DESASTRE CLIMATICO.

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Bill Gates viene de publicar “Cómo evitar un desastre climático: las soluciones que tenemos y los avances que aun necesitamos”.  Muy pronto se publicará en Buenos Aires.

Bill Gates está muy atento a los grandes vaivenes del mundo. Expresó la posibilidad de la pandemia y sus consecuencias antes de tiempo. Una lectura atenta sugeriría sus causas.

Desde siempre se ha preocupado por el cambio de clima. La cuestión hace daño, solo en Europa, América Latina, Asia y África; también en el corazón de los Estados Unidos

A sus ideas “políticamente correctos” suma acciones concretas. Es accionista de Beyond Meat (“carne vegetal”).

Gates propone la expansión del consumo de proteínas basadas en plantas. Un tema que debiera tener en cuenta a quienes velan nuestro destino. La ganadería vacuna ocupa la mayor parte del territorio y es la economía regional más extendida, y los insumos básicos para la producción.

Aquí su mirada recorre el ir y venir del clima:

El cambio climático es más difícil de resolver que una pandemia, pero, si no lo hacemos, los efectos negativos serán mucho peores. Me alegra que el interés por el cambio climático no haya decaído, como sí sucedió durante la última crisis financiera porque se consideraba un problema a largo plazo. El plan de recuperación de la Unión Europea va a dedicar un 35% de sus fondos al cambio climático. En la Fundación Gates hemos creado grupos de trabajo con Europa y con España para buscar soluciones: ¿Qué hacemos con el hidrógeno verde? ¿Empleamos parte de esos fondos para reducir sus sobrecostes (la prima verde) frente al hidrógeno normal? De esa manera, la opción ecológica se extendería con más facilidad. Y en Estados Unidos, gracias a la elección de Biden, veremos un periodo mucho más esperanzador para el clima, pese a que tardaremos unos años en salir del hoyo en el que estamos debido a la pandemia.

Las emisiones de carbono están aumentando y en el futuro emanarán sobre todo de los servicios básicos de muchos países en desarrollo: del aire acondicionado, de la construcción, de tener luz. Se habla mucho de reducir el consumo de electricidad, pero esa no es la vía adecuada para bajar las emisiones a cero. Puede resultar útil, pero la única manera de lograr esa meta no es conducir menos, sino conducir un coche de cero emisiones. En las naciones pobres, el combustible de aviación, el acero y el cemento siguen siendo necesarios para que crezcan sus economías, y sustituirlos no es posible si supone un gran aumento de precio. Creo que es necesario innovar para disminuir las primas verdes y que los países pobres puedan pagarlas. Es posible que tengamos que subvencionar parte de esas primas. Pongamos que gracias a la innovación logramos reducirlas en un 95%. En ese caso, los Estados de ingresos medios y los ricos pagarían el 5% restante. A los muy pobres, muchos de los cuales se encuentran en África, podríamos ayudarlos con subsidios procedentes de la cooperación internacional. La contribución que recibe África no es tan alta como debiera: la población está aumentando, hay mucha inestabilidad y el cambio climático no va a hacer más que agravarla. Los países más pobres no deberían cargar con tanto peso porque, además, son los que más acusan el cambio climático. La persona que se encuentra en peor situación es un agricultor que viva cerca del ecuador, donde las olas de calor son intensas y arruinan las cosechas a menudo, y donde abundan las inundaciones y las sequías. Resulta irónico que quienes menos han contribuido a causar el problema sean los que más van a sufrirlo.

Algo que no se quiere reconocer es que en un futuro vamos a necesitar generar 2,5 veces más electricidad de la que usamos actualmente para calentar edificios, mover vehículos y alimentar procesos industriales. Tiene razón cuando dice que los precios de las energías solar y eólica han bajado, incluso está empezando a reducirse el de la energía eólica marina, lo cual es un milagro, es fantástico. Pero nos queda aún un problema importante por resolver, y es que estas fuentes de energía son intermitentes. Es decir, si las condiciones meteorológicas son las adecuadas durante semanas, bien; pero si llega una ola de frío potente, habrá grandes áreas que no podrán beneficiarse de ese tipo de energías. Para aumentar su fiabilidad, es necesario crear un almacenamiento energético a gran escala conectado a la red, lo cual es mucho más difícil que fabricar la batería de un coche. Otro enfoque consiste en disponer de un sistema que genere energía constante durante las 24 horas del día, que es lo que hacen la fisión o la fusión nuclear. Pero en ningún momento estoy abogando por un uso exclusivo de la energía nuclear; lo que quiero decir es que la gente debería tener una mente más abierta con vistas a la cuarta generación de reactores nucleares que aparecerán de aquí a cinco o seis años, ya sean los que estamos creando en TerraPower u otros. La energía que producirán es barata y segura. La gente debería tener una mente más abierta porque, además, es el tipo de energía más seguro: causa un número de muertes o de heridos mucho menor que los ocasionados por la minería y los gasoductos. Pero entiendo que la energía nuclear actual, tal y como está planteada, no va a lograr la aceptación del público, así que he tirado la toalla al respecto.

Espero del nuevo Gobierno señales de su compromiso para abordar el cambio climático. En primer lugar, necesitamos un aumento extraordinario de la inversión en I+D, de al menos 20.000 millones de dólares, y eso solo en Estados Unidos. También son necesarias políticas que promuevan el uso de productos verdes, aunque se encuentren en fases iniciales y por muy altas que sean las primas. Podría ser el caso de las industrias del acero y del cemento, para que culmine su transición ecológica. En EE UU se ha impulsado la expansión de las energías solar y eólica a través de bonificaciones fiscales y ahora que los precios han bajado podríamos usar esos créditos para el desarrollo de tecnologías de almacenamiento de energía o de combustible de aviación verde. Aun así, sería necesario duplicar o triplicar esos incentivos y crear políticas que aceleren su implantación porque 30 años no es un periodo de tiempo muy largo para cambiar todo el sistema de generación de electricidad y producción de acero y de cemento. Espero que se puedan adoptar políticas en esta dirección y que permanezcan vigentes durante este periodo de 30 años, en lugar de desaparecer a merced de los vientos políticos. Debería abrirse una vía bipartidista al menos para los aspectos clave.

Al auge de los negacionistas del cambio climático se ha sumado últimamente multitud de teorías conspiratorias sobre el origen del Covid y de las vacunas que le ponen a usted directamente en el centro de la diana, como la mente detrás de un plan para controlar el mundo…

En cuanto al cambio climático, en EE UU es un tema un poco partidista, aunque mantengo contacto con algunos republicanos que muestran preocupación y quieren hacer algo al respecto, especialmente los más jóvenes. El cambio climático es más complicado que una pandemia. La cantidad de recursos que estamos pidiendo que se prioricen para la causa es muchísimo mayor que los invertidos para conseguir una vacuna. Pero el daño en términos económicos y de vidas humanas es inmensamente superior. ¿Cómo se puede evitar esto? En un escenario ideal, los planes de estudios de las escuelas deben abordar el cambio climático. Por otro lado, cada vez más gente presencia o padece fenómenos meteorológicos extremos, y eso es algo que, por muy trágico que sea, está contribuyendo a un cambio de actitud. Creo que esta es una de las razones por las que el interés hacia el cambio climático es mayor hoy que hace cinco años.