DES – AHOGO

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 Por: Carlos Fara. Libertad! Libertad! Libertad! reza una de las estrofas de nuestros himno nacional. Después de estar muchos meses encerrados era lógica que “estallaron las fiestas clandestinas”, titularía placa roja de Crónica. “Pero qué irresponsable que es la gente” comentan algunos. Otros reclaman “querían libertad de reunión, ahí tienen las consecuencias”. Unos funcionarios piensan que hay que volver a poner restricciones. Otros, como el intendente de Mar del Plata, reflexiona: si se prohíbe, va a haber más fiestas clandestinas. Algo así como “si los jóvenes quieren fiesta, no se van a frenar por una prohibición gubernamental” (quizá hasta la incentiven).

 

Muy complejo, porque qué hacer con esta pandemia desde la política pública. Muchas notas y especialistas aconsejan reforzar los controles y las campañas de concientización. En principio parece razonable. Seguramente nadie se opondría: mantener la libertad de reunión, pero controlar más y apelar a la responsabilidad individual. Pero claro, cualquiera que haya estado del lado del mostrador del Estado –en cualquiera de sus niveles, mucho más a nivel municipal- sabe al menos 5 cosas:

  • no hay ejército de funcionarios que alcance para controlar una violación masiva de una norma;
  • cuando a la gente no tiene miedo a la amenaza de eventuales sanciones, no hay norma ni poder coercitivo que valga;
  • las autoridades deben tener suficiente legitimidad social para hacerla cumplir;
  • cuando la gente le pierde miedo a los efectivos negativos de la ausencia de profilaxis, no hay norma que valga; y
  • cuando se obtura por largo tiempo una conducta natural y/o deseable, tarde o temprano termina explotando, violando la norma (por ejemplo, Ley Seca en EE.UU.).

 

Estas 5 condiciones hoy no están presentes en la Argentina: 1) no hay control que alcance, 2) la gente no tiene miedo de las sanciones, 3) le “ne frega” el poder coercitivo del Estado, 4) se le perdió el miedo al contagio (el ahogo pudo más); y 5) después de una cuarentena tan larga la situación iba a ser explosiva. So what? nos interrogaría por enésima vez Miles Davis.

 

En la última columna del año pasado (“Somos como somos”) hablamos de la homeostasis del riesgo (los seres humanos tenemos un grado de riesgo que nos resulta aceptable y nos esforzamos por mantenerlo estable en nuestras vidas. Por lo tanto, si el riesgo se reduce en un área de la vida tendemos a ajustar nuestra conducta para aumentar el riesgo en otras áreas). Tendemos a correr más riesgos, no menos, si nos sentimos más seguros. A ese factor le debemos agregar las 5 condiciones de las que hablábamos recién.

 

Pues entonces comentemos algunas de las dificultades lógicas que tienen las cosas que están proponiendo diversos protagonistas de la realidad (ya sean funcionarios, infectólogos, filósofos, psicólogos, periodistas, opinólogos, etc.):

 

  1. Reforzar los controles: mayor presencia de fuerzas de seguridad disuade, pero en situaciones de masividad eso se vuelve muy complicado y a veces casi inaplicable (cuánta gente usa barbijo en la playa? cuántos mantienen el distanciamiento social?). Pero claro, algún límite hay que poner, no puede ser un “viva la pepa” y que cada uno haga lo que se le canta, porque además puede perjudicar a los demás, ya que no se trata de un simple acto privado. En definitiva: como los agentes y funcionarios son finitos, el refuerzo debe ser inteligente, no un simple pongamos más horas extras.

 

  1. Reforzar las campañas de concientización: toda estrategia publicitaria toca un punto de agotamiento y deja de ser efectiva. Algo así como “me entra por una oído y me sale por el otro”. Por lo tanto, el efecto de repetición ya no está haciendo efecto. Si no se piensa otra estrategia que vuelva a atraer la atención sobre el mensaje, es un esfuerzo perdido.

 

  1. Volver a mayores restricciones: si la gente le perdió miedo al contagio y las sanciones, tampoco valdrá el esfuerzo.

“Pero no podemos no hacer nada!”. Obvio. Pero lo que tampoco podemos es hacer más de lo mismo y pensar que obtendremos resultados distintos, no? Eso lo dijo un mediocre estudiante de física como Einstein. Ergo, la estrategia de “reforzar” no parece adecuada por sí misma. Tiene sentido en tanto forme parte de un combo de acciones donde haya por lo menos un elemento nuevo. Si no, lo más probable es que dentro de un mes estemos discutiendo lo mismo al no haber resultados fehacientes, habiendo ingenuamente cifrado esperanzas en “más de lo mismo, pero aumentado”.

 

En la consultoría política todo el tiempo nos encontramos con estas inercias, ya se trate de campañas o de gestión de gobierno. Lo peor es seguir creyendo en las mismas recetas sin patear cada tanto el tablero de la lógica y cuestionar todo. No asegura el éxito, pero al menos se habrá salido por un rato de la zona de confort. Y, quién dice, hasta puede surgir alguna idea brillante.