CUANDO LOS ELEFANTES APRENDEN A BAILAR.

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Por: Carlos Fara. Hace 30 años una especialista en management, Rosabeth Kanter, escribió un libro con ese título. A su criterio, las grandes organizaciones -compañías, partidos, etc.- son como viejos elefantes cuando se ven «obligados» a bailar al son de nuevos ritmos, los del cambio. Eran los albores de la globalización post caída del muro de Berlín. Íbamos a empezar a ver la caída de la URSS y las guerras por televisión en tiempo real a través de CNN. Y aún no teníamos idea de que una cosa llamada “internet” nos iba a transformar para siempre. Eso sí: las computadoras personales de escritorio ya existían y los teléfonos celulares eran una rareza digna de película de ciencia ficción.

 

Tres décadas después muchos elefantes han ido camino al cementerio (ninguna alusión al estadio de Colón de Santa Fe), y otros han dejado de ser elefantes, perdiendo lugares en la escala zoológica. De las 10 empresas con mayor valor del mundo, solo 1 es manufacturera y 7 son tecnológicas. Siete son americanas y dos son chinas. Todo esto es bastante sabido. El punto es que entre los elefantes que están bailando una vez más a un ritmo desconocido están los fondos de inversión.

Seguramente todos conocen la “anécdota” de estos días: millones de pequeños ahorristas anónimos del foro WallStreetBets de Reddit consumaron varios golpes al influir con compras sobre valores bursátiles. Ya lo hicieron con la empresa Gamestop y con el precio de la plata. Estos “guerrilleros bursátiles” se coordinan a través de las redes sociales y actúan en consecuencia. Como complemento, utilizan una plataforma que se llama Robinhood, la cual permite comprar y vender acciones desde el celular de inmediata y sin cobrar comisión. Esto está volviendo locos a los grandes jugadores del mercado que no pueden prever estos movimientos y pueden tener grandes pérdidas (hay buenas notas de @DamianKantor al respecto). A todo esto se agregó que el hombre más rico del mundo –según la cotización de estos días- Elon Musk dio un apoyo al bitcoin y su valor salió disparado. La pregunta es ahora: cuánto vale un tuit del dueño de Tesla. «Tengo que cuidarme de lo que diga acá porque algunas de estas cosas realmente pueden mover el mercado», acoto. En buena hora…

 

Si ya no importan los balances de las empresas ni sus perspectivas de rentabilidad futura para determinar el valor de una acción bursátil, siendo que los guerrilleros o algún líder tech pueden desestabilizar un mercado de la noche a la mañana ¿qué nos espera? En un abrir y cerrar de ojos pueden generarse o esfumarse cientos o miles de millones de dólares. Estamos en problemas, Houston.

 

¿Acaso es esta una columna bursátil o económica? No, sigue siendo una columna de análisis político. Entonces, ¿qué tiene que ver con la política? Varias cosas:

 

  1. Nunca antes en la historia había habido tanta tecnología producida por el sistema para desafiar a… el propio sistema.
  2. El movimiento no es tanto económico como político. Los guerrilleros bursátiles suenan más a “V de Venganza” que a yuppies queriendo hacerse millonarios como en los ´80 (como el personaje Bud Fox en el film Wall Street).
  3. La anécdota no hace más ilustrar el grado de desbarajuste de la verticalidad imperante en el mundo entre la posguerra y los ´90 a manos de una horizontalidad en todos los planos.
  4. Toda acción produce su reacción: desde los Occupy Wall Street para aquí que muchos actores vienen reclamando algún tipo de regulación a los flujos financieros internacionales como la Tasa Tobin (impuesto sobre las transacciones financieras).
  5. Más allá de globalifóbicos e indignados por doquier, lo cierto es que la actual pandemia trajo todo tipo de cuestionamientos macro, desde las patentes de los grandes laboratorios y el cambio climático, pasando por las secuelas socioeconómicas que dejará el COVID-19. El cuestionamiento al sistema cotiza en alza (valga el chiste).
  6. Atrás de todo esto crece la preocupación por qué tipo de movimientos políticos se inspirarán en el clima de indignación: populismos, nacionalismos, extremismos, anti sistema, etc. Por algo el Banco Central Europeo (con Merkel a la cabeza) cree que hay que recurrir a la heterodoxia para no despertar monstruos dormidos.
  7. Last but not least, todos los estamentos dirigenciales de todas las organizaciones del planeta a poner las barbas en remojo: hoy cualquiera puede ser un “chaleco amarillo”.

 

Como le gustó denominar irónica y jocosamente al director franco-canadiense Denys Arcand en 2003, llegan “Las invasiones bárbaras”.