COVID: LA NIEBLA MENTAL

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Ariana Eunjung Cha Shutterstock*. Los pacientes con “quimiocerebro” y niebla mental por Covid no podrían ser más distintos: las personas con solo “quimiocerebro” enfermedad potencialmente mortal por la que recibieron quimioterapia o radiación.

Los que tienen niebla mental por Covid se autodescriben como sanas que sufrieron una infección casi tan leve como un resfrío. Cuando la neurocientífica Michelle Monje, de la Universidad de Stanford, estudió sobre Covid largo, descubrió que los pacientes de ambos grupos tenían alteraciones parecidas en las células cerebrales que sirven como sistema de vigilancia y defensa de ese órgano.

Ese estado confusional que describen muchos pacientes en tratamiento contra el cáncer es causado por un mal funcionamiento de esas mismas células, conocidas como microglías. Los científicos especulan que en la enfermedad de Alzheimer estas células pueden estar bloqueadas, lo cual dificulta contrarrestar el desgaste celular del envejecimiento.

Hay un creciente corpus de investigaciones que sugiere la existencia de similitudes entre los mecanismos de los cambios cognitivos pos-covid y los de otras afecciones cerebrales incluidos el “quimiocerebro”, el Alzheimer y otros síndromes posvirales de infecciones como la influenza, el Epstein-barr, el VIH o el Ébola.

“Hay una superposición enorme” entre el Covid largo y esas otras afecciones, dice Avindra Nath, directora Clínica Interna de la Unidad de Trastornos Neurológicos y Accidentes Cerebrovasculares de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos.

Antes del Covid, gran parte de la investigación médica se clasificaba en función de cada enfermedad en particular. Durante la pandemia, los científicos empezaron a trabajar en colaboración para comprender una enfermedad tan compleja y multiorgánica como el Covid.

Se descubrió que la inflamación cerebral por Covid-19 se parece a la inflamación posterior a la quimioterapia. Michelle Monje considera que esas similitudes dan “una base real” al campo de investigación sobre Covid largo. Algunos de los síntomas que experimentan los pacientes tras el Covid son reversibles; hay en proceso de ensayo clínico varios medicamentos para tratar a los que sufren niebla mental severa.

Otro equipo de Harvard y Johns Hopkins advirtió que en el Covid y en el síndrome de fatiga crónica se acumulan demasiadas moléculas de oxígeno en una célula, lo que posiblemente provoque la inflamación que desencadena los problemas cognitivos.

“Como comunidad de investigadores, nos interesan muchos los conocimientos previos sobre otras enfermedades que puedan ayudar al tratamiento del Covid largo”, dicen.

El cerebro humano, el objeto más complejo del universo conocido, es una masa gelatinosa de casi un kilo y medio, compuesta por cientos de miles de millones de células conectadas en billones de formas que apenas comprendemos. Los investigadores están en la primera etapa de la definición de la “niebla mental” por Covid, esa sensación enloquecedora de confusión y lentitud de pensamiento que describen algunas personas tras la infección. Un reciente estudio aportó la evidencia más sólida de los cambios biológicos posteriores al coronavirus.

El 7 de marzo en la revista Nature, se compararon las tomografias del cerebro de 400 personas antes y después del Covid. Se usaron datos del proyecto UK Biobank, un estudio a largo plazo que involucra a medio millón de personas. Descubrieron que la materia gris se había reducido en áreas cerebrales claves, en su mayoría relacionadas con el olfato, y que en el tejido había más anormalidades de lo esperado.

El estudio fue dirigido por Gwenaëlle Douaud, profesora asociada del Centro Wellcome de Neuroimagen Integrativa de la Universidad de Oxford. Dice estar “bastante sorprendida de ver efectos tan claros” en el patrón de daño; casi todos los pacientes estudiados habían experimentado un cuadro leve de la enfermedad. “Tenemos que ver si con el tiempo ese daño se retrotrae o si genera mayor vulnerabilidad en los pacientes”, afirmó.

Los seres humanos perdemos materia gris como parte del envejecimiento natural, pero aquellos con una infección previa por corona virus mostraron una reducción adicional del tamaño del cerebro de un promedio de 0,2 al 2%.  Y tenían más daño tisular en las regiones conectadas a la corteza olfativa primaria y mayor deterioro cognitivo.

El estudio fue calificado como uno de los más importantes de la pandemia. Tiene limitaciones ya que el grupo de recuperados de Covid son adultos, de 51 a 81 años, y en su mayoría blancos.

Así y todo, algunos de los mejores investigadores del mundo se asombraron al comprobar que las áreas afectadas eran las mismas en las que habían centrado su investigación.

Enfermedad de Alzheimer

El profesor de la Universidad de Columbia, Andrew Marks, realizó autopsias de los cerebros de 10 personas entre 38 y 80 años que murieron de Covid en la primera ola. Advirtió a niveles elevados de algo conocido como “tau fosforilada”, que se observa en pacientes con Alzheimer.

