AL GALOPE

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Caballos, caballos, caballos. Son una pasión argentina. Lo ha sido desde siempre, desde los tiempos coloniales que tan bien describieron los viajeros ingleses Robertson o Darwin. Caballos al galope por los campos argentinos, caballos criollos para recorrer y arrear al ganado; deslumbrantes pura sangre en carreras legendarias…

El país tuvo a sus Padres de la Patria guerreando a caballo por la libertad, a los caudillos rijosos, a los granaderos en sus gateados, a gente elegante practicando el elegante trote inglés…

Algo sabe de la fascinación de esos bellos, dóciles y sensibles animales Vivianne Duchini, casada desde unos 30 años con un jinete profesional y campeón de salto, con quien tuvo dos hijos ya grandes.

Su obra no solo custodia al hotel Four Season y otras calles de Buenos Aires. En 2019, una de sus esculturas equinas decora una plaza de Budapest, Hungría, montada por un prócer magiar -Janos Czetz-. Ahora instalará una reciente obra en la próxima Bienal de Venecia.

Es una escultura en bronce de 2,50 metros de largo, 2,30 de alto y 75 de ancho, de 400 kilos. La hizo entre Roma y un taller de Florencia.  Son do caballos en un abrazo juguetón que les es propio.

“Durante la pandemia sentimos la necesidad de abrazarnos, de tocarnos, de estar juntos. Y los caballos sueltos suelen juntarse con sus cabezas y rascarse el lomo. Es la necesidad de tocarse, de estar juntos…” dice la autora.

La escultura se llama ‘Tocante’”. No es en vano que la haya soñado en los tiempos devastadores de la pandemia.