CRISIS ALIMENTARIA MUNDIAL

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Michael Pooler, Bryan Harris y Lucinda Elliott. Junto a la caña de azúcar y soja que brotan de sus campos en el interior del estado de San Pablo, este año José Odilon De Lima Neto planea sembrar por primera vez un cultivo diferente.

«Puede haber una oportunidad de inversión en trigo debido a las complicaciones para la siembra de verano en Ucrania y Rusia», dijo el agricultor instalado cerca de la ciudad de Ribeirão Preto.

Los precios internacionales del cereal se dispararon desde que Moscú invadió a su vecino. Es un reflejo de la preocupación que las naciones en guerra – juntas representan alrededor del 30% del todo el comercio de trigo- tengan dificultades para abastecer a docenas de países dependendientes de sus importaciones.

El costo mundial de los alimentos alcanza niveles récord. Según un índice de la ONU, el conflicto agrava un «hambre destructiva».

A miles de kilómetros de distancia, las señales de esta crisis nutricional se extienden a los graneros sudamericanos de Brasil y la Argentina, principales fuentes de todo tipo de productos, desde soja y carne vacuna hasta maíz y naranjas.

Muchas empresas agrícolas de la región se benefician de la suba de los precios de las materias primas. Lleva a ampliarr su producción o incluso a cambiar de sector.

Pero al mismo tiempo, los elevados costos o la inminente escasez de insumos cruciales -como combustible, fertilizantes y piensos- corren el riesgo de mermar su capacidad de contribuir a garantizar la seguridad alimentaria mundial.

El ataque de Rusia a Ucrania comenzó después de que se hubieran tomado decisiones para la temporada de siembra de verano en América latina y la segunda cosecha de maíz de Brasil. Dificulta la reacción inmediata de los productores, afirma la consultora StoneX.

«Un escenario en el que el conflicto persista, y los precios de estas materias primas se mantengan, probablemente estimularía una expansión del cultivo de cereales y oleaginosas en el continente», añade StoneX. En medio de la guerra con Rusia, Ucrania pide ayuda financiera para garantizar la «supervivencia» del país.

Aunque los climas mayoritariamente tropicales de Brasil limitan el cultivo de trigo, este año ha exportado más cantidad de este grano que en todo 2021. Con los avances en la tecnología de los cultivos, los expertos creen que el país, tradicionalmente importador neto de trigo, tiene el potencial de ser autosuficiente e incluso vendedor neto en el futuro.

Caio Carvalho, presidente de la Asociación Brasileña de Agronegocios (Abag), advirtió que a corto plazo, sin embargo, es poco probable que el sector en general aumente enormemente la producción agrícola global debido a las dudas sobre la duración de la guerra y a dónde enviarla.

«Los productores no pueden lanzarse a la aventura y ampliar la oferta si no tienen la seguridad de un mercado al que vender», dijo. Aunque Brasil tiene fuertes ventas en China, Medio Oriente y Rusia, muchas economías más ricas siguen relativamente cerradas a sus productos, añadió.

Por ahora, la economía dominante de América latina podría ayudar a llenar los vacíos en el suministro de maíz. Antes de la invasión, se preveía que Ucrania fuera el tercer mayor exportador de maíz, justo por delante de Brasil, según un reciente informe del Departamento de Agricultura de Estados Unidos.

Al igual que la soja, se destina principalmente a la alimentación de animales, y Brasil es el tercer mayor productor, sólo por detrás de Estados Unidos y China. La agencia estatal de agricultura de Brasilia, Conab, estima que los envíos de maíz al exterior aumentarán en tres cuartas partes en 2022. El maíz está a un precio muy atractivo para que Brasil aumente su producción.

Los agricultores de la fértil región de la Pampa argentina están sembrando más semillas de girasol para aprovechar la disrupción. Las plantas se adaptan  asuelos resecos y necesitan menos fertilizantes, un incentivo adicional dadas las recientes subas de precios de los nutrientes químicos y las previsiones de clima seco para este año.

Los críticos de la gestión de Buenos Aires advierten que la intervención del Estado y la elevada inflación de más del 50% están desalentando la actividad del sector agrícola.

Las medidas proteccionistas más estrictas, como los impuestos de hasta el 33% a las exportaciones y los controles de precios de productos como el pan, junto con un régimen cambiario caótico, podrían hacer que los agricultores esperen a que mejoren las condiciones internas.

«El riesgo es que la señal de plantar más no les llegue, y eso es malo para todos, no sólo para la Argentina», dijo Gustavo Grobocopatel, que dirige uno de los mayores grupos agrícolas del país, Los Grobo. «Argentina debería producir un 40% más de lo que produce [en agricultura]».

Además, la escasez de gasoil en la Argentina ha provocado paros de camioneros, junto con advertencias sobre posibles impactos en la cosecha y el transporte de los cultivos.

Otro reto es que este rincón del planeta, altamente productivo, sale de un periodo de grave sequía que ha frenado el crecimiento de la producción agrícola y causado daños financieros.

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Para Brasil, en particular, una de las preocupaciones son los fertilizantes, que se encarecieron antes de la guerra. El país importa el 85% de los nutrientes químicos que consume, de los cuales una cuarta parte procede de Rusia.

«Para la temporada de siembra en septiembre, va a depender mucho de la disponibilidad de fertilizantes. Una escasez podría provocar un descenso de la productividad», dijo Carvalho, de Abag. «Estoy muy preocupado».

Por otro lado, los productores de carne, que dependen de los cereales para alimentar a sus animales, están sufriendo las consecuencias de la suba de las materias primas, que ha animado a los agricultores.

Brasil, que ya es el mayor exportador mundial de carne vacuna y de pollo, podría reemplazar volúmenes perdidos por la guerra en Ucrania, según los analistas.

Sin embargo, en algunas categorías de carne, la demanda en el extranjero no compensa el aumento de los costos de los insumos y el debilitamiento del poder adquisitivo en el país, donde los consumidores más pobres están reduciendo su consumo de productos básicos en medio de una inflación de dos dígitos.

En el estado de Goiás, en el centro-oeste de Brasil, la cría de cerdos se encuentra en el extremo más agudo de la sobreoferta y la caída de los valores de venta. Muchos criadores reduciendo su piara, de 5000 cerdas a unas 3800.

Hoy cada productor pierde de 200 a 350 reales [u$s 43 a u$s 75] por cada cerdo que revende. El daño es inédito y muy fuerte. Hay dificultades para ganaderos. Las exportaciones se han acelerado, pero esto no compensa totalmente la caída del consumo interno.

 

Michael Pooler* es corresponsal en Brasil del FT, con sede en São Paulo. Anteriormente fue reportero en el equipo de la industria en Londres que cubría el acero, la ingeniería, los productos químicos y la logística durante cinco años.