LOS ESCENARIOS DE ALBERTO

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Por: Carlos Fara. En la columna de la semana pasada concluimos diciendo que la dinámica política post cuarentena podría modificarse en función de 3 factores. Uno de ellos es cómo terminará la película de la pandemia, ya que la crisis económica va a ser prolongada de todos modos. Señalamos que cabría identificar tres escenarios: a) la Argentina termina mejor que el promedio regional, b) termina igual, y c) termina peor. Cada uno de ellos tendría derivaciones bastante distintas en la práctica política y la percepción.

 

  1. La Argentina termina mejor que el promedio regional (y obviamente mejor que países como Italia, España o EE.UU.).

 

En este caso el liderazgo de Alberto quedará legitimado como piloto de tormentas (sobre todo de una que estaba en las previsiones) hacia adentro y hacia afuera. Esto tiene dos planos: a.1.) el político, y a.2.) fuera de la política y el país.

 

a.1.1.) hacia adentro del FdT, lo cual calmará por un tiempo las pujas previsibles en una coalición variopinta, alejando supuestas amenazas sobre la incidencia progresiva de Cristina en las decisiones claves. No resuelve el interrogante mayor, pero gana tiempo y espacio para administrarlo favorablemente.

 

a.1.2.) hacia afuera del FdT, ya que la oposición tendrá menos espacio para cuestionar los defectos de AF, considerando que la corriente de legitimidad de la mayoría social no lo aconsejaría. En este punto, el más favorecido es Horacio Rodríguez Larreta, quien por ahora ha decidido jugar astutamente el rol de Barricello respecto a Schumacher: entrar en la succión del número 1 para empujar juntos.

 

a.2.1.) hacia afuera de la política local, el presidente ganará legitimidad frente a los actores económicos y sociales, además de la opinión pública, lo cual le dará margen de maniobra para imponer medidas antipáticas y disciplinar conductas.

 

a.2.2.) hacia el mundo AF surgirá como más legitimado para pulsear con actores de peso (potencias centrales y socios regionales, organismos de crédito).

 

En este escenario la opinión pública sentirá una ola de serenidad y cauto optimismo, aún en el medio del tendal económico. Cerrará un poco los oídos a las pujas políticas (por eso la tendrá más difícil la oposición), y tolerará más privaciones en lo económico. Quizá haya cierta ola de auto satisfacción por haberle ganado la pulseada al virus, en la línea de “juntos pudimos, juntos podremos salir de otras crisis si nos organizamos”. No será “Dios es argentino”, pero podría haber algo de “como árbitro a veces cobra a favor nuestro”.

 

El gobierno se verá tentado de vender “el modelo argentino” de enfrentar la crisis y que “sin grieta podemos salir adelante” (lo cual le servirá para mantener a raya al sector más radicalizado internamente). Si es verdad o no será muy complejo de definir, pero la mayoría podría asimilarlo.

  1. La Argentina termina igual que el promedio regional (aunque quizá mejor que países como Italia, España o EE.UU.), pero la sensación es de “ni fu, ni fa”.

 

En este caso el liderazgo de Alberto quedará como en febrero / marzo: “no está mal, pero tampoco convence, hay que darle tiempo”. Con este parámetro cualquier discurso triunfalista cae en saco roto, ya que no habrá “nada para festejar”. Para la sociedad será “una vez más perdimos la oportunidad de demostrarnos que podíamos ser mejores”. Sin derrota, pero sin euforia: “salvamos un punto, podría haber sido peor”, y la eterna discusión sobre la mitad del vaso lleno o del vaso vacío.

 

Hacia adentro del FdT habrá un sabor agridulce: “arrancó bien, pero después no supo cómo salir de la crisis, le falta hándicap”. Esto mostrará las grietas internas, y cierta actitud escéptica. Cristina seguro pasará facturas. Desde el punto de vista interno será un equilibrio inestable (el equilibrista pedaleando a full para no caerse).

 

La oposición verá más espacio, ya que Alberto finalmente saca un empate. Los halcones tomarán más vuelo y las palomas perderán algunos argumentos para profesar la piedad. Rodríguez Larreta se verá obligado a virar hacia la derecha para diferenciarse y vender el “hice lo que pude, traté de colaborar con lo que tenía”.

 

  1. La Argentina termina entre los peores del barrio.

 

Sensación de derrota en Malvinas: íbamos ganando y la realidad nos pegó un cachetazo. Ni somos los mejores del mundo, ni Dios es argentino. Sobre llovido, mojado, no hay confianza social ni en los actores económicos para salir de la crisis.

 

Alta fricción dentro del FdT. Cristina no se hace cargo de nada y deja jugar a sus halcones. El ala de gobernadores, intendentes y sindicalistas tratando de que Alberto no se caiga, pero imponiéndole condiciones: cambio de gabinete, barajar y dar de vuelta, todos yendo a buscar un ministro de economía con seniority para que pare la pelota y ordene el juego. Desequilibrio constante e incertidumbre.

 

El mundo de los negocios, las finanzas y la producción jugando al sálvese quien pueda, mirando a la elección legislativa de medio término. Operaciones por doquier para armar un gobierno de unidad nacional y frenar a CFK. Muchos elaborando escenarios de salida institucional: un nuevo Duhalde?

 

La oposición que está perpleja sin saber si salir a matar o hacer un prudente llamado a la cordura, estilo Balbín el 16 de marzo de 1976. Con la crisis económica en primer plano, Cambiemos tiene pocos argumentos para interpelar. Habría que ver si surge el Alfonsín post caída de Puerto Argentino.

 

Como toda serie de Netflix que sea exitosa, los productores se verán tentados a proponer una nueva temporada, con todos los riesgos que eso implica.

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