ARTE: DAMIAN HIRST.

0
83

 

La gran pintura –al igual que las artes plásticas- provoca dos lecturas: la emoción inmediata ante su belleza –trazo, color, composición, belleza, diseño, originalidad- y su lenguaje invisible. O sea lo que el autor nos quiere decir en su lenguaje sin palabras. Ese secreto encierra un don profético. Los grandes artistas olfatean o intuyen lo que vendrá.

Damien Hirst, recubrió una calavera de brillantes (Por el amor de Dios),  esculpe animales extinguidos o en riesgo, el dinosaurio, el tiburón…Y se hace conocer por sus confidencias desde una vieja chaise long de cuero que encabeza estas líneas.

Goza de su ironía: retrata el aspecto macabro del exceso de riqueza y los comercializa a coleccionistas petroleros de Medio Oriente. En los últimos años, Hirst su devoción ecológica lo llevó a grandes óleos de cerezos en flor con manchas circulares que citan el impresionismo.

“Confieso que no tengo muy claro en qué consiste el valor del arte hoy. Mi cotización depende demasiado de que a un par de millonarios les guste mucho lo que hago. … Y es muy difícil jugar a ese juego, haciendo obra para un público que todavía no nació y no sabes en qué dirección irá el arte. ¿Cómo saber qué será lo más relevante dentro de un siglo, si un hot-dog o la imagen de gente paseando por la calle? Es muy difícil dar con lo universal en el mundo de hoy.

No importa lo que hagas, hay que amarlo. Un cuadro grande te lleva a una mayor creencia en lo que haces.  Y así infectar a los demás con esa idea. Nunca finjas saber…el espectador lo descubrirá.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here