EL CASO BOUDOU

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Poco ha pasado en este tiempo judicial que merezca algún comentario, aunque a pesar de la feria dispuesta y sin demasiada repercusión, se han resuelto libertades que solo el virus chino pudo ocultar al conocimiento vulgar. En realidad, excepción hecha del ex vicepresidente, poco se sabe de aquellos que lo acompañaron en la misma solución liberadora, que se ha impuesto y que solo encuentra límite, en la capacidad técnica para controlar este tipo de modalidad de ejecución de las penas.

Las solturas a las que nos referimos (que en la mayoría de los casos se apoyó en la posibilidad de contraer el Coronavirus) no implican la concesión de la libertad, sino que importan el cumplimiento de la pena, bajo una modalidad distinta como resulta el arresto domiciliario.

Una vez más, la justicia no ha expuesto ante la sociedad un criterio ni único ni eficiente respecto de la situación de la población carcelaria. Así  junto con aquellos que son conocidos por aparecer vinculados a los delitos de corrupción -en su acepción llana- y que recuperaron su libertad, también lo fueron los que denominaríamos delincuentes comunes y en menor proporción los acusados de delitos de lesa humanidad, sin perjuicio de encontrarse todos dentro del mismo grupo.

Si bien es cierto que las defensas han de valerse de todos los elementos legales que puedan importar un beneficio para sus asistidos no lo es menos que, frente a esos pedidos,  los organismos del Estado deben poseer una respuesta homogénea, por lo que es válido requerirle al Servicio Penitenciario uniformidad respecto de su capacidad para evitar los contagios.

Es grave cuando los muertos se convierten en un número, pues es en ese momento que se pierde el concepto de humanidad y se comienza a transitar por los meandros de las estadísticas que permiten demostrar casi cualquier cosa que deseemos. Esa situación se ha trasladado a nuestra vida y parecemos gobernados por los números en vez de los principios.

Es difícil suponer que el miedo generado por la pandemia no ha de alterar el escenario habitual en el que nos movemos  o que la Justicia no habrá de responder en consonancia con las necesidades del momento. De todos modos no puede dejar de advertirse que la feria dispuesta en coherencia con  la cuarenta dispuesta por el Ejecutivo, ha limitado las manifestaciones del Poder Judicial al que no se han sometido cuestiones que podrían comprometer alguna de las decisiones que se han adoptado en el último tiempo.

Al regresar la democracia, se recitaba el preámbulo de la constitución como una suerte de oración cívica que marcaba el rumbo a seguir, hoy casi ninguna de las propuestas de ese preámbulo se mantienen en pie, cierto es que atravesamos una circunstancia excepcional que impone resolver cuestiones en las que habitualmente el Estado no debería intervenir, y posiblemente, del modo más pragmático y rápido que sea posible, debiendo privilegiar la vida, a cualquier otro bien. Sin embargo, superada la situación, es necesario que ninguna de las excepcionales circunstancias producidas, sea naturalizada y se pierda el hábito de recurrir a la Justicia para restablecer los derechos y garantizar su goce.

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