BIDEN: LA IMAGEN ROTA

0
84

 

Ashley Parker, Tyler Pager y Sean Sullivan.*        Al presidente Biden y su equipo, la segunda semana de agosto sería de vacaciones. Pero Afganistán estalló. Los informes de Kabul eran desgarradores: imágenes de afganos desesperados trepados a las alas de los aviones militares de Estados Unidos que abandonaban el país, y días después, un atentado suicida frente a la valla del aeropuerto, donde murieron 13 soldados norteamericanos.

En su discurso del 16 de agosto, Biden defendió la decisión de retirarse de Afganistán pero reconoció que la recuperación del país por parte de los talibanes “ocurrió mucho más rápido de los previsto”. En público, los funcionarios y sus aliados argumentaron que no había manera de salir bien de una guerra que estaba perdida desde hace años, y en privado decían que en pocas semanas los norteamericanos se olvidarían de esa caótica retirada.

Durante la campaña electoral, Biden se presentó como un antídoto contra su predecesor, con la promesa de un “liderazgo fuerte, constante y estable”, según sus propios avisos de campaña, tras el caótico mandato del presidente Trump. Pero el zafarrancho de la retirada de Afganistán fue un anuncio temprano de la catarata de crisis que dejó muy magullada la imagen de Biden como gran restaurador del orden y la tranquilidad.

Biden acaba de cumplir su primer año en la presidencia con varios frentes abiertos: el Partido Demócrata está en ebullición interna, la aprobación de leyes en el Congreso se paralizó, hay problemas en las cadenas de suministros, la inflación preocupa, las fricciones con Rusia (Ucrania) crecen y la variante ómicron hace estragos. Consecuencia: su índice promedio de aprobación apenas araña el 40%.

Los colaboradores y partidarios de Biden dicen que asumió el cargo en medio de calamidades sin precedentes, desde una pandemia histórica hasta una economía en problemas, y señalan que a pesar de una escueta mayoría en el Congreso, en su primer año pudo aprobar dos leyes importantísimas: el plan de estímulo económico para rescatar al país de la pandemia y un gigantesco paquete de inversión pública en infraestructura.

Pero su gobierno también ha subestimado repetidamente la magnitud de los problemas que enfrenta el país –como su imprevisión ante las variantes delta y ómicron del coronavirus–, y no ha consigue unir a los halcones de izquierda con el ala más moderada del Partido Demócrata. El presidente y su equipo tampoco transmiten un mensaje claro y tranquilizador que convenza a los norteamericanos que el gobierno entiende sus preocupaciones pero sabe que vendrán días mejores.

“La gente está comprensiblemente ansiosa por la duración de la pandemia y las constantes alteraciones a la vida cotidiana”, dice el legislador demócrata por Nueva Jersey, Tom Malinowski. “Y cuando la gente está mal, siempre responsabiliza al Presidente”. Por su parte, la legisladora Dina Titus, demócrata por Nevada, dice que “si tuviera que ponerles una nota –y fui profesora de ciencias políticas durante muchos años– les pondría un ‘incompleto’”.

Los números de Biden en las encuestas ya venían en picada pero se terminaron de hundir a partir de junio. A principios de septiembre, y por primera vez desde su asunción, los insatisfechos con la gestión de Biden ya eran más que los contentos con su desempeño, según un promedio de las encuestas de The Washington Post.

Las encuestas del Post y ABC desde finales de junio hasta principios de septiembre caen 10 puntos en la aprobación del manejo de la pandemia por parte de Biden. El sondeo de septiembre muestra que el 60% desaprobaba su manejo de la situación en Afganistán, y en noviembre, los guarismos generales de Biden bajaron aún más, en medio de un creciente descontento con su manejo de la economía y el coronavirus.

Las malas cifras de las encuestas de agosto, “son producto de una sumatoria de cosas, como la salida de Afganistán y el resurgimiento del virus, cuando apenas seis semanas antes le habían dicho a la gente que la pandemia había quedado atrás”, dice David Axelrod, ex asesor de Barack Obama. “Justo cuando la gente esperaba orden, se generó una sensación de caos”. El gobierno, agrega Axelrod, tiene verdaderos logros para exhibir “pero muchos siguen intranquilos”.

La evaluación de los republicanos es lapidaria. Ronna McDaniel, presidenta del Comité Nacional Republicano, dice que “durante mucho tiempo, la gente le dio a Biden el beneficio de la duda, porque lo veían como un buen tipo que trataba de hacer lo mejor que podía”. En Afganistán “Biden recibió su primer golpe fuerte”.

