EL GRITO

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El pintor Edvard paseaba con dos  amigos por la costanera. La puesta de sol era sangrienta. El artista percibió  “un grito infinito que atravesaba la naturaleza”. La intensidad del color se debía –aunque no se sabía en esos tiempos- a la actividad del volcán Kracatoa de Indonesia. La poderosa erupción exportó su violenta luminosidad a los lejanos atardeceres escandinavos. El fenómeno se produjo de desde noviembre de 1883 hasta febrero de 1884. Lo descubrieron, muchos años después un grupo de científicos y meteorólogos.

Para ese entonces la estabilidad mental de Munch era precaria. “El Grito” es una expresión violenta. En una de las versiones se podía leer “Sólo puede haber sido pintado por un loco”. Se consideró por añares que la inscripción fue hecha por un vándalo.

No es así. Mai Britt Guleng, curadora de arte en el Museo Nacional de Noruega, a través de radiación infrarroja confirmó que la sentencia había sido escrita por el propio Munch. El artista tuvo una vida muy difícil. ¿Agrega algo esta historia? No mucho. Nos trae otra vez el desamparo y el dolor de la vida del autor, que supo expresar con emocionante intensidad.

A toda la familia le gustaba sentarse a escuchar cómo su padre, un médico descrito por Edvard como neurótico y extremadamente religioso, les leía cuentos de Edgar Allan Poe. La vida fue relativamente tranquila hasta que la madre murió de tuberculosis con solo 30 años, poco después de dar a luz a la más pequeña de sus hijos. Aquel día su padre cambió, se volvió más obsesivo y dejó de lado la literatura para centrarse en leer a sus hijos solamente la Biblia.

Pero no fue la única muerte trágica en la familia. Unos años después, Sophie murió con apenas 16 años. Fue un duro golpe para Edvard Munch, que en parte culpó a su padre por no haber podido salvarla a pesar de su profesión. Otra de sus hermanas, Laura Catherina, padecía un trastorno esquizoafectivo y tuvo que ser internada numerosas veces en un psiquiátrico. En cuanto al único hermano, a parte de Edvard, murió a los 30 años por una neumonía. Solo la hermana pequeña sobrevivió al pintor de El Grito.

La posible esquizofrenia de Edvard Munch

Los tristes sucesos de los primeros años de vida de Munch fueron degradando poco a poco su salud mental. Sin embargo, la explosión vino cuando tenía 26 años. Se encontraba de viaje en París cuando le llegó la noticia de la muerte de su padre, por un infarto.

Volvió a Noruega para el funeral, pero no llegó a tiempo. Esto le llevó a torturarse toda su vida y fue aquí cuando empezó a encadenar una depresión con otra. Además, empezó a beber alcohol de una forma muy excesiva y llegó a reconocer numerosas veces que tenía alucinaciones.

Todo esto, junto a los cambios de ánimo que se pueden extraer de la observación de sus cuadros y los escritos de la época, lleva a los autores del estudio de 2019 a teorizar que posiblemente tenía esquizofrenia, agravada por el alcoholismo.

Otros autores señalan un trastorno esquizoafectivo, como el de su hermana, o bipolar. Sin embargo, ellos creen que esto es lo más plausible.

Sea como sea, está claro que este deterioro de su salud mental está en parte detrás de su genialidad como artista. No hay más que ver El Grito. Si solo fuese así, bendita locura. Pero, por desgracia, también debió sufrir mucho. Afortunadamente hoy la psiquiatría y la psicología están mucho más avanzadas que en tiempos de Munch. Nadie debería pasar por lo que él pasó. Por eso es tan importante que, de una vez por todas, abandonemos el estigma que recae sobre la salud mental y animemos a buscar ayuda a quien lo necesita. Hay otras muchas formas de llegar a la genialidad.