SON RUMORES

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Carlos Fara. Así cantaba el cantante chileno Antonio Prieto en la década del ´60 y se convirtió en una expresión con tono jocoso cada vez que acechan las especulaciones y los trascendidos en el mundo de la política y la economía (aunque también en la farándula, claro!). Lo cierto es que Argentina vive unas semanas a troche y moche que lo complican todo en un circuito de retroalimentación permanente: lo que pasa en la política genera incertidumbre en la economía, quien la devuelve con mayores interrogantes sobre la política.

 

Aunque creo que la gran mayoría de los lectores y lectoras leen esta columna con ánimo reflexivo y desapasionado (sin abandonar por ello sus respectivas pasiones), nunca está de más decir que no hacemos aquí observaciones ideológicas o éticas sobre las conductas de los actores y sus consecuencias. No lo hacemos por subestimar dichas consideraciones –muy loables por cierto- ni por una actitud cínica, sino porque el objetivo es ayudarlos a pensar, dejando que cada uno/a le pongo su propio condimento a gusto y placer. Por suerte, muy esporádicamente recibimos comentarios agresivos desde alguna parcialidad política.

 

Ese “desperdicio” de renglones nos sirve para apuntar que la serenidad y la cautela es el espíritu que pretende reinar en este espacio, sin tirar de la cuerda con pronósticos agoreros o ilusos per se. Para eso ya hay columnistas u opinólogos de todos los colores en los distintos medios. Este comentario se da en el marco de días de hastío y desesperanza, donde la opinión más frecuente es: “esto se va a la mierda”. No es para descartar, solo que muy habitualmente los seres humanos tenemos sesgos cognitivos (aunque el domingo pasado en La Nación, Sebastián Campanario nos advierte de ver sesgos en todo, https://www.lanacion.com.ar/economia/evitar-ruidos-molestos-el-lado-oscuro-de-las-decisiones-y-el-riesgo-del-sesgo-a-ver-sesgosc-nid2447732).

 

Uno de los sesgos más habituales es proyectar al futuro las impresiones sobre la tendencia actual. Por eso cuando vemos un combo complicado (por ejemplo, drenaje de divisas + recesión económica + Alberto parece que se radicaliza por influencia de Cristina + conflicto en la justicia + toma de tierras + crítica a la meritocracia + decisiones complicadas en política exterior + pico de pandemia), la expresión “esto se va a la mierda” crece exponencialmente y los rumores de un nuevo corralito y devaluación inminente ganan credibilidad. Esto es lo que está detectando el termómetro de las últimas dos semanas, post rebelión policial.

 

Demás está decir que siempre hay interesados en que los rumores negativos corran por especulación financiera o política. Eso no es muy relevante porque cualquiera que se dedique a este oficio tiene que saber que eso puede suceder. Igual que los rumores sin control son peligrosos en climas caldeados. Estas amenazas –que siempre existirán con cualquier gobierno en cualquier lugar del planeta- pierden probabilidad cuando el mando político principal reside en un solo lugar y está consolidado.

 

Por qué pierden probabilidad? Porque la proporción de temerarios se reduce notablemente y la aversión a la pérdida es más fuerte que la expectativa de ganancia (otro sesgo clásico). Por lo tanto, los principales actores esperan o se conforman. En cualquier caso las amenazas se diluyen. Cuando parece que políticamente la cosa está desordenada empieza el festival de los rumores y las conspiraciones. Pero Fara, ¿eso no está mal? It´s a fact, le gusta decir a los anglosajones. Si uno no quiere que un puente se rompa, tendrá que construirlo lo más sólido posible.

 

Los rumores y las expectativas negativas son muy sensibles a algunas señales para desvanecerse. El problema es cuando el mando no cree que haya un problema, o estime que está jugando la política correctamente. Eso además necesita que los demás lo vean igual que uno, porque las percepciones son centrales.

 

Para finalizar, Antonio Prieto también cantaba en aquel tema:

 

“Tus llantos deja ya,

sonríele a mi amor,

olvida esos rumores

y cree, cree en mí”.