JUGANDO CON FUEGO

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Por Carlos Fara. La práctica política indica que cuando a un jugador se le va acabando la capacidad de chantaje, empieza a jugar al límite. Juega con fuego a riesgo de quemarse. Algo de esto le empieza a pasar al gobierno.
Muchas veces se toman decisiones odiosas. No porque se quiera, sino porque la sumatoria de decisiones erradas previas dejan cada vez  menos margen de maniobra. Si hago gradualismo y falla, no me queda otra que hacer shock a disgusto, y luego una moderación del shock por el rechazo social, y luego nada parece funcionar, y no solo el riesgo país es el que aumenta.
 
Como ya está suficientemente instalado, el ajuste extremo no funciona para bajar la inflación y profundiza la recesión, eso desvaloriza al gobierno, incrementa las posibilidades electorales de CFK, lo que genera temores, los inversores venden, el riesgo país sube, el gobierno se tiene que volver más ortodoxo, el descontento social sube. And so on…
 
Macri está en una encerrona que quizá no esperaba. Pero, aunque tarde, algo reacciona. Abre la puerta a los radicales. Toma medidas anti cíclicas (a disgusto). Negocia con el FMI mayor margen de maniobra respecto al dólar. Los resultados se verán. Lo peor del huracán no es estar en el vórtice, sino en una de las puntas.
Pero algunas de estas acciones pueden hacer que todo se salga de control. Como el gobierno perdió credibilidad, cree que su única salvación es volver a agitar la amenaza de un triunfo de Cristina. Por eso hace circular la famosa encuesta de un triunfo de Ella en segunda vuelta, y el propio presidente certifica la “operación chantaje” diciendo que el mundo no cree en nosotros. Todos se asustan. Los brokers venden. Otros compran dólares. Y se profundiza el temor… sobre la capacidad de Macri. Es como apagar el incendio con más fuego.

Resultado: se sigue agotando la capacidad de extorsión del gobierno sobre la mitad de la sociedad que lo votó en el balotaje, y 1) algunos miran cada vez más a Lavagna, y 2) otros empiezan a pensar si un regreso de CFK sería tan negativo en estas circunstancias (de última, si gana y hace locuras, le explotaría la bomba a ella, con lo cual no haría locuras, para preservarse, piensan algunos conspicuos del círculo rojo).
 
En este marco, el presidente sigue mal gastando balas (y cada vez quedan menos en la recámara). Las medidas anunciadas en la casa de la vecina Adriana están fuera de sintonía para la mayoría social (incluido el target más oficialista). Veamos lo que se dicen en los grupos focales:
 

  • La mayoría no se enteró de la amplitud del paquete, solo se quedaron con “el congelamiento”;
  • No creen que los controles vayan a funcionar (porque al final nunca funcionaron);
  • Dan señal de desesperación; y
  • Vuelve a caer mal el modo de comunicación: se lo vio a Macri “perdido”, “poco creíble”, con un “discurso muy armado”, que solo denota “un pensamiento empresario”, y “no ve al pobre y al medio”. Conclusión: cada vez que habla prefieren que se calle (como contrapartida recuerdan que Cristina era más atractiva hablando).

 
Un paquete de medidas para cambiar las expectativas (importante fundamento en el mundo de la economía) necesitaba una comunicación excelsa. No fue el caso. Aunque no todo está perdido respecto a la jugada que hizo, en las primeras 24 horas está claro que perdió la batalla comunicacional.
 
Es verdad que falta mucho para las elecciones. Pero el problema es si la mayoría cree, más pronto que tarde, que al presidente ya no le queda mucho por hacer. Ahí la película se termina, aunque todavía queden horas de proyección.