Pero el patrón es diferente al de la enfermedad de Alzheimer. En los pacientes con Covid, los hallazgos inusuales se sitúan mayormente en el cerebelo, que ayuda a controlar el equilibrio y el movimiento. En los pacientes con Alzheimer, es más probable que la proteína tau fosforilada aparezca en áreas que involucran funciones cerebrales de orden superior, como la percepción sensorial, el razonamiento espacial y el lenguaje.

Marks, presidente del Departamento de Fisiología y Biofísica Celular de la Universidad de Columbia, y sus colegas enfatizaron la necesidad de efectuar estudios de seguimiento para determinar si lo que observaron es exclusivo del Covid o común a todas las infecciones virales.

“Los datos del estudio del Reino Unido coinciden en que existe un compromiso del cerebro que podría ser similar a la enfermedad de Alzheimer”, dice Marks, y señala que en los pacientes con Covid largo hubo cierta reducción –pequeña– en lo que se conoce como el “sistema límbico” del cerebro, involucrado en respuestas conductuales y emocionales, y que uno de los primeros síntomas de la enfermedad de Alzheimer es la pérdida del olfato.

Otro equipo de investigadores encontraron un posible vínculo con el Alzheimer. En marzo de 2020, una mujer de 67 años había acudido al Hospital Clínico San Carlo de Madrid con fiebre, tos, dificultad respiratoria y dolores musculares. Una semana después fue dada de alta, pero sus síntomas cognitivos empeoraron y siete meses más tarde tuvo que volver para una revisión. Antes de enfermarse, había sido muy activa, dando conferencias y haciendo trabajo voluntario. Luego sufrió “pérdida de memoria, dificultades de concentración, especialmente durante la lectura, y fatiga cognitiva”.

Tras practicarle estudios de imágenes y otras pruebas, se le diagnosticó Alzheimer. Los investigadores se preguntaban si el Covid podría haber acelerado los síntomas de la enfermedad o desenmascarado los síntomas cognitivos en progreso.

Los investigadores escribieron que “la relación entre el Covid y su potencial rol en la futura neurodegeneración está en debate”.

Monje y su equipo abordaron la investigación sobre la niebla mental por Covid usando datos de ratones y humanos. Infectaron el sistema respiratorio de los ratones con el virus, observaron el tejido de las autopsias de nueve personas que habían muerto de Covid y estudiaron a 48 pacientes con síntomas cognitivos atribuidos al Covid largo.

En los tres grupos, los investigadores encontraron signos de inflamación en el cerebro. Esos cambios “pueden desregular las interacciones entre múltiples tipos de células, y está claro que el quid de lo que sale mal después de la terapia contra el cáncer es esta misma neuro inflamación”, dice Monje. “En conjunto, los hallazgos presentados ilustran similitudes sorprendentes entre la neuropato fisiología después de la terapia contra el cáncer y de la infección por SARS-COV-2”.

Una de las principales teorías sobre el Covid largo es que es el mismo tipo de reacción que algunas personas tienen después de otras infecciones.

Bindu Paul, profesora asistente de Farmacología y Ciencias Moleculares en la Facultad de Medicina de la Universidad Johns Hopkins, sugirió que ciertas respuestas biológicas pueden quedar “desordenadas” tras la infección, lo que produce respuestas cognitivas más lentas y confusión mental. Cree que existe evidencia que el cerebro puede sufrir un desequilibrio, estrés oxidativo: demasiado oxígeno lleva a la destrucción de las moléculas, proteínas y hasta del ADN.

Paul señala que los síntomas del síndrome de fatiga crónica son muy similares a los del Covid largo, “puede ser que el grupo de anomalías observadas” en las dos enfermedades esté relacionado o sea lo mismo.

Cerca de Washington, se rastreó durante años los síntomas cerebrales a largo plazo de 200 pacientes con Ébola y 400 con VIH, y comparó las similitudes entre esos pacientes y las personas con síndrome de fatiga crónica. Se está iniciando un ensayo con 40 pacientes de Covid largo que van a recibir inmunoglobulina intravenosa (IVIG), compuesta de anticuerpos que ayudan a combatir las infecciones, o corticosteroides, que reducen la inflamación, para ver si mejora su funcionamiento cognitivo. Estos tratamientos vienen utilizándose en pacientes con fatiga crónica con éxito parcial.

Los investigadores estiman que puedan ofrecer algún beneficio a los pacientes de Covid largo con niebla mental. Cree que el desafío está en hallar la combinación adecuada.

La necesidad de esas terapias puedan aumentar en la medida en que un virus en evolución continúe circulando por el mundo. Un estudio acerca de los efectos crónicos del Covid en los Estados Unidos publicado en febrero pasado muestra que hay un riesgo elevado de padecer problemas de salud mental, incluida niebla mental, durante el año posterior a la infección. “Tenemos que replantear nuestro enfoque”, dice Ziyad Al-aly, jefe de Investigación del Sistema de Atención Médica VA St. Louis, director del estudio que analizó los datos de 154.000 pacientes. “Tenemos que dejar de pensar a corto plazo y centrarnos en las consecuencias a largo plazo del Covid”

 

Ariana Eunjung Cha* es reportera de tecnología en Washington. Se desempeñó como jefa de la oficina de The Washington Post en Beijing, Shanghái y San Francisco.