EL FÍN DEL STOP AND GO.

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Luis Tonelli. Como se sabía, o sea, sin ninguna sorpresa, la segunda ola de la epidemia de COVID 19 está llegando y golpeando a la Argentina. Pero a pesar de que estábamos muy advertidos -especialmente por la información proveniente del invierno en el hemisferio norte, el Gobierno Nacional exhibe el mismo nivel de confusión, improvisación y arbitrariedad que el que demostró el año pasado. Claro está, sin siquiera las magras capacidades con las que contó en los primeros meses del 2020, luego de implementada la cuarentena.

Por el lado de la economía, la inexplicablemente larga cuarentena del año pasado tuvo un impacto negativo superlativo, al quedar paralizadas las actividades en las grandes ciudades y financiando el gobierno el paráte con el único recurso que tenía: la emisión monetaria. Por otra parte, las negociaciones para refinanciar la deuda tomaron un tiempo inusitado. Más allá del resultado de la puja con las entidades privadas presentado como muy favorable por el Gobierno -al postergar los vencimientos hasta el 2023- su extensión sumó incertidumbre a la típica desconfianza de los mercados hacia el kirchnerismo, que ya se había manifestado el día que el FPV ganó las P.A.S.O. del 2020.

Incertidumbre que obviamente, y como siempre, alentó la fuga del peso hacia el dólar y el riesgo de corridas desestabizadoras, ante la emisión a todo vapor. Afortunadamente, la perspectiva de una nueva cosecha muy buena, alentó a los productores a liquidar parte de los dólares de sus exportaciones, dándole un alivio al Banco Central.

La paralización de la economía, entre otras calamidades, adelantó niveles de pobreza que esperábamos para dentro de unos años, si todo seguía mal. Argentina ya no es la vieja Argentina desfigurada. Simplemente es otra Argentina.

Para colmo de males, aún en el hemisferio norte surgen muchísimas dudas ante la posibilidad de que el COVID 19 mute constantemente con cepas más mortíferas y que escapen a las vacunas existentes. Noticia que con solo plantearse, genera un desaliento a la inversión y, por ende, al crecimiento global.

Frente a todas estas incertidumbres, el Gobierno se ha empeñado a no desentonar con ellas, y las aumenta día a día con más incertidumbre.

Dicho esto, la pandemia no solo es una fatalidad para todos sino que le ha servido al gobierno de excusa perfecta para disimular en alguna medida todos sus errores y opciones polémicas. Siempre va a haber algún país con alguna cuestión en la que están peor que nosotros. Toda afirmación que se hace en la Argentina, queda procesada por la Grieta y es puesta en duda inmediatamente del otro lado de ella. El mismo Presidente Alberto Fernández ha hecho una contribución importante a este galimatías en donde la palabra queda devaluada ya que no pasan muchas horas antes de que declare exactamente lo contrario a lo que había dicho. Así es como si navegásemos sin ninguna brújula y en medio de la tormenta, (y solo el dólar que para los argentinos es como el sol que se usa cuando no se tiene a mano ninguna brújula para orientarse) manteniéndose quieto da esa sensación mínima de estabilidad.

Una cuestión evidente es que la cuarentena y el parate económico han provisto mecanismos y excusas para realizar el ajuste enorme que ya Alberto Fernández y su ministro Guzmán habían empezado a realizar cuando, entre otras cosas, terminaron con la fórmula de ajuste de las jubilaciones. Es cierto que hay menos dólares, pero su demanda también ha caído junto con el retroceso de 10 puntos del PBI.

De este modo, hemos cambiado una crisis aguda por una crisis crónica, en cómodas cuotas -como nuestros muertos de COVID-. Una segunda oleada viral sin vacunas equivale, haya o no cuarentena, a que de nuevo la actividad económica va a decaer. Paradójicamente, una caída del trabajo le permite al gobierno, si le siguen entrando dólares por las exportaciones agropecuarias, volver a emitir para financiarse, ya que su demanda baja en ese hiper cepo que produce pandemia y restricciones.

Los dólares de “los estancieros” permiten a que exista la economía de El Estanciero, ese juego popular de los 70´s y 80´s (similar al Monopoly, para los que no integran el grupo de riesgo) en donde el anfitrión del juego repartía los billetes alegremente para que los jugadores pudieran comprar y vender. (Verbigracia, los papelitos de colores que eran los billetes de El Estanciero no han sufrido ninguna devaluación interna en el juego. Se compra lo mismo con ellos).

La Argentina esta como esos enfermos a quienes se los coloca en un estado de coma inducido. Su metabolismo en stand by, demanda poca alimentación para mantenerse. Pero ese estado vegetativo no puede decirse que sea vida. Si la Argentina volviera a la normalidad, comenzaría una demanda de dólares que desestabilizaría al Gobierno. Antes los “GO” generaban, al alcanzar su límite de crecimiento y por la restricción externa de dólares disponibles, el “STOP” que, a su vez con su ajuste, le permitiría recomenzar una etapa de “GO” nuevamente.

El gobierno quizá pueda arrogarse el haber eliminado finalmente el fatídico STOP and GO: claro que para que solo mande el “STOP”.