SE TERMINO LA CUARENTENA

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Carlos Fara. Señores lectores: no, no se pongan contentos, ni salgan a festejar. Las reuniones masivas, los espectáculos con público, las clases, los encuentros familiares, los viajes, etc. etc. siguen prohibidos por efecto de la pandemia. Solo que, consciente o inconscientemente, la mayoría de la sociedad dio por terminada la cuarentena. ¿Cómo es eso?

 

Si se observan los datos del índice de movilidad de Google –y muy bien analizados por el dirigente correntino Martín Barrionuevo, aficionado a estadísticas, https://www.msn.com/es-ar/news/argentina/cuarentena-la-movilidad-casi-se-triplic-c3-b3-y-est-c3-a1-entre-las-m-c3-a1s-altas-de-la-regi-c3-b3n/ar-BB17QiUO– Argentina se encuentra entre los de mayor movilidad laboral en una comparación de 19 países.

 

Eso tiene una explicación. Más allá del pico en AMBA y la extensión de la mancha viral en todo el país, lo cierto es que en la mayoría del territorio la actividad económica está relativamente normalizada, y eso lo detecta el incremento de recaudación real (no solo nominal) mes a mes en municipios y provincias. Esto no significa que la situación sea positiva: digamos que es menos negativa.

 

La extensión de la mancha viral por el territorio nacional está en su peor momento. Hacia finales de abril mencionamos en esta columna que solo el 11 % de los municipios del país registraban casos de COVID-19, pero tres meses y medio después el sitio Mercado y Empresas https://mercadoyempresas.com/web/aporte-tecnico.php?id=118 contabiliza que ese porcentaje asciende al 31 %. La mayoría sigue inmune, pero como siempre lo preocupante es la progresión. Sin embargo… la actividad económica también se expande en vez de detenerse.

 

¿Cuál es la cuestión? El punto de fastidio social con la pandemia y la cuarentena, atizado por la necesidad material concreta cotidiana. Cuando se produce el grado de ebullición, los seres humanos tienden a perderle miedo a las situaciones negativas y sus riesgos consecuentes. Era uno de los problemas que podían presentarse: que la gente de por terminada la cuarentena antes de lo que digan las autoridades.

 

El problema no solo sanitario sino que ahora es político. Cualquier tipo de coacción –desde la legítima hasta la ilegítima, desde la familiar hasta la estatal- funciona en el plano de lo concreto y de lo simbólico. Si alguien tiene miedo que lo agredan o lo metan preso, se limita lógicamente, lo mismo que si le advierten que lo multarán. Pero si los ciudadanos se cansan, o peor aún consideran ilegítima y/o innecesaria una directiva, tarde o temprano la van a desafiar. Eso de por sí no es algo positivo para la pandemia.

Pero lo peor es que el fastidio y el mal humor no se orienta solo hacia la directiva, sino también hacia quien la emitió, y aquí entran todas las autoridades, pero sobre todo el Presidente. Por eso es que Alberto está en el vórtice de la tormenta: la situación socio económica es harto complicada, la sanitaria en su momento más crítico, las cuestiones políticas lo desgastan innecesariamente, y trascartón empieza a cuestionarse la extensión y el formato de la cuarentena.

 

Esto le exigirá a AF mucha prudencia, debiendo moderarse al máximo, ya que cualquier actitud confrontativa no le reporta beneficios, ni internos ni externos. Si quiere salir de esta mega crisis con un balance positivo, lo mejor es reconectar con parte de la población que está migrando de la aprobación a la desaprobación (aunque ésta última sigue siendo menor a la anterior).

 

El acuerdo provisional con los bonistas bajo ley extranjera no le trajo mucho respiro. Apenas le duró 1 día porque luego la brecha cambiaria volvió a mantenerse. El consenso de especialistas dijo lo obvio: hay que ser prudentes porque todavía faltan detalles importantes y en la fila de espera está el FMI. Se generó más la sensación de “zafamos”, que de un gran triunfo. ¿Por qué? En parte por fallas sistemáticas en la estrategia comunicacional. Pero en parte también porque la película se estiró tanto que el resultado positivo perdió efecto (y sobre eso la comunicación no puede hacer milagros).

 

Alberto tiene problemas a rolete. Algunos innecesarios. Pero ni cuando hace un gol se lo festeja la tribuna.