AMÉRICA LATINA: LA INFLACION

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Nick Burns. El mes pasado, habitantes de Cusco, Perú, chocaron con turistas por la escalada de los precios y el aumento del costo de vida.

El 12 de mayo, decenas de miles de argentinos colmaron la Plaza de Mayo en reclamo de mejores salarios, ante una inflación crónica que en los últimos meses se ha disparado aún más. Y a principios de mayo, hasta los empleados del Banco Central de Brasil hicieron huelga, por la elevada inflación que se está comiendo sus salarios.

Toda América Latina –al igual que el resto del mundo– sufre los efectos del doble impacto de la pandemia y la guerra en Ucrania en el precio de la energía y las materias primas.

El hecho de que muchos países de la región sean productores de energía y exportadores de materias primas no alcanzó para evitar que las alzas de esos precios golpeen más a los latinoamericanos más pobres. En Brasil, uno de los mayores productores de alimentos del mundo, la canasta básica de alimentos medida en marzo aumentó más del 21% interanual.

Pero la inflación ya no parece ser exclusivamente un problema de oferta, sino algo intrínseco a la economía general en toda la región. Esto empuja a los bancos centrales a subir las tasas de interés, a riesgo de afectar el crecimiento.

Los observadores temen que las cuarentenas en China y la política de endurecimiento de la Reserva Federal de Estados Unidos empujen a la recesión a la economía global.

¿La suba de la tasa de interés puede perjudicar la inversión en los próximos meses? “El costo de la financiación es una variable importante, pero no la única”, dice Otaviano Canuto, investigador del Centro de Políticas para el Nuevo Sur. “Una inflación fuera de control también afectaría negativamente la percepción de riesgo por parte de los inversionistas. Y si no, pregúntale a la Argentina”.

La espiral de precios también se da en medio de un escenario político polarizado que juega un papel importante en las decisiones de los gobiernos de la región.

En los países donde es crónica, “lograr domar la inflación puede hacerte ganar una elección”, dice Andrés Malamud, investigador de la Universidad de Lisboa. “Pero tener inflación tampoco te hace perderla”.

Más que la inflación general, dice Malamud, lo que podría desencadenar el tipo de protestas generalizadas que se vieron en Chile en 2019 o en Brasil en 2013 sería un aumento de precios en áreas sensibles, como el transporte público. ¿Cómo están manejando la crisis las principales economías de la región?

México elige subsidiar

En México, la inflación anual general alcanzó en abril un 7,7%, el nivel más alto en más de dos décadas. El paquete antiinflacionario del presidente Andrés Manuel López Obrador incluyó el compromiso voluntario de las grandes empresas para aumentar la producción de alimentos y mantener sus precios estables hasta fin de año.

“Eso puede ayudar”, dice Renzo Merino, analista de Moody’s. “Pero probablemente no tenga un impacto tan grande como en el sector del combustible”.

México también subsidia el precio interno del combustible, un duro golpe para el fisco, aunque en gran medida compensado por los elevados precios de la energía. Según los cálculos de Merino, sin subsidios a los combustibles, la inflación general en México sería hasta un 2% más alta. Al mismo tiempo, el banco central ya subió ocho veces seguidas su tasa de interés de referencia, que el 12 de mayo alcanzó el 7% anual.

En Colombia podría empeorar

En abril, la inflación en Colombia se disparó al 9,2% interanual, el nivel más alto desde 2001, una sorpresa para muchos observadores, que esperaban un incremento más moderado. El Banco Central del país viene aumentando las tasas de interés a ritmo constante, y el 29 de abril alcanzó un 6%. Los precios de los alimentos experimentan aumentos especialmente abruptos, de un 20% interanual. Se espera que a partir de este mes se estabilicen por efecto de la suba de tasas, dice Merino.

Pero al igual que en México, la inflación general se contiene gracias a los esfuerzos del gobierno para controlar el aumento del precio de los combustibles. Esa política profundizó el déficit del fondo de subsidio de gas nacional a casi 9000 millones de dólares, un costo elevado y potencialmente insostenible. En el futuro, la respuesta del país a la inflación probablemente dependerá del resultado de las elecciones presidenciales.

