QUE ES UN PUNTO DE INFLEXIÓN (Primera parte)

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Por: Carlos Fara. En la columna de la semana pasada –“La historia no tolera un vacío”- hacíamos alusión a que “dada la gravedad de lo que está sucediendo y lo que afecta al segundo a segundo de la vida de cada habitante del planeta, varios se están animando a decir que el mundo no va a volver a ser el mismo, que esto dejará una gran marca, que el capitalismo podría entrar en crisis, etc”. Como requiere pensar mucho y barajar varias hipótesis sobre si la crisis del coronavirus es o no disruptiva en la historia, vamos a avanzar en esta columna sobre esta cuestión apasionante.

En un estudio de enormes dimensiones que llevó a cabo entre 1984 y 2003, el autor del libro “Superpronosticadores”, Philip Tetlock, analizó las predicciones de 284 expertos en política para ver hasta qué punto se cumplían sus previsiones. El resultado fue que las grandes estrellas del análisis político que aparecían en los medios más importantes eran los que más fallaban: su fama no se debía a su capacidad para acertar. Esto es así, explica Tetlock, porque los comentaristas que consiguen más popularidad suelen ser los más taxativos, los más movidos por la ideología.

Entre las varias conclusiones del libro se destaca, por ejemplo, que nuestros cerebros prefieren siempre la certidumbre, y por lo tanto los juicios de quienes son tajantes y rechazan la ambivalencia y la complejidad. También, que raramente pasamos factura a quienes se equivocan en sus predicciones, porque estos siempre tienen recursos para escurrir el bulto y explicar, a posteriori, que si se equivocaron fue porque las condiciones cambiaron (pero en contemplar eso debería consistir hacer predicciones).

Y también, que cuanto más conocimientos específicos adquiere un experto y más reconocido es, más le cuesta cambiar de opinión y más tiende a encastillarse en sus equivocados juicios.

Por eso cuando por estas horas se leen las declaraciones de Martin Wolf, columnista económico jefe del Financial Times, diciendo que la pandemia actual puede ser " una catástrofe de la que acaso no nos recuperemos realmente por décadas", me atrevo a menear un poco mi cabeza. Siguiendo a Tetlock, en esta columna seremos ambivalentes y complejos para ayudar al lector/a a pensar, no a consumir títulos acríticamente. Para los que no me conocen, mi frase de cabecera: es un poco más complejo.

Partamos de una base: el 2020 ya será un annus horribilis desde todo punto de vista para los habitantes del planeta Tierra (sí, para esto no hace falta leerme a mí, ja).

Proyectar esto al largo plazo implica dos sesgos cognitivos: 1) el impacto del corto plazo (si no puedo pagar mañana mi crédito con el banco, no puedo creer que el año que viene podría estar de vacaciones en las Bahamas), y 2) la tentación a las proyecciones lineales automáticas (si las cosas vienen mal, seguirán mucho peor).

Segunda cuestión: ¿es la pandemia un punto de inflexión? Definamos qué es “un punto de inflexión”: un momento / hito a partir del cual la tendencia previa se modifica irreversiblemente. Pues: nadie lo sabe, lo cual es muy sano reconocerlo.

Veamos dos escenarios:

  1. a) el coronovirus llegó para quedarse y cada dos por tres tenderemos algún episodio de este tipo que cambiará nuestra vida cotidiana de por vida (esto tiene sentido siempre y cuando no se encuentre la cura sencilla y accesible en un plazo prudencial a las gripes que nos atacan, porque si se la halla la predicción pierde sentido), y
  2. b) la pandemia desaparece con el pasar de los meses (cual final de “La Guerra de los Mundos” en donde las bacterias derrotan a los marcianos), las poblaciones viven esto como el final de la Segunda Guerra Mundial, e insuflados de optimismo salen a consumir de manera desenfrenada y todo el mundo brindará alegremente en año nuevo, pidiendo que la pandemia no vuelva a pasar.

Claro que en el medio hay muchos matices. Pero observen que muy pocos “expertos” son optimistas sobre las consecuencias de la pandemia, empezando por citado Wolf.

Sin embargo, sí sabemos que las predicciones acertadas no superan las que podrían derivar del azar. De modo que lo primordial es ver todo con más detenimiento.

Volviendo al punto sobre si es un punto de inflexión, eso se dará si se cumple o no la hipótesis a. Pero tratemos de profundizar más: ¿qué cosas han sido un punto de inflexión en la historia? Eso depende del punto de vista que se tome: ¿el de una persona o de la humanidad? Para una persona de unos 20 años que vivía tranquilamente en Polonia antes del 1 de septiembre de 1939, la vida le cambió para siempre, ya que primero llegaron los nazis y luego los soviéticos. Pues desde 1939 hasta 1989 –nada menos que 50 años- no tuvo posibilidad de expresarse y moverse libremente. Para ese momento ya tenía 70, con muchas menos posibilidades de elegir un rumbo para su vida fuera de la voluntad de los regímenes de turno.

Sin embargo, para los campesinos sobrevivientes de la peste negra (1347-1350) todo fueron buenas noticias, ya que al haber menor población en condiciones de trabajar, la demanda superó a la oferta, hubo un suerte de pleno empleo, con salarios más altos y la servidumbre casi había desaparecido. Pero un siglo más tarde, cuando el tamaño de la población volvió a su nivel pre peste, los campesinos volvieron a sufrir privaciones.

Sin embargo, lo que se pasó a ese ciudadano polaco o a los campesinos post peste no es un punto de inflexión en la historia. Sobre esto hay bastante analizado y sabemos que los grandes hitos han sido muy pocos, y están relacionados sobre todo con la manera en que se organiza la producción y la sociedad. En este sentido se suele identificar a la aparición del Neolítico, la Revolución Industrial y algo que –dependiendo del autor- se ubica hacia los ´70 y ´80, y que sí afectan nuestra vida cotidiana irreversiblemente, la de nuestros hijos y toda la descendencia que vayamos a tener.

La columna se queda corta otra vez. Volveremos la semana que viene de vuelta sobre si esta crisis es o no un punto de inflexión, observando lo que estaba sucediendo ahora y lo que se proyectaba que pudiese ocurrir en el mediano y largo plazo.

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