EL GOL EN CONTRA CHINO.

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El desarrollo inmobiliario chino Evergrande, incumplió pagos por créditos que  suman miles de millones de dólares. El sector inmobiliario y de la construcción representa más de la cuarta parte del PBI de China y es el motor del acero y el mobiliario.

Para reducir el endeudamiento, Pekín endureció el año pasado las condiciones de acceso al crédito para los promotores inmobiliarios.

Evergrande, durante mucho tiempo número uno del sector, carece de liquidez. Su situación financiera se agravó en los últimos meses. Incluyen múltiples inversiones, turismo, ocio, las tecnologías digitales,  los coches eléctricos y el futbol.

Así, con una deuda de unos 300.000 millones de dólares, Evergrande lleva varios meses con problemas para hacer frente a los pagos de intereses, las entregas de departamentos y hsta sus jugadores de futbol. Evergrande debía pagar en noviembre 82,5 millones de dólares en intereses. Pero el período de gracia terminó.

“Esto formaliza un impago”, comentó Chen Long, un analista de la consultora Plenum. “Evergrande entró en impago de dos préstamos…  A partir de ahora, todos los acreedores van a llevar a cabo acciones judiciales”, considera Chen Long.

En septiembre, Evergrande admitió por primera vez que no podría pagar todos sus préstamos, pero pudo devolver hasta ahora el dinero a sus acreedores, incluso recurriendo a plazos de gracia.

Aunque el gobierno no se ha pronunció sobre el futuro del grupo, el jefe del Banco Central, Yi Gang, dejó trascender que Evergrande tendría que enfrentarse a las leyes del mercado.

Con 200.000 trabajadores directos y 3,8 millones indirectos en China, la quiebra de Evergrande tiene consecuencias catastróficas sociales y económicas. Sin mencionar al fútbol, pasión de millones de hinchas chinos. Otro gol en contra.

Evergrande bordea la quiebra. La compra por 13 millones de euros del Guangzhou Fútbol Club es un notorio tropiezo.  Es el gran equipo de la tercera mayor ciudad del país, tras Pekín y Shanghái.

Al estilo de los dueños del Manchester City o el PSG, Evergrande implementó desde 2011 una política de fichajes tan conocida como efectiva: gastar mucho dinero. La primera incorporación estrella de su proyecto fue el argentino Darío Conca, a quien pagó 10,6 millones de euros por temporada. ¿Su mayor éxito hasta entonces? Haber sido nombrado mejor jugador de la liga brasileña en 2010.

Los directivos del Guangzhou pensaron entonces de él que, si había conseguido ser el mejor en el país con más Mundiales ganados, nada le impediría ser el mejor del planeta.

A nivel deportivo, la aventura de Evergrande en el fútbol fue un éxito rotundo. Desde 2010, el equipo ha ganado las ocho ligas chinas y las dos Ligas de Campeones asiáticas.  Estos triunfos no salieron baratos.

Además de Conca, Evergrande captó para su plantilla a viejos conocidos del fútbol europeo, como Robinho, Paulinho o Jackson Martínez, a precio galácticos. Colmó la vitrina de trofeos, pero inundó las cuentas anuales de números rojos.

En casi una década, Evergrande ha perdido entre 155 y 310 millones de dólares por temporada con sus negocios en el fútbol. Bloomberg, cifra en 0 el valor de sus activos en el sector. En 2016, Forbes otorgó al Guangzhou un precio de mercado de 282 millones de dólares.

La inversión de Evergrande en el deporte rey supuso un antes y un después en las finanzas de los clubes chinos que no dudaron en competir con el Guangzhou en ver quién desembolsaba más dinero por una incorporación.

En 2015, su rival,  el Shanghai SIPG pagó 56 millones de euros por Hulk, -Vieira de Souza- procedente del Zenit de San Petersburgo. Cuatro años más tarde, se filtró que Sergio Ramos utilizó una jugosa oferta de un equipo del gigante asiático para negociar al alza su renovación con el Real Madrid.

Estas operaciones fueron posible por la lluvia de millones que inundó el fútbol chino, que se convirtió en una herramienta de hacer negocios.

En China, el deporte más popular es el baloncesto. No en vano, uno de sus grandes iconos a nivel global es el ex pívot Yao Ming. Pero el actual presidente del país, Xi Jinping, es un gran apasionado del fútbol, por lo que muchos empresarios vieron en él una forma de acercarse a la cúpula del Partido Comunista. Esto llevó a empresas de diversos sectores económicos a comprar un equipo. Entre ellos, el de la construcción.

Hasta siete inmobiliarias del país son dueñas o patrocinadoras de un equipo, lo que ha despertado una gran preocupación entre las autoridades deportivas, por cómo podría impactar en el fútbol una eventual quiebra de Evergrande. Sinobo, tiene un equipo en Pekín que no paga los sueldos de su plantilla hace varios meses.

La crisis se avecina: el campeón nacional, Jiangsu Suning se esfumó tres meses después de alzarse con el título. Según palabras del propio presidente de la Asociación de Fútbol de China (CFA), Chen Xuyuan, los gastos de los clubes de la Chinese Super League (CSL) son diez veces mayores que los de la K-League surcoreana, y tres veces superiores a los de la J-League japonesa.

La reforma implantada en 2015 por el Gobierno trató de pinchar una burbuja que aún tenía margen de crecimiento. No dio los resultados esperados. Prohibió que las empresas denominaran a los equipos con su mismo nombre; incentivó que los clubes tuvieran un capital más atomizado, con participación de gobiernos locales, inversores y grandes compañías.

El peor de los escenarios aún no se concreta,pero las primeras víctimas del final del periodo de bonanza en el fútbol chino cayeron.  El problema, tal y como lo recuerda el presidente de la Asociación es que esta crisis no solo afecta al presente sino que «también dañará su futuro».