Problemas en la Argentina

La Argentina es un caso aparte. La inflación ya rondaba el 50% anual en 2021, antes de las nuevas perturbaciones externas de este año. En abril, la inflación interanual alcanzó el 58% y parece que durante 2022 alcanzará al menos el 70%, dice Marina Dal Poggetto, directora ejecutiva de Eco Go Consultants. En la Argentina el transporte ya está fuertemente subsidiado, y en mayo el Banco Central aumentó las tasas de interés en dos puntos porcentuales hasta el 49%, pero sigue por debajo de la inflación.

No hay señales de que la inflación argentina vaya a aplacarse por más que cedan presiones externas. Gran parte de la población ya está acostumbrada a convivir con una inflación crónica. Los controles de precios y del tipo de cambio implementado por el gobierno no parecen ayudar a frenar la tendencia inflacionaria.

“Necesitamos un programa de choque, pero el gobierno decidió hacer otra cosa”, dice Dal Poggetto.

Chile y sus difíciles decisiones

En Chile, la inflación superior al 10% es uno de los factores de la caída de los índices de aprobación del flamante presidente Gabriel Boric. Cayeron al 35% a principios de mayo. En esa misma encuesta, el 86% de los chilenos dijo que la economía estaba estancada o empeorando.

El gobierno subió el salario mínimo –recién aprobado por el Congreso–, inyectó 40 millones de dólares en un fondo de subsidio al gas para aliviar el bolsillo de los ciudadanos. A principios de mayo, el Banco Central chileno subió la tasa de interés en 1,25 puntos porcentuales, hasta ubicarse en el 8,25% anual.

Riesgo en Brasil

En medio de una feroz campaña electoral, el Banco Central de Brasil fue subiendo la tasa de interés de referencia en casi 11 puntos porcentuales desde marzo de 2021, hasta ubicarla en 12,75% el 4 de mayo. En abril la inflación interanual alcanzó el 12,13%, impulsada por los costos de los alimentos y el transporte.

El presidente Jair Bolsonaro culpa a la compañía petrolera nacional Petrobras y removió y modificó dos veces el directorio de la empresa. A pesar de ser el mayor accionista de Petrobras, el Estado brasileño tiene menos control sobre los precios de los combustibles que los gobiernos de México o Colombia.

Un legado de la hiperinflación pasada del país es que muchos contratos en toda la economía –desde los alquileres hasta las pólizas de seguros–, tienen ajustes de inflación incorporados, lo que implica que la inflación puede ser mucho más difícil de reducir. “Cuanto más alta sea la inflación de este año, más inflación inercial tendremos en 2023”, dice Adriana Dupita, economista de Bloomberg Economics.

Medidas sin efecto en Perú

El Banco Central de Perú eleva correctamente las tasas de interés de referencia, hasta un 5% en mayo, pero muy por debajo de la inflación, que en abril ya estaba en un 8%. Para aliviar el bolsillo de los peruanos, el gobierno de Pedro Castillo bajó los impuestos sobre alimentos y combustibles y a principios de abril aumentó el salario mínimo en un 10%.

Pero según Hugo Ñopo, investigador del Grupo de Análisis del Desarrollo, en una economía como la peruana, donde reina la informalidad, esas herramientas tienen efectos muy limitados.

“Esa reducción de impuestos no llega a los mostradores ni a los precios finales, que siguen subiendo”, dice Ñopo. La informalidad limita las posibilidades de financiamiento, y por lo tanto el efecto potencialmente benéfico del aumento de tasas. Con pocas herramientas disponibles entre los tecnócratas, un gobierno débil como el de Castillo, y el descontento popular que ya existía antes de esta crisis, lo más probable es que en los próximos meses la situación en Perú siga siendo muy volátil.

*El autor es editor del Americas Quarterly.