AL FILO DE UNA RECESION

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 Chis Giles*  Las economías felices son todas iguales, pero que cada economía infeliz es infeliz a su manera.

Las perspectivas de crecimiento de China están afectadas por los estrictos cierres por Covid-19 en su intento de sofocar el brote de Ómicron; la Reserva Federal de Estados Unidos corre el riesgo de convertir el boom estadounidense en una quiebra; los hogares europeos sufren crisis del costo de vida…La situación es peor en muchos de los mercados emergentes más pobres, donde se avecinan crisis alimentarias e incluso hambrunas.

Cada uno de estos cuatro problemas – diferentes, imponentes- acecha a la economía mundial mientras en tanto se recupera de la pandemia. No es de extrañar que el ambiente se oscurezca: «Hay otro temor de recesión mundial. Esta vez creemos que es real», afirma Robin Brooks, economista jefe del Instituto de Finanzas Internacionales.

La confluencia de estos shocks sugiere que la economía mundial está en problemas. Los mercados financieros se han asustado. El índice mundial de renta variable MSCI cayó más del 5% en mayo y más del 18% desde el máximo alcanzado a principios de enero. Además de la tórrida época de las acciones, se produjo una venta masiva [sell-off] de bonos, bonos protegidos contra la inflación, metales industriales, oro y criptomonedas.

Definir una recesión mundial no es tarea fácil. Algunos economistas definen una «recesión técnica» como dos trimestres consecutivos de contracción del producto bruto interno. El Financial Times prefiere una definición más flexible, al igual que Estados Unidos, donde se define una recesión como «un descenso significativo de la actividad económica que se extiende por toda la economía y que dura más de unos pocos meses».

A escala mundial las definiciones son difíciles. El FMI y el Banco Mundial caracterizan una recesión mundial como un año en el que el ciudadano medio del mundo experimenta una caída de sus ingresos reales. Destacan 1975, 1982, 1991, 2009 y 2020 como las fechas de las cinco recesiones mundiales anteriores.

Las previsiones oficiales de crecimiento mundial para 2022 parecen alejadas de esta definición -en abril el FMI esperaba un crecimiento anual del 3,6% para este año-. Esta cifra se refiere tanto a la recuperación del segundo semestre de 2021 como a expectativas para 2022. Cuando el Fondo examina el crecimiento durante 2022, ya recortó su previsión del 4,5% en octubre del año pasado al 2,5% en abril.

Las noticias desde que se supo esta previsión son suficientemente malas como para rebajar la proyección de crecimiento a sólo un 0,5% durante 2022, menos que el aumento de población previsto. El creciente riesgo de recesión mundial está en la mente de los mercados, lo que tiene importantes repercusiones en la psicología de los inversores.

China es la gran economía que preocupa a la mayoría de los economistas. Representa el 19% de la producción mundial. Es tan grande que, cuando se contagia de Covid, el resto del mundo no ignora sus problemas, por su impacto en las cadenas de suministro mundiales y su demanda de bienes y servicios de otros países.

Las tensiones son graves. Los cierres se extienden por todo el país, los barcos se estacionan en los puertos chinos y los sectores manufactureros y minorista del país se contraen. Las ventas minoristas cayeron un 11% interanual en abril y la producción industrial descendió un 3%. Las ventas de viviendas en China cayeron más el mes pasado que a principios de 2020, cuando su economía retrocedió, a pesar de que el Banco Popular de China aflojó la política monetaria para fomentar el crédito y el gasto. El desempleo está aumentando.

Los datos económicos de China en abril fueron decepcionantes. Las perspectivas dependen fundamentalmente de la propagación del Covid: la caída del empleo y el debilitamiento de la confianza de las empresas y los hogares frenarán el gasto y serán un mal presagio para las perspectivas de crecimiento.

En Estados Unidos, la otra potencia económica mundial, la economía sufre el legado de la pandemia y un excesivo estímulo fiscal que calentó demasiado la economía y generado una elevada inflación, incluso con modestas subas del precio de la energía. Junto a un mercado laboral muy ajustado, la Fed está obligada a reconocer su error y entró en una fase de endurecimiento de la política monetaria para frenar el crecimiento y reducir la inflación.

Al presidente de la Fed, Jay Powell, No le preocupa que el desempleo aumente «unos cuantos puntos» desde el bajo nivel actual de 3,6%. Aspira a un aterrizaje suave de la economía, pero los mercados financieros piensan que eso podría ser difícil de lograr. Existe un riesgo mucho mayor de lo normal  que el discurso duro de funcionarios, economistas y participantes en el mercado sea una profecía autocumplida y genere desaceleración. Controlar la inflación sin una recesión y gran aumento del desempleo será un desafío».

Al otro lado del Atlántico, el problema de Europa, igualmente difícil, es diferente. La inflación se deriva del aumento de los precios de la energía, más que de un recalentamiento de la economía, y puede atribuirse directamente a la invasión rusa de Ucrania.

Por desgracia para la Unión Europea, comprender la causa de los males de Europa no disminuye sus consecuencias. Con una inflación del 7,4% en abril, los precios de la eurozona están subiendo más rápido que los ingresos de sus ciudadanos, lo que supone un golpe en el nivel de vida que limitará el gasto y la recuperación de la pandemia. Las previsiones de la Comisión Europea se redujeron hasta un estancamiento en el segundo trimestre de 2022.

Si la dificultad de Europa se ajusta a unos precios de la energía mucho más elevados, los países más pobres tienen la tarea más difícil de hacer frente a la rápida suba del precio de los alimentos, que suponen más del 30% del gasto en las economías emergentes.

Con los puertos del Mar Negro -que Ucrania utiliza para exportar cereales- cerrados, aumenta el temor a una crisis alimentaria a fines de este año.

Aunque tiene sus propias crisis políticas y económicas internas, Sri Lanka es un ejemplo de las graves opciones a las que se enfrentan los países más pobres del mundo cuando anunció por primea vez el default de su deuda externa. Esta decisión es necesaria para que sus  divisas importen combustible, alimentos y medicinas.

India intensificó los problemas de otras economías emergentes al incumplir su promesa de no prohibir la exportación de cereales. Los precios del trigo aumentaron más del 60% este año.

A medida que aumentan los riesgos de recesión, la mejor noticia para la economía mundial sería una retirada rusa de Ucrania y el fin de la estrategia de Covid cero en China. Eso no está en poder de los ministros y funcionarios. Tendrán que afinar su respuesta a las difíciles situaciones a las que se enfrentan. La expansión económica mundial está cerca de su punto máximo. Los políticos tendrán que determinar el grado de restricción necesario. Todavía tienen herramientas para dar marcha atrás si las cosas empeoran.