HAY QUE CUIDAR A ALBERTO

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Por Carlos Fara. Esta no es una frase del Papa, pero perfectamente podría serla, teniendo en cuenta el sin fin de rumores que giran alrededor del primer mandatario. Desde cambios de gabinete hasta su reemplazo institucional, pasando por un estado de ánimo personal desgastado. Como dijimos en la nota “Son rumores”: “Cuando parece que políticamente la cosa está desordenada empieza el festival de los rumores y las conspiraciones”. De eso pasaron tres semanas y la vorágine no se frenó. Es más: en algunos aspectos se aceleró. Uno podría dejar que los rumores corran para luego cortar por lo sano y así ver cómo funciona el laboratorio de las intrigas. Pero el problema es cuando uno no tiene el poder de decisión concentrado. Ahí el juego se vuelve peligroso, inconducible.

 

Lo cierto es que existe una curiosa coincidencia de intereses en cuidar a Alberto: la UIA, la CGT, los gobernadores, las palomas de Juntos por el Cambio, y hasta la mismísima Elisa Carrió, quien luce por estas horas con una agudeza particular. La pregunta obvia es ¿cuidarlo de quién? ¿de Cristina? ¿o de sí mismo? ¿de un conglomerado de poderes fácticos que conspiran? Y además ¿el presidente se dejaría cuidar o cree que no necesita ayuda?

 

Hay que ayudar a alguien porque se lo ve débil, enclenque. ¿Esa es la situación de Alberto? Al menos así lo perciben la mayoría del círculo rojo (que muchas veces se equivoca, vale decir). Pero es el estamento superestructural que termina formando intra consensos de opinión que influyen en la desembocadura de una situación. Por ejemplo, la caída de De la Rúa y la salida de la convertibilidad. O el cansancio con 12 años de kirchnerismo en 2015. No deciden los ciclos políticos, pero sin duda forman parte de la inclinación de la curva.

 

Para cuidarlo a Alberto la CGT armó el acto virtual del 17 de octubre (una suerte de plaza digital) y los gobernadores le ofrecen la presidencia del PJ. Ambas son iniciativas políticamente muy loables. El tema es que no nacen de la fortaleza del personaje, sino de la debilidad. No son premios, son terapias de recuperación. Si el beneficiado no sabe o no quiere poner en valor su rol, por muchos galardones que le den la situación de fondo no va a cambiar. Ese es el riesgo de ambas jugadas: que no sirvan para nada, que formen parte de un decorado, pero sean el paisaje real y permanente. Tampoco hay tantas balas para disparar (léase, acciones políticas de peso), por lo tanto esas pocas hay que cuidarlas como oro y administrarlas con una sabiduría estratégica suprema.

 

Porque ¿qué hacer frente a alguien que una vez dijo “la columna vertebral de no sé qué cosa”, refiriéndose al sindicalismo peronista (alias, “el movimiento obrero organizado”)? ¿le importa la liturgia del 17 de octubre? ¿revisará sus cálculos políticos a partir de un zoom con miles de presentes? Muchos interrogantes con pronóstico reservado.

 

Más de un@ dirá: “pero algo es algo, un gesto, le vamos a mandando un mensaje a ella. Si no, se lo verá cada vez más solo”. Claro, de ahí que surja el “hay que cuidar a Alberto”. Se comprende, pero cómo sigue la película, cuál es la siguiente jugada, para lograr qué objetivo. Dado que quienes están pergeñando acciones para fortalecerlo creen que el presidente debería volver a la moderación y el consenso, entonces estamos hablando de una puja de orientación ideológica y estilo de liderazgo, muy difícil sino imposible de resolver en esos términos.

Resumiendo: el problema político de fondo no se va a resolver por estas acciones para cuidar a Alberto; es más, podrían agravarlo si –con el paso de los días- los actores concluyen que todo fue en vano. Si esto último se verifica, los “cuidadores” podrían tener algunas de estas 5 conductas:

  1. volver a la carga con acciones que produzcan un conflicto con ella;
  2. llegar a la conclusión que lo único viable es una negociación franca con ella (ignorándolo a él, cosas que ya muchos sugieren, como venimos analizando en esta columna);
  3. esperar a ver cómo sigue el curso de los acontecimientos, de modo de ver el momento oportuno para negociar o golpear (por ejemplo, que se siga agravando la incertidumbre con el dólar);
  4. generar una masa crítica de intereses para deshacerse de él y ella (danger!); o
  5. resignarse y esperar a las elecciones de 2021 (buscando alquimias que fortalezcan a algún sector de la oposición; conversaciones ya hay).

 

Como los “cuidadores” son muy creativos, seguramente se les ocurrirán más variantes. En el cortísimo plazo habrá que esperar al acto virtual y la entronización en el PJ. Mientras, ya dos tercios de los municipios argentinos han registrado algún caso de COVID-19:  https://mercadoyempresas.com/web/aporte-tecnico.php?id=118. La semana era el 62 %.