EL MUSEO DE PELUCHE

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Hay personas con máscaras peludas de gato, oso y zorro; varios pufs de colores sobre una alfombra roja; cubos gigantescos y piernas con ojos pintadas sobre las paredes. Una de las salas más nuevas del Museo de Arte Moderno de Buenos Aires. La artista Ad Minolta hizo un «Museo Peluche».

Así se titula la mayor exposición individual que de Minolta, antes de radicarse en Alemania. Sin rozar aún los 40 expuso en la Bienal de Venecia antes de los cuarenta años y vendió obras por miles de euros en Art Basel. Nunca vienen mal.

Esta muestra es alegre y colorida. Como dicta la moda aboga por la lucha por la educación sexual integral y teoriza para «pensar una dimensión no humana, sin divisiones binarias» y sin caer «en los estereotipos del arte político latinoamericano».

Minoliti recrea las casas de muñecas, ese juego que suele asociarse con las nenas y que según ella «impone una bajada de línea de cómo hay que vivir».Minoliti apela a formas abstractas y colores vivos para recrear las casas de muñecas y hasta «impone una bajada de línea de cómo hay que vivir».
Minoliti también emplea el collage, «reunir los pares binarios en los que se asienta la cultura moderna», como la cada vez más cuestionada distinción entre lo femenino y lo masculino. También se propone evitar la polarización entre teoría y práctica al incorporar a su exposición una «Escuela feminista de pintura», donde los sábados se dictarán talleres abiertos con artistas invitados que revisarán los géneros históricos como el retrato y el paisaje.
En el bernisag hubo una olla popular de comida vegana de color verde a cargo de Caterine Ful Lov, colectivo de artistas integrado por Lucía Reissig y Nina Kovensky. El progresismo es así…ella tiene talento y los alemanes una mirada precisa para detectarlo a pesar de la distancia que los separa de estas costas criollas.