BAILA EL MONO.

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A los museos les ha dado por vender parte de sus obras, sea por necesidad, sea para comprar otras.

Quienes frecuentan esas salas consideran con razón que de algún modo esas obras le pertenecen. No es así: son quienes manejan los dinerillos. Sean propietarios, mecenas o burócratas. Las billeteras mandan.

Esta semana Sotheby´s de Nueva York puso en venta dos Dubuffet y –nada menos- una obra de Claude Monet perteneciente al Museo de Brooklyn.

Los museos de Palm Springs y Baltimore son también vendedores y por decenas de millones de dólares. Moma de Nueva York cobró unos doce millones de dólares por otro Monet y Baltimore ofrece un Andy Warhol por unos 40$. En un arranque de codicia dineraria Sotheby´s pide 15 millones por tres Alfa Romeo de los 50 y también un florero de Van Gogh y un Giorgio De Chirico de 1913 por 10 millones. Son museos o mercados. La verdad es que hay dificultad para mantener y cierto deseo de cambiar por otra obra más atractiva.

El museo de Brooklyn insiste en liquidar un nuevo conjunto de cuadros de Monet, Degas, Matisse y Miró a fin de mes esta vez en Sotheby’s. Pretende 40 millones para renovar las finanzas del museo.

Es su estrategia de venta de cuadros para salvarse ya tiene que lamentar la pérdida de una Lucrecia, de Lucas Cranach el Viejo. (Aunque los cinco millones que obtuvo son un consuelo.)

Los responsables de estas ventas, se justifican por gastos provocados por la pandemia. La venta de fondos propios es una medida drástica y polémica para suturar heridas presupuestarias.

El Museo de Brooklyn fue uno de los primeros en beneficiarse de las nuevas regulaciones de la Asociación de Directores de Museos de Arte (AAMD en sus siglas en inglés), que desde abril de 2020 y hasta abril de 2022 no penaliza la venta de obras si son para «el cuidado de sus colecciones».

Sin faltarle el respeto a nadie, el cándido visitante de estas casas de  arte podrá pensar sencillamente: “por la plata baila el mono.”