SOBERANÍA…¿QUE QUE QUE?

0
103

 

Fernanda Sagess- Si bien las conversaciones sobre COVID-19, cantidad de casos, cantidad de testeos, testeos rápidos, y las tensiones entre los ejecutivos de las 3 jurisdicciones más importantes del país mantienen una tendencia alcista, lo cierto es que en los últimos días pareciera ser que hay un nuevo protagonista de la escena política que pretende disputar -por lo menos temporalmente- la marquesina a la pandemia.

Enarbolando la bandera de una supuesta emergencia y/o soberanía alimentaria el Gobierno Nacional ha puesto a la empresa agroexportadora Vicentin en el centro de la discusión política y jurídicas.

La pirámide jurídica de Kelsen y el -bien llamado, pero ya casi olvidado- sistema de pesos y contrapesos de Montesquieu comenzaron a tambalear cuando el Ejecutivo Nacional decidió, a través del Decreto de necesidad y urgencia N° 522 del 9 de junio, disponer la intervención transitoria por el plazo de 60 días de la empresa Vicentin S.A.I.C.

Y a partir de acá, una cantidad de preguntas…

¿Se habrá percatado el Sr. Presidente que la Ley N° 27.541 que declara a troche y moche emergencia económica, financiera, social, fiscal, administrativa, tarifaria, energética y sanitaria, no menciona ni en su considerando ni en su articulado la emergencia alimentaria, ni nada que se le parezca? En la facultad a uno le enseñan que cuando una norma no prevé un caso determinado es porque no estuvo en la intención del legislador contemplarlo; es decir, el legislador no se presume desmemoriado u olvidadizo, sino más bien todo lo contrario.

Por otra parte, ¿Cuál vendría a ser la necesidad y urgencia del Decreto N° 522/20 en el marco de una situación jurídica donde hay un proceso concursal abierto como lo dispone la Ley de Concursos y Quiebras? Será que la opinión jurídica de quienes asesoran al Ejecutivo Nacional ha olvidado que en el marco de un concurso existen una cantidad de reglas que prescriben cuál debe ser el comportamiento de las partes del proceso, acreedores y deudor, y que establece que es el juez del concurso quien debe disponer las medidas que pudieren corresponder. O quizá será que la pandemia los tiene tan acostumbrados a gobernar por decreto en el marco de una emergencia sanitaria que han olvidado releer el Artículo 99 Inciso 3 de la Constitución Nacional que reza: “…El Poder Ejecutivo no podrá en ningún caso bajo pena de nulidad absoluta e insanable, emitir disposiciones de carácter legislativo. Solamente cuando circunstancias excepcionales hicieran imposible seguir los trámites ordinarios previstos por esta Constitución para la sanción de las leyes…”

A su vez, tampoco termina de comprenderse – y entonces comienzan indefectiblemente las especulaciones- el hilo conductor de la idea de sostener la soberanía alimentaria a través de una sociedad que lo que hace es exportar granos, es decir, materia prima sin valor agregado.

Y como si fuera poco, el Ejecutivo sentenció que luego de la intervención vendría la expropiación; idea esta, que en la última semana tuvo sus idas y venidas, pero que pareciera que finalmente sigue en la gatera.

Ahora bien, más allá del discutible timing político que puede adjudicarse a anuncios de estas características en plena negociación con acreedores extranjeros, la pregunta que nos visita una vez más es ¿Por qué esa recurrente e irreflexiva tendencia a hacer las cosas mal, cuando existen los medios y están previstos los procedimientos para hacerlas bien?

¿Tan complejo era, con un mismo sentido y a los mismos fines presentarse ante el juez concursal a fin de manifestar los intereses del Estado Nacional -más precisamente el Banco Nación- solicitando las medidas del caso con el objetivo de proteger la posición pública?

Pareciera a veces, que algunos creen que demostrar poder político es hacer papel picado con las normas -entre ellas y principalmente la Constitución Nacional-, en lugar de administrar la cosa pública conforme a derecho. Claro, lo que sucede es que para muchos esto último sería casi una novedad, en un país con la madurez política de un recién nacido.

En fin, y sin el afán de caer en comentarios fáciles o lugares comunes que nos conduzcan a reminiscencias de algún hermano latinoamericano, se ha escuchado por ahí hablar de la alegría que al ver esto manifestaría el compañero Hugo C.