ARGENTINA Y LA DEUDA EMERGENTE

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Colby Smith-Robin Wigglesworth-. Las Islas Maldivas y sus arrecifes de corales eran un imán para turistas. Hoy los resort se destinan a sitios para recibir pacientes de Covid 19.Se devastó su economía cayó en default soberano.

Zambia, Ecuador y Ruanda anunciaron en las últimas semanas que tienen problemas para pagar deudas. El Líbano inició su proceso de reestructuración, mientras que Argentina libraba una batalla contra sus acreedores antes que el virus la acerque hacia su noveno impago soberano. Los inversores creen que muchos otros países en desarrollo no se quedan muy lejos. Hace años que se gesta otra gran crisis de deuda de mercados emergentes. Al demandar los inversores mayores retornos, los países “fronterizos” menos desarrollados y más vulnerables pudieron en la última década aprovechar los mercados de bonos como nunca. El peso de su duda creció de menos de u$s 1 billón de 2005 a u$s3,2 billones, según el Instituto de Finanzas Internacionales. Los mercados emergentes en su conjunto deben un total de u$s 71 billones.

“El desafío es enorme”, dice Ramin Toloui, ex secretario adjunto de finanzas internacionales del Tesoro de Estados Unidos. “El retiro de dinero de fondos de mercados emergentes es mayor y más repentino que en 2008, el shock económico es enorme y el camino hacia la recuperación es más incierto ahora que después de la última crisis”.

El G-20 aceptó suspender temporalmente el cobro de préstamos bilaterales por u$s 20.000 millones a 76 países pobres.

Las próximas crisis de deuda quizás serán aún más complicadas de resolver. Más que los bancos y los gobiernos que eran los principales acreedores de la gigantesca crisis de deuda que sacudió al mundo en desarrollo en los´80 y ´90, los acreedores son multitud de fondos de bonos. Y más difíciles de coordinar en acuerdos de restauración.

Aunque la necesidad de alivio financiero es evidente en muchos casos, hay indicios de que algunos grupos de inversores podrían romper con la costumbre de aceptar a regañadientes compromisos financieramente malos para lograr una reestructuración y, en cambio, pelear por un acuerdo mejor.

 

“Estos fondos no están preparados para lidiar con reestructuraciones de deuda prolongadas. No les gusta arriesgar su reputación por una campaña agresiva contra un país con profundos problemas económicos y sociales”, dice el abogado Lee Buchheit.  “Ante algunos acreedores se resisten a pagar, ciertos inversores institucionales reconsideran las virtudes de la pasividad”.

Otrora esa actitud activa fue calificada de “fondos buitres”:  inversores que buscan aprovechar las crisis de deuda pública mediante la obstinación y las amenazas legales. La estrategia se basa en actuar como un holdout. En las reestructuraciones de deuda soberana se canjean los viejos bonos de un país por otros nuevos, a menudo de menor valor, tasa de interés más baja o plazos más largos. Los holdouts se niegan a participar, y en su lugar amenazan con demandar por el monto total. Mientras el número de holdouts sea mínimo, los países en general optan por pagarles para no embarcarse en una batalla judicial potencialmente larga.

En 2016 Jay Newman de Elliott Management grabó su nombre en los anales de los grandes botines obtenidos por hedge funds al sacarle u$s 2400 millones a la Argentina tras un juicio de una década.

Aunque sigue siendo desmoralizante, el éxito de Elliott podría inspirar a más imitadores y complicar la inminente avalancha de crisis de deuda emergente, temen algunos expertos.

Además, hay señales de que los grupos de inversión tradicionales también se están endureciendo, lo que podría convertirse un proceso difícil en una pesadilla más prolongada tanto para los acreedores como para los deudores.

Muchos fondos de inversión acumularon bonos de mercados emergentes en los últimos años, la posibilidad de fuertes pérdidas podría ser desastrosa para algunos fondos con alta exposición. “Antes, los holdouts eran el principal problema, pero ahora podrían ser los fondos tradicionales”, afirmó un abogado que trabaja con acreedores.

Hasta ahora sólo hay pocos ejemplos de grandes fondos de inversión que hayan adoptado una postura más dura, pero son notables por el éxito que han tenido. El primero fue Franklin Templeton, que logró lo que algunos analistas consideran condiciones sorprendentes favorables en la reestructuración de la deuda de Ucrania en 2015.

Este año, Fidelity jugó duro con Buenos Aires, poniendo en evidencia a la Provincia de Buenos Aires cuando ésta dijo que no podía pagar u$s 250 millones que vencían en enero. Buenos Aires terminó cancelando su totalidad.

Fidelity también forma parte de un grupo grande de acreedores que hicieron retroceder los planes de Argentina de reestructurar su deuda externa de u$s 65.000. el grupo incluye a algunos de los mayores inversores  institucionales del mundo, como BlackRiock y T Rowe Price. Fidelity afirmó en una declaración que sus políticas sobre restructuración soberanas no han cambiado.

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