo que era antes de su prohibición en las redes sociales, que frenó efectivamente su influencia diaria.

Además, su receta electoral demostró no ser tan efectiva como proclamó.

Trump es el primer presidente desde Herbert Hoover hace casi un siglo en perder la Cámara, el Senado y la Casa Blanca en un único mandato.

«Hasta ahora, a los candidatos respaldados por Trump no les fue particularmente bien», apuntó Sam Nelson, profesor asociado y presidente del departamento de ciencias políticas de la Universidad de Toledo.

«Si bien los candidatos de las primarias republicanas buscan activamente su respaldo, valioso en las elecciones (partidarias), ese mismo sustento puede ser algo peligroso en los comicios generales, ya que motiva a los demócratas a votar en contra del candidato que apoye Trump», consideró Nelson.

Loge cree que pueden surgir retadores que piensan que no tienen nada que perder, junto a otros preocupados por el futuro del Partido Republicano y del país.

«Las elecciones de mitad de mandato de 2022 también contribuirán en gran medida a determinar cuál será el verdadero nivel de apoyo de Trump para 2024”.

«Si los candidatos respaldados por Trump ganan las elecciones primarias y generales, las acciones de Trump subirán» y si las pierden, «bajarán».

Pero Trump sigue siendo un héroe para los millones de nuevos votantes descontentos que trajo a la causa republicana en 2016.

Mark Bayer, exjefe de gabinete del Senado y la Cámara baja recordó una famosa frase de William Faulkner: «El pasado nunca muere. Ni siquiera es pasado».

«Lo mismo puede decirse de la influencia (…) de Trump sobre el Partido Republicano. Su control es tan fuerte como cuando era presidente».

 

*Premiado en la MTV.Corresponsal de France Press, en Kailahun, Sierra Leona. Tiene sede en los Ángeles. Ha escrito artículos y comentarios sobre la trayectoria de Donald Trump.