“COMO EL URUGUAY NO HAY”

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El dicho sobre las bondades de los vecinos, se extiende día a día. De hecho las voces argentinas –de tono estentóreo- y cierto desenfado típico de estos lares contrastan con el amable estilo oriental. Con la misma tranquilidad aceptan la invasión argentina y en particular los dinerillos que aportan. Hasta hace unos meses los billetes argentinos –cambiados a dólares- se concentraban en Punta del Este y en particular en bienes inmobiliarios tantas veces de exagerada dimensión. Desde ya sigue ocurriendo  pero las cosas han cambiado.

Por de pronto una importante tropilla de empresarios ha resuelto transformar sus bienes en uruguayo. Y también su propia residencia o nacionalidad. Este transformismo requiere legalmente que los argentinos radicados permanezcan en el Uruguay un mínimo de tiempo prolongado. Alrededor de seis meses por año. De esta manera dejan de lado el convulso estilo político argentino y –mucho más significativo- los múltiples y caprichosos  impuestos que  deben pagar.

La situación cunde con otras consecuencias. Su cambio de identidad implica no estar pendientes de las vicisitudes políticas ni de las presiones dinerarias de algunos políticos y funcionarios de su tierra natal, hábitos que no pudieron menos que hartarlos. En el Uruguay agradecen esta situación. Hoy día el mercado de compra y venta de tierras en Uruguay se caracteriza por una intensa demanda de los inversores.

El buen momento de la actividad ganadera, con niveles récord en precios internos y externos, más un escenario agrícola también favorable (con precios al alza y buenas cosechas) produce que los inversores uruguayos y extranjeros se interesen  por la compra y el arrendamiento de campos, principalmente los forestales, agrícolas y mixtos. O sea establecimientos donde se hacen ambas actividades..

Clientes argentinos o brasileños son frecuentes. El cambio en el gobierno en Chile se suman a la tendencia. Buscan sobre todo campos agrícolas, mientras que otros clientes, como los europeos, demandan principalmente campos forestales.

Más allá de esa demanda de parte de extranjeros, los uruguayos siguen siendo el grueso del negocio.

Hoy por hoy aumentan las operaciones, la superficie comercializada y el monto negociado. En el ejercicio 2021 hubo 1230 operaciones de compraventa por u$s 810 millones, con un precio promedio de u$s 3499 por hectárea. El valor de los campos forestales aumentó entre 10% y 15% sobre el año pasado. Pueden costar u$s 2500 por hectárea.

El Uruguay resplandece. También el humor de los empresarios exiliados, el gobierno de los Lacalle fue de una gran apertura.

Y si, como el Uruguay no hay. Y como la Argentina, en otro sentido opuesto, tampoco.