EL ESTABLISHMENT

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Este artículo forma parte de un ensayo escrito por Máximo Merchensky, pensador joven,  agudo y profundo. El autor mantiene despiertos los genes de su familia: La sangre política y el saber económico que luciera su abuelo paterno, mano derecha de Rogelio Frigerio y parte fundamental de la máquina política que puso en marcha al desarrollismo. En las ardientes reuniones ocurridas en el refugio de Frigerio de la calla Córdoba, Merchensky era una persona inspiradora.

El autor de estas líneas despliega sus propias virtudes: análisis profundo y amor sin límites por esta agobiante Argentina.

 

Definición. El establishment es una idea polisémica, cargada de ambigüedad.  Refiere a un estado de cosas establecido para un conjunto de actores económicos muy importantes, ubicados en posiciones económicas fuertes, sólidas, más o menos fijas, con intereses muy concretos asociados a industrias y actividades reales, trabados entre sí en un complejo juego de relaciones, alianzas y antagonismos, y enfrentados también a las posiciones, intereses, y aspiraciones de otro sectores de la sociedad.

 

Actores. Participan del establishment los grandes actores económicos, pero también muchas instituciones tradicionales, las grandes asociaciones gremiales empresarias y sindicales, algunas asociaciones profesionales, varios clubes de futbol, y por supuesto los grandes centros de producción y reproducción de capital simbólico (medios de comunicación, grandes universidades, grandes editoriales, etc.).  En la ambigüedad del término está pues el estado de cosas, los grandes actores que lo estructuran, y el entramado de relaciones y solidaridades entre los propios actores del establishment y el resto, relaciones que irradian y permean a otros jugadores del mapa político que no forman parte suya propiamente, pero se asocian de alguna manera, coyunturalmente o más a mediano plazo, en virtud de sus intereses concretos.

Estabilidad, institucionalidad, racionalidad estratégica.  Interesa destacar que las posiciones comprometidas por el establishment son fuertes y sus intereses más bien estables; sus relaciones más formales e institucionales, y sus ventajas o pérdidas –si bien muy importantes en términos absolutos– marginales respecto de la posición que juegan.  Es natural entonces que la idea del establishment esté asociada a lo conservador.  Por la magnitud de lo que pone en riesgo, el establishment juega sus intereses interviniendo en la política en su dimensión estratégica, enfocado en el largo plazo.  No puede, por definición, desentenderse del destino del país.

No-establishment.  Del lado de afuera del establishment están los actores más variados, más pequeños, más dinámicos, sin posiciones fuertes que atender o defender y con intereses más volátiles.  Aquí juegan los profesionales independientes, los gerentes de nivel medio y medio alto, pero también los pequeños empresarios, los empresarios de nuevos sectores más dinámicos y con menos capital fijo, los sindicatos y asociaciones más pequeños o sectoriales, o de ramas nuevas de actividad, muchos consultores o gurúes, la mayoría de los líderes de opinión e intelectuales.  También buena parte de la dirigencia política y la burocracia estatal.  En la política, los jugadores no-establishment tienen compromisos concretos más lábiles, menos para perder y más para ganar, pueden ser más audaces y tácticos.  Lo que ganen o pierdan puede ser insignificante en términos absolutos, pero muy importante en relación con su propio peso o magnitud política.  Pueden relacionarse de manera más informal, menos predecible, o aparentemente irresponsable.  Y no se los puede censurar por perseguir objetivos puntuales, de corto plazo, con amplios márgenes de negociación.

 

Crisis estructural y camino crítico de su superación.  Para definir cuál ha sido el papel del establishment en la crisis argentina, lo primero es definir la causa de los problemas de la economía en su dimensión estructural.  En los últimos cincuenta años Argentina extravió el camino del crecimiento económico y, por el contrario, agravó todos los males de su economía: inflación, pobreza, déficit de infraestructura, obras y viviendas, descapitalización general, baja productividad y competitividad.  Asumamos, por economía de discusión, que esto ocurrió porque la dirigencia política argentina no acertó a definir y construir los parámetros técnicos y políticos de implantación de una matriz económica consistente y estable, que ofreciera incentivos concretos para la inversión.  La falta de capitalización primero, y la descapitalización después, son la causa estructural de la crisis argentina. Y en el mismo espíritu, sentemos como premisa básica que solo un proceso continuado, sostenido, amplio de inversión pública y privada, en los diferentes sectores de la economía (vg. una inversión bruta fija de 30 puntos del PIB durante diez o quince años), puede encarrilar la economía argentina en el camino de explotar los recursos naturales racionalmente, demandar y ocupar los recursos humanos, y capacitarlos, generar como contraparte una amplia oferta de bienes y servicios que remedie la inflación en sus causas, y ampliar la base real para una estructura tributaria progresiva, solventar el gasto en infraestructura y en desarrollo social, sostener el equilibrio de las cuentas públicas y permitir finalmente la estabilidad monetaria.