BILDUNG

0
140

Por: David Brooks* Casi todo el mundo admira el modelo nórdico. Países como Suecia, Dinamarca, Noruega y Finlandia tienen una elevada productividad económica, una igualdad social superior, una alta confianza social, al igual que elevados niveles de felicidad personal.

Los progresistas dicen que se debe a que tienen generosos Estados de bienestar. Algunos libertarios señalan que estos países tienen buenos puntajes en casi todas las medidas de la apertura del libre mercado. Los restriccioncitas de la inmigración apuntan que hasta hace poco eran sociedades étnicamente homogéneas.

Sin embargo, las naciones nórdicas eran étnicamente homogéneas en 1800 cuando eran extremadamente pobres. Su crecimiento económico arrancó hasta después de 1870, mucho antes de que se establecieran sus Estados de bienestar. Lo que realmente catapultó a las naciones nórdicas fueron generaciones de políticas educativas fenomenales.

Las élites nórdicas del siglo XIX hicieron algo que no hemos podido hacer en este país en épocas recientes. Se dieron cuenta de que para que sus países prosperasen tenían que crear “escuelas para el pueblo” verdaderamente exitosas para su población menos educada. Se dieron cuenta de que iban a hacer del aprendizaje para toda la vida una parte del tejido natural de la sociedad.

Vieron la educación de manera distinta a la de EEUU. La palabra alemana que usaron para describir su estrategia, “bildung”, ni siquiera tiene un equivalente en inglés. Significa la completa transformación moral, emocional, intelectual y cívica del individuo. Se basa en la idea de que las personas, para poder ser capaces de manejar y contribuir con una sociedad industrial emergente, necesitan vidas interiores más complejas.

Hoy, los estadounidenses suelen pensar en la escolarización como la transmisión de conjuntos de capacidades especializadas: el estudiante puede leer, hacer cuentas, recitar los hechos de la biología. El modelo bildung está diseñado para cambiar la manera en la que los estudiantes ven el mundo; se propone ayudarlos a entender sistemas complejos y ver las relaciones entre las cosas

Como Lene Rachel Andersen y Tomas Björkman lo definieron en su libro “The Nordic Secret”, “bildung es la manera en que el individuo madura y asume la responsabilidad personal cada vez mayor para con la familia, los amigos, los compatriotas, la sociedad, la humanidad, nuestro planeta y el patrimonio mundial de nuestra especie, mientras goza de libertades personales, morales y existenciales cada vez mayores”. Los educadores nórdicos trabajaron arduamente para cultivar el sentido de conexión con la nación de cada estudiante. Antes del siglo XIX, la mayoría de los europeos se identificaba en términos locales y no nacionales. Pero el programa nórdico instaló en los estudiantes un orgullo en, por ejemplo, la historia, el folclore y el patrimonio daneses.

“No es fácil que un hombre se afane en su adultez por lo que no luchó en su juventud”, escribió Christopher Arndt Bruun. La idea era generar en la mente del estudiante un sentimiento de círculos de pertenencia más extensos -de la familia a la nación- y una buena disposición para asumir las responsabilidades compartidas por todos.

Los educadores nórdicos también trabajaron duro para desarrollar la conciencia interna de los estudiantes; es decir, los ayudaron a ver las fuerzas que siempre se están desarrollando en el Ser: emociones, anhelos, heridas y deseos. Si pudieran ver esas fuerzas y cómo interactúan entre sí, desde el exterior, podrían ser sus amos y no sus esclavos.

Su intuición fue que, a medida que la gente crece, tiene la capacidad de pasar por fases del desarrollo, verse a sí misma y al mundo a través de lentes cada vez más complejos. Un niño pequeño puede obedecer ciegamente a una autoridad: mamá, papá o maestro. Luego internaliza y está de acuerdo con las normas del grupo. Después aprende a crear sus propias normas según sus propios valores. Al fin, aprende a verse como un nodo en una red de seres y por ende aprende la mutualidad y el pensamiento holístico.

El propósito del bildung es ayudar a la gente a moverse a través de las transiciones incómodas entre cada manera de ver. Este impulso educativo parece tener una influencia perdurable en la cultura. Ya sea en Estocolmo o en Mineápolis, los escandinavos tienen una tendencia a bromear sobre cómo su sentido de responsabilidad no los deja en paz. Tienen los índices más bajos de corrupción en el mundo. Tienen un sentido diferenciador de la relación entre la libertad personal y la responsabilidad comunitaria.

La alta confianza social no ocurre por que sí. Surge cuando la gente es espontáneamente responsable de los demás en las interacciones cotidianas de la vida, cuando las instituciones de la sociedad funcionan bien.

En Estados Unidos, la confianza social ha estado en decadencia desde hace décadas. Si los niños privilegiados pueden ir a las mejores escuelas, no habrá mucha mutualidad social. Si esas escuelas no les infunden el amor por la nación, no habrá mucha responsabilidad compartida.

Si tenemos un sistema educativo magro que no ayuda a los estudiantes a ver las redes de importancia entre personas, ni siquiera ayuda a los estudiantes a ver cómo ven, terminarán en una sociedad en la cual la gente no puede ver desde la perspectiva del otro.

Cuando vemos el modelo nórdico del bildung, nos damos cuenta de que nuestro problema no es que no damos a la gente las capacidades laborales correctas. Es que no tenemos el modelo de desarrollo adecuado para toda la vida a fin de infundir el modelo de conciencia que la gente necesita para prosperar en una sociedad pluralista compleja.

*David Brooks Escribe en el New York Times y la PBS NewsHour. Fue editorialista del Washington Times, y del The Wall Street Journal. Es el creador de The Vincent van Gogh Gallery, un catálogo razonado online de todas las obras de Van Gogh.