DOS MUJERES

0
46

 

Ferdinand Amunchásteguy. Poco a poco la Justicia va colocándose en el centro de la escena, sea para bien, según el criterio de muchos, sea para generar un golpe Institucional como prefieren otros .Entre estas dos posturas, casi no existen dudas de cuál es la que, en  una sociedad sana,  debería compartirse.  Sin embargo, la salud de la nuestra debe hallarse tambaleando, porque no puede asegurarse el triunfo de la primera postura respecto de la que prefiere ver,  en los pasos de nuestros Tribunales,  un propósito    contrario al bienestar de la Republica.

Las vaguedades, las generalizaciones imprecisas y los juicios que se hallan huérfanos de soporte,  se han convertido en la moneda corriente con la que pretende gobernarse a la Nación.

María Elena Walsh no habría podido imaginar un mundo del revés  partiendo de lo que hoy se vive. Una gira presidencial en la que se dice que se va a ofrecer gas a los europeos que hoy,  por la guerra entre Ucrania y Rusia ven limitado su abastecimiento, cuando el país depende de las importaciones y se prevé la necesidad de su racionamiento para no entorpecer la provisión domiciliaria.

Se habla de un gasoducto cuya licitación recién se ha concretado y cuyo funcionamiento, que en términos comunicacionales parecería  inminente (de acuerdo a los tiempos reales concluirá mucho después  de la guerra)   y del  que se dice que generará miles de puestos  de trabajo e inversiones millonarias, como si ello fuese a ocurrir mañana.

Con esa misma imaginación se construye un relato en el que algunos inadvertidos creerán y  perderán sus días aguardando que ocurra el milagro que convierta a la Argentina del futuro   en algo parecido a lo que fue la Argentina en el pasado.

En esa maraña de comportamientos sigue desplegándose el enfrentamiento entre el Poder Judicial y aquel otro que   conducen los políticos. Nuevas marchas y el anuncio de profundos cambios que intentan sugerir una mejor Justicia se suceden,  sin que por ello se avizore un cambio efectivo y real que anuncie la instalación de una mejor administración de Justicia.

Paradójicamente, otros sucesos han ocurrido que aligeran esa atmosfera y que nos imponen algunos interrogantes agradables de despejar. El más trascendente e institucionalmente más gravitante  es, sin duda,  la presencia de la totalidad de los miembros de la Corte Suprema en la Ciudad de Rosario,  dando su abierto apoyo y aval a los integrantes de la Justicia Federal,  que se reunieron en dicha Ciudad,  para marcar la posición de sus integrantes en lo referido al Narcotráfico que tiene allí su más escandaloso epicentro.

Esa actividad, muestra la decisión de los miembros de la Corte de asumir y ejercer efectivamente el rol que les cabe como cabeza de Poder, posición que ya fue insinuada al asumir su Presidente,   también,  el rol  de Presidente del Consejo de la Magistratura. Ese emplazamiento  anuncia cuál podría ser la postura que habrá de asumir el Tribunal  si se insiste en modificar el número de sus miembros buscando eliminar la independencia que debe serles reconocida.

Mientras esa muda  pelea institucional   se desarrolla, otra también ha trascendido que nos merece alguna reflexión, Fuera del egocentrismo porteño, dos mujeres se han ocupado de poner en claro cuál es el valor de la Justicia.  Dos Magistradas casi ignotas,  comparadas con los Jueces Federales que a diario nos hacen conocer y opinar sobre sus decisiones, han  ocupado las primeras páginas de los periódicos.

La una,  por haber dispuesto la detención de dos sindicalistas del Gremio de los Camioneros que protagonizaron uno de los habituales “bloqueos”,  con  los que intentan someter a aquellos renuentes en aceptar las directivas que emanan de su Secretario General, que ha hecho un dogma de sostener  que todo lo que se mueve sobre ruedas, es de la incumbencia de su gremio.

La otra,  la Fiscal que con su impulso logró la condena del ex Gobernador Uribarri  y que, en soledad,  debe luchar para evitar ser destituida por haber logrado ese avance sobre la clase política que siente como una intromisión,  que sus actos sean pasados por el tamiz de la ley antes de ser juzgados por la historia, como algunos hicieron público.

Si la calidad institucional está mejorando o solo es una apariencia,  el tiempo lo dirá, mientras tanto tratemos de disfrutar esta primavera republicana en la que el Poder Judicial  no es una pieza menor,  que parece tener que luchar en soledad para lograr su cometido de “afianzar la Justicia” como promete nuestra Constitución.