EL ESTADO COMO HEREDAD.

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Ferdinand Amunchásteguy. Estas líneas siempre se encuentran vinculadas a la actividad judicial, y aunque estuvimos a punto de apartarnos de dicha temática finalmente, una denuncia, ha hecho ingresar a nuestro ámbito la noticia que mantiene en vilo a la sociedad desde el fin de la semana que dejamos. Obviamente nos referimos a lo que la prensa ha rotulado como “vacunatorio VIP” y que le costó la salida al Ministro de Salud que, de todos modos, se encontraba, ya hace tiempo, cerca de la puerta.

Lo novedoso, o no tanto, es que quien disparó el escándalo podía ser tenido como amigo-el mismo se adjudicó esa condición- lo que obligaría a preguntarle que entiende por ese concepto. Sin embargo, detenerse a valorar el comportamiento del -en definitiva- denunciante, es distraerse de lo verdaderamente ocurrido. Cierto es que resulta casi imposible suponer que se trata de un acto ingenuo, ya que su autor ha pasado una larga vida generando conflictos que descartan que carezca de la inteligencia necesaria para  advertir el efecto que  habrán de producir sus palabras.

Si desplazamos de la escena la posibilidad de un lapsus linguae, es válido buscar otro propósito en lo sucedido que, obviamente, no es el ético, ya que sus expresiones fueron generadas ya producido el acto reprochable del que, en principio, no se arrepintió. Así, entonces, debemos suponer que lo que se persiguió fue generar un episodio político, aún a costa del prestigio personal que pudiera creer que poseía.

Lo cierto es que habiendo construido su nombre -vuelta la democracia-, sobre una ética pública que le permitía señalar las acciones que chocaban con su moral, parecería que en esta ocasión ha decidido realizar una acción suicida, cuya finalidad no puede ser menor para justificar ese costo.

Junto al nombrado, han aparecido otros transgresores, que han ofrecido a la sociedad las más pueriles excusas. Desde la justificación de quienes habrían de acompañar al Presidente en su viaje a México, país que posee “fronteras abiertas”, por lo que nadie debía vacunarse para poder ingresar, hasta las excusas de embajadores (Scioli y Peppo) que olvidaron señalar que el restante personal del servicio diplomático no mereció ningún cuidado en particular, o la situación del Procurador del Tesoro -Zannini- cuya actividad en la plantilla de control lo transformó en personal sanitario.

Contemporáneamente con el episodio que narramos, se había producido el encuentro del Consejo económico y social, que debía haber ocupado los titulares de los periódicos, reconociendo en el  actuar del Presidente un éxito político al reunir a los sectores de la producción y el trabajo en procura de un consenso para relanzar la economía.

Ello no ocurrió, pues el desafortunado comportamiento puesto al descubierto, opacó cualquier éxito que pudiera lograrse en otro ámbito y quitó valor a los discursos dirigidos a los más desfavorecidos. Si en algo no podía fallarse, era en sostener el derecho del ciudadano común frente a los privilegios de unos pocos. El no dar razones para postergar a unos sobre otros es impropio de un gobierno democrático y solo muestra la convicción enraizada en nuestra clase política de que el Estado es una heredad del que ejerce el Poder; en vez de servidores públicos, nos conducen señores feudales que solo dejan caer a sus vasallos aquello de lo que no desean apropiarse.

Este hecho que, contrariamente a lo insinuado por algunos, sí constituye delito -peculado, abuso de autoridad, incumplimiento de los deberes de funcionario público, etc- no solo lleva a sus autores inmediatos frente a la justicia, sino también debe escuchar las excusas de quienes se beneficiaron con ese comportamiento, para descartar su complicidad.

De todos modos, y sin quitar entidad a lo ocurrido, no puede dejar de advertirse que lo conocido, en términos políticos, trasciende lo estrictamente judicial, para ser entendido como un avance hacia la desestabilización de una administración que, de por sí, no se encuentra en el mejor de sus momentos. Solo una reacción rápida y distinta a la evidenciada hasta ahora, podrá rescatar este traspié de la política, que ha mostrado  lo peor de su esencia, sin advertir que ellos no han sido elegidos para protagonizar sucesos de mínimas ventajas, sino para asegurar el bienestar de toda la ciudadanía.