LAS NUEVAS LEYES.

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Por: Ferdinand Amunchasteguy. Parece casi imposible sustraerse a una realidad signada por el corona virus y, consecuentemente, intentar desentrañar las consecuencias en el resto de la vida que habrá de sobrevivir a la misma. Serán tantos los cambios, que en algunos casos, no es posible establecer aún los alcances y alteraciones que habremos de enfrentar. No es menor advertir que algunas de las exigencias nacidas para combatir la pandemia, habrán de instalarse después que la misma desaparezca y, obviamente, habrán de modificar no solo la realidad vital,  sino también la que se encuentra vinculada al de las instituciones y el derecho.

Para hacer ese análisis, no debe dejar de evaluarse el tiempo en que este fantasma tardará en abandonarnos, lo que no ocurrirá pronto, ni siquiera pasado nuestro invierno, quizás el próximo o aún más tarde. Circunstancias todas que nos afirman en que la realidad habrá de alterarse y tornará necesaria la creación de un nuevo derecho que se adecue a la regulación necesaria para que la misma pueda desarrollarse.

Una de las soluciones que han tenido acogida en este mundo crítico ha sido el teletrabajo que, como una panacea, se ha extendido en el terreno de las labores administrativas y aquellas otras vinculas a los servicios financieros. Más allá de las nostálgicas relaciones personales que poco a poco irán desapareciendo, ya que solo nos comunicaremos por medio de sistemas virtuales, deben advertirse necesarias consecuencia que, por ahora, daría la impresión no son debidamente observadas según parece advertirse.

En este comienzo de cuarentena, mezcla de inmerecidas vacaciones o anticipada libertad condicional -de una condena aún no impuesta-, aquellos que se han replegado en el teletrabajo, solo consideran la bonanza que implica recibir su salario sin trasladarse a su lugar de trabajo, sin horarios fijos y sin advertir ciertas consecuencias de esta nueva práctica. Quizás, valoran hoy, no tener que viajar en horas picos en los saturados medios de transporte públicos y cumplir sus labores en la comodidad de la ropa que solo se puede usar en la intimidad del hogar.

Posiblemente no han advertido que por primera vez han colaborado con el “capital” para el que trabajan,  aportando sus personales elementos tecnológicos y su personal, también, servicio de wifi- salvo las pocas excepciones en que los empleadores han provisto a sus agentes de esos medios para desarrollar sus tareas.

Salvo esas minucias, en realidad, el mayor cambio que debe advertirse es la precarización del trabajo, ya que está modalidad expone la necesidad de nuevas estructuras en las que, la optimización del trabajo, requiere de un menor número de trabajadores ahora eficientizados por la tecnología.

Lo cierto es que será necesario que el derecho laboral modifique algunos conceptos y los adecue a estos nuevos cambios,  que no siempre pueden resultar favorables a los trabajadores y, en un terreno de mayor trascendencia, la actividad sindical, instalado el “teletrabajo” ha verse en serios problemas para subsistir, ya que diseminada la gente en sus casas, la base que necesita para subsistir se verá notablemente menguada por la imposibilidad de actuar sobre el conjunto de la masa trabajadora.

Así, quizás veamos lo que no logró la idea de generar los sindicatos por empresa, un modo de romper lo que conocemos como la burocracia sindical, esta vez a resultas de un virus chino, que evidentemente lucha, por naturaleza,  contra el sindicalismo nacional, propiciando la internacional del trabajo.

Lo que puede concluirse es que habrá de ser necesaria una alteración de lasfórmulas jurídicas usadas hasta hoy, por no ser aplicables a una realidad distinta que no solo se insinúa sino que ya busca instalarse como un avance respecto de lo hasta ahora conocido. Los cambios, pequeños en apariencia, no serán menores, desde las reformas que se propician en el transporte -necesarias para evitar el contagio- que importan, en el caso de CABA duplicar la cantidad del transporte automotor -con el costo que significa en una economía empobrecida- o el aumento de las frecuencias ferroviarias carentes de personal habilitado para conducir las formaciones o la necesaria reconfiguracion de los aviones para ajustarse a las pautas que impedirían el contagio y que encierran un inevitable aumento en sus tarifas excluyendo a muchos del uso de ese medio de transporte.

El incumplimiento de los contratos, las necesarias herramientas para recuperar la economía, y el reacomodamiento social, harán necesaria la creación de un nuevo derecho que contemple esa nueva realidad en un mundo que creemos, habrá de parecerse en poco al que nuestra memoria recuerda y la actualidad reclama. Los subsidios, los apoyos a la actividad industrial, los incentivos al trabajo, reclamarán esos cambios jurídicos y nuevas estructuras judiciales que comprendan la necesidad de aplicar nuevos conceptos, compatibilizados con nuestra Constitución y asegurando los derechos de los habitantes de este suelo.

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