AUMENTA EL TEMOR

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David Sanger, Steven Erlaner.* Durante nueve semanas,  Joe Biden y los aliados occidentales señalaron la necesidad de mantener la guerra por Ucrania dentro de Ucrania.

Washington y las capitales europeas temen que el conflicto se extienda a los estados vecinos, al ciberespacio y a los países de la OTAN que repentinamente enfrentan un corte de gas ruso. Otros factores corren el riesgo de ampliar el conflicto. Suecia y Finlandia buscan ingresar a la OTAN. A largo plazo, tal expansión puede convertirse en un conflicto más directo entre Washington y Moscú .

En los últimos días, el jefe del Pentágono se esfuerza para debilitar la capacidad del ejército ruso que le impida invadir otro país en los años venideros.

Con mayor frecuencia, los rusos  recuerdan al mundo el tamaño y el poder de su arsenal nuclear. Es una advertencia poco sutil: si las fuerzas de Vladimir Putin enfrentan pérdidas más humillantes, hay otras opciones. Funcionarios estadounidenses y europeos no ven evidencia que los rusos estén movilizando sus fuerzas nucleares. Aun así analizan reacciones ante una prueba atómica rusa, o una explosión de demostración.

“Nadie quiere que esta guerra se intensifique más de lo que ya lo ha hecho”, dijo John Kirby, vocero del Pentágono, “Ciertamente nadie quiere ver, o nadie debería querer ver, escalar al ámbito nuclear”. Funcionarios estadounidenses y europeos dicen que sus temores se basan en la convicción de que el conflicto podría “continuar por algún tiempo”, así lo considera el canciller Antony J. Blinken.

Las conversaciones sobre una resolución diplomática o incluso un alto el fuego, procurado por Francia, Israel y Turquía se han extinguido. Las fuerzas ucranianas y las rusas se atrincheran a largo plazo una guerra de artillería en el sur y el este del país, donde Rusia centra sus fuerzas tras una humillante retirada de Kiev.

“Putin no está dispuesto a dar marcha atrás, ni tampoco los ucranianos, por lo que habrá más sangre por venir”, dijo Robin Niblett, director de Chatham House, un grupo de expertos británico. Al mismo tiempo, la determinación estadounidense y europea de ayudar a Ucrania se intensifica después que se hicieron evidentes las atrocidades en Bucha y otras ciudades ocupadas por los rusos, e incluso Alemania superó sus objeciones iniciales y envió artillería y vehículos blindados.

Seth Jones, quien dirige el Programa de Seguridad Europea en el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales en Washington, analizó que “el riesgo de una guerra mayor es grave en este momento. Las bajas rusas siguen aumentando y Estados Unidos. se comprometió a enviar armas más poderosas que causan esas bajas”. Tarde o temprano, agregó, la inteligencia militar de Rusia podría apuntar a esos envíos de armas en las fronteras de la OTAN.

No todas las líneas de comunicación entre Washington y Moscú se derrumbaron. Un ejemplo: Estados Unidos y Rusia anunciaron un intercambio de prisioneros el miércoles por la mañana. El intercambio se llevó a cabo en secreto en Turquía entre ex infante de marina cambiado por un piloto ruso. Pero incluso eso tenía un aire de regreso a la Guerra Fría, destacando cuánto del conflicto actual es también una lucha de poder entre Washington y Moscú.

El momento reforzó el argumento que Stephen Kotkin, profesor de la Universidad de Princeton y miembro sénior de la Institución Hoover en Stanford, hizo hace poco en Foreign Affairs, al escribir que “el final de la Guerra Fría original fue un espejismo”, como el esfuerzo por integrar a Rusia en Occidente se derrumbó lentamente.

El propio Biden respalda la teoría que Putin tiene planes que van más allá de Ucrania. La invasión –ha dicho- fue “siempre sobre una agresión desnuda, sobre el deseo de Putin de tener un imperio por cualquier medio necesario”

La guerra se mantuvo en gran medida dentro de los límites geográficos de Ucrania. EE.UU. y sus aliados dijeron que su objetivo era lograr que Rusia retirara sus fuerzas “irreversiblemente”, y respetar las fronteras de Ucrania tal como existían antes de la invasión. Biden se negó a imponer una zona de exclusión aérea que enfrentaría a los pilotos estadounidenses y rusos. Putin denunció la entrada de armas occidentales para ayudar al ejército ucraniano, pero nunca ha atacado esas líneas de suministro dentro del territorio de la OTAN.

Ahora, hay señales de que ese equilibro se fractura.

Cuando Gazprom, el gigante energético ruso, cortó el flujo a Polonia y Bulgaria, fue una señal de advertencia de que Alemania, que depende enormemente del gas ruso, podría ser la próxima. Rusia estaba utilizando su arma económica más potente. En Washington entendieron que se buscó fragmentar a los aliados de la OTAN .

Coincidentemente o no, la medida de Putin se produjo justo después que el jefe del Pentágono Lloyd Austin III, fuera más allá de la declaración reiterada del gobierno de  asegurarse que Rusia saliera estratégicamente debilitada de su experiencia en Ucrania. “Queremos ver a Rusia debilitada hasta el punto de que no pueda hacer el tipo de cosas que hizo al invadir Ucrania”, dijo Austin. Una sugerencia que Estados Unidos pretendía erosionar el poder militar ruso durante años -presumiblemente mientras Putin gobierne-. Los controles de exportación que Estados Unidos impuso sobre los componentes micro electrónicos clave que Rusia necesita para producir misiles y tanques, apuntan a eso.

Algunos europeos se preguntan si los objetivos de guerra de Washington se ampliaron hasta ayudar a Ucrania a dañar a la propia Rusia, objetivo controvertido que alimentaría la narrativa rusa que las acciones de Moscú en Ucrania son para defenderse de la OTAN.

Algunos funcionarios de la administración insisten en que los comentarios de Austin fueron sobre interpretados y que no sugerían el objetivo estratégico de socavar el poder ruso. Pero en Europa se pensó que la declaración indicaba una larga guerra de desgaste con muchos frentes.

“¿Nos dirigimos a una guerra más amplia o es solo un error de Austin?” preguntó François Heisbourg, analista de defensa francés.

Existe un consenso cada vez mayor sobre el suministro de obuses a Ucrania y sistemas de armas más complejos, y ahora todo el mundo lo está haciendo”, señaló Heisbourg.“Pero otra cosa es cambiar el objetivo de la guerra de Ucrania a Rusia.”

El proceso Suecia y Finlandia hacia la OTAN llevarÍa meses pues cada país de la OTAN debe ratificar la medida. Rusia podría amenazar a ambos países antes de que sean aceptados y estén cubiertos. Pero cada vez hay menos dudas de que Suecia y Finlandia se convertirán en los miembros 31 y 32 de la alianza, a lo que Putin se opuso durante las últimas dos décadas.

“Debilitar la capacidad militar de Rusia “es algo bueno”, dijo Heisbourg, “pero es un medio para un fin, no un fin en sí mismo”.

*David Sanger, por 30 años corresponsal del New York Times. Earl Erlaner, corresponsal diplomático del mismo diario.