“Fue en ese momento que a Biden se lo vio cruel, insensible, inepto y fracasado en un momento clave donde hacía falta liderazgo”, dispara McDaniel. “Después vino el desgaste del Covid y de la inflación y todo lo demás. Ahora, la mayoría de los norteamericanos están decepcionados, porque no consiguen ni un kit de testeo para el virus ni ninguna de esas cosas que el gobierno debería estar preparado para garantizar”.

Viejo, incoherente, haragán, dormido: esos son los calificativos que primero le vinieron a la mente a 10 mujeres norteamericanas sin afiliación partidaria y habitantes suburbanas que se reunieron hace unos meses para un focus group virtual organizado por la encuestadora demócrata Celinda Lake.

Cuando se les pidió explayarse, las mujeres dijeron que Biden al menos “parecía intentarlo”, pero que muchas veces se embarulla y pierde el hilo de lo que está diciendo. Una de ellas dijo que Biden es “tibio” en la defensa de su propio partido y que al presidente lo veía más como “actor de reparto” que como protagonista.

“No me transmite una sensación de fortaleza”, dijo. “Transmite debilidad”. Otra de las mujeres hasta le dio un consejo: “Si necesita una siesta, que se la tome, porque nosotros lo necesitamos bien alerta”.

En un intento por disipar esas críticas, según un alto funcionario de la Casa Blanca, el gobierno modifica su estrategia comunicacional para que Biden hable directamente a los norteamericanos que la pasan mal: según sus colaboradores, en esas apariciones públicas Biden alcanza a relucir su capacidad de empatizar con la gente.

Su equipo trabaja en el discurso sobre el Estado de la Unión que Biden dará en marzo frente al Congreso. Considera la perfecta ocasión para relanzar su agenda de gobierno y tomar impulso para las elecciones de mitad de mandato.

La directora de comunicaciones de Casa Blanca, Kate Bedingfield, estima que el tono de Biden está cambiando. En dos discursos de alto perfil de este mes –uno por el primer aniversario de la toma del Capitolio del 6 de enero y el otro para impulsar la legislación sobre el derecho al voto–, adoptó un tono más tajante y confrontativo, con desafíos directos a Trump y al Partido Republicano.

Funcionarios de gobierno sostienen desde que si logran controlar el coronavirus, la vida mejorará drásticamente, así como sus propias perspectivas políticas. Hasta ahora estuvo plagada de obstáculos, a pesar de “la liberación de los barbijos”.

Los funcionarios argumentan que Biden heredó de su predecesor un desastre mayúsculo. Le corresponde crédito por éxitos varios s, desde lograr vacunar con al menos una dosis a casi el 75% de los estadounidenses y reabrir la mayoría de las escuelas, hasta aprobar un plan de rescate de 1,9 billones de dólares y un proyecto de ley de infraestructura consensuado con los republicanos.

“Es importante hacer un balance del punto al que hemos llegado”, dice Jen O’Malley Dillon, vicejefa de gabinete de la Casa Blanca. “No es momento de frenar la pelota, porque hay mucho trabajo por delante. Pero también hay mucho por decir sobre todo lo que hizo este gobierno durante el último año, y el énfasis del presidente en el control del Covid, el crecimiento de la economía y la aprobación de leyes que mejorarán de manera directa la vida de los norteamericanos”.

Defensores y detractores por igual reconocen que el gobierno de Biden está a merced de una pandemia sin precedentes.

“Como Biden llegó para ayudarnos a superar la pandemia, cuando los números del covid mejoraban sus números de aprobación crecían, y cuando el covid nos empezó a ganar, los números de Biden bajaron, así que ahí estamos ahora”, dice Simon Rosenberg, un estratega demócrata. “Biden tiene que convertirse en el general que nos ayudó a superar la batalla contra el Covid y unir al pueblo estadounidense, y creo que todavía está a tiempo de hacerlo, pero la variante ómicron le complicó mucho el panorama”.

 

Ashley Parker* periodista estadounidense, reportera de la Casa Blanca para The Washington Post.. De 2011 a 2017 cumplió la misma función para The New York Times.

Tyler Pager* Licenciatura en Periodismo; Universidad de Oxford, Maestría en Política Social Comparada.  Reportero de la Casa Blanca en The Washington Post. Se unió al periódico en 2021 después de cubrir la Casa Blanca en en Bloomberg News.

Sean Sullivan* cubre la Casa Blanca para The Washington Post en 2012. Ha cuberto las elecciones presidenciales, el Congreso y la política nacional. Ttambién es colaborador al aire de CBSN.