LA INCERTIDUMBRE DE LA INCERTIDUMBRE.

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Luis Tonelli. La única cuarentena que los argentinos parecemos haber respetado es la cuarentena en la que se encuentran prisionera nuestra conciencia colectiva del momento que estamos atravesando. No se trata de entrar en pánico. No se trate de ser pesimista. No se trata de flagelar y autoflagelarnos. Se trata de abrir los ojos y darnos cuenta qué, no solo vamos a vivir la peor crisis de nuestra historia, sino que también enfrentamos el peor escenario para poder atravesarla y salir de ella.

La maldita grieta en la que estamos inmersos es el instrumento más extraordinario para paralizar cualquier intento de pensar el futuro del país. En última instancia, las declaraciones del presidente Alberto Fernández de que descree de los planes económicos, se mueven en la lógica del apotegma que hizo suyo el fundador del Justicialismo: la única verdad es la realidad. Y los planes si salen de una mitad, y son pensados para una mitad del país, solo pueden fracasar y perjudicar a las dos mitades (salvo a los vivillos de costumbre).

No hemos sabido aprovechar las oportunidades que nos brindó el mundo en estas décadas pasadas. Ahora se trata de resistir toda la hostilidad de un mundo entero en crisis. Mientras toda nuestra región, quien más quien menos, pudo ir reduciendo los índices escandalosos de pobreza, la Argentina se destacaba en producir pobres, a la friolera de un 7% anual. Ningún país que no haya experimentado una guerra devastadora puede sacarnos este record escalofriante.

Hay una pregunta inquietante: ¿cuándo el presidente dice que no cree en planes, se debe a que la grieta no se da entre el gobierno y la oposición, sino que ya asola al mismismo Frente de Todos?. Porque de eso se trata y no de otra cosa cuando la vice ex presidenta retuitea una nota que afirma que la salida esta en la estatización de la economía y cuando el presidente, por su parte, asegura que no es un loco que anda con la chequera expropiadora.

Desavenencias que van más de la natural puja de poder entre un presidente delegado y una vicepresidenta, jefa de la mayoría accionista. Esas diferencias, en cambio, hacen a modelos económicos y políticos en las antípodas que no pueden sino entrar en conflicto más temprano que tarde.

Por supuesto, están las frases declamatorias, bienpensantes, de  Alberto Fernández, que tienen un efecto contraproducente (por que uno se termina preguntando ¿en que están pensando realmente estos tipos?). Frases que parecieran estar dirigidas exclusivamente a ese auditorio de repetidores de kindergarden que es La Cámpora. Como cuando el Presidente “habla de la necesidad de reformular el sistema capitalista” (como si fuera llamar a un plomero para que cambie un cuerito). O las últimas declaraciones antes las Fuerzas Armadas, en donde se mofó de la fortaleza de la economía capitalista, tirada abajo por un simple virus. ¿Qué economía puede funcionar sin demanda, sin oferta y con el sistema financiero también paralizado?.

¿O el presidente está dando un guiño a esa adolescencia eterna política que admira a China y apoya a Maduro?.  Ahora, si China se hizo grande fue gracias al consumo de occidente, y la llegada de inversiones para aprovechar la mano de obra regalada y disciplinada que el Kuomitang chino supo crear y mantener. Y todas esas declaraciones hiperbólicas y “airefríticas” cuando, sin ningún tipo de lógica, abrimos la cuarentena -que hace 15 días atrás se dijo que era imprescindible el volverla estricta- justo en el momento de mayor cantidad de contagios y records de muertos.

Y no es hablar con el diario del lunes. Desde el comienzo se sabía que de esta cuarentena no se salía sino era con la vacuna. Y se sabía que, cuanto menos, la vacuna iba a estar -con mucho viento a favor- en el 2021. Y también el gobierno sabía que la cuarentena no iba a poder ser efectiva en domar la pandemia, porque era de imposible cumplimiento en las vastas zonas urbanas.

Al final, la estrategia del “martillo eterno” se ha vuelto un boomerang para el gobierno que comienza a sentir en su carne propia los martillazos. De ser la única estrategia posible, de aplicase el discurso de la infectadura “Cuarentena o muerte”, ahora parece no haber ninguna estrategia. Se sale de la cuarentena ante la perplejidad del número de infectados y muertos que aumenta a pesar de ella y seguramente para volver a cerrar todo en breve, diciendo “¿Vieron? ¿Ustedes querían salir?. Aquí tienen el resultado”.

A lo que se suma las incertidumbres generadas por las peripecias del Sr Guzmán en la saga de la deuda. Claro, el gobierno puede atajarse y decir que el macrismo le dejó ese presente griego, del mismo modo que el macrismo podía acusar en su momento de dejarle el presente griego de los hold outs y un déficit que demandaba o un ajuste furibundo o tomar deuda para cubrirlo.

Incertidumbres que abonan incertidumbres, y se empieza a hablar de cambios de gabinete, de enemistades y peleas, de portazos a futuro, tal como tantas veces los hemos visto y sufrido. Dudas plenamente justificadas, por qué quien puede a ciencia cierta asegurar como termina todo esto.