GOLPE A GOLPE…

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Carlos Fara … verso a verso, cantaría Serrat. Pero claro, el catalán no estaba hablando de los mismo golpes, ni los mismos versos que Duhalde (en todo caso debe estar más preocupado por el golpazo de Messi). Lo cierto es que el propio ex presidente luego relativizó sus dichos y adjudicó su pirotécnica verbal a los efectos psicológicos de la cuarentena. A esto se sumó que algunos periodistas empezaron a hablar en los últimos días de una creciente y alarmante demanda de “que se vayan todos”. Tiempo arbitro! Se ve que hay algo que me perdí….

 

En los cinco minutos que nos da el reglamento para frenar el partido y darle instrucciones al equipo sería necesario ordenar algunas ideas (que ya expresamos la semana pasada al comentar la movilización del 17A):

 

  1. Una movilización no es una encuesta de opinión pública: ergo nadie puede proyectar estados de ánimo a partir de algunas banderas o carteles.

 

  1. Era obvio que la movilización iba a ser una expresión de mal humor y cansancio, y que parte de eso iba a derivar en un fastidio con la dirigencia política en su conjunto.

 

  1. No hay hoy ni intencionalidad, ni masa crítica de ningún sector de poder institucional o fáctico para impedir las elecciones del año próximo.

 

  1. Si bien es cierto el creciente cansancio y que las perspectivas económicas distan de ser positivas, aún no sabemos a ciencia cierta qué balance dejará para la gente cuando la pandemia afloje. Lo único que sabemos hasta ahora es que el hartazgo con la situación produjo una pérdida de miedo al contagio, con la consecuente mayor circulación comunitaria.

 

  1. Si no se produce una catástrofe sanitaria (local y/o mundial), imposible de predecir, debería mantenerse el rebote técnico que nos aleje del desastroso piso de abril en cuanto a nivel de actividad. Vamos a estar mejor? Quizá deberíamos decir que “vamos a estar menos mal”.

 

  1. Existe un sesgo cognitivo que se denomina “sesgo de sobre ponderación del pasado inmediato”. Esto significa que tendemos a dar mayor importancia a lo que ocurrió en un pasado cercano y no tanta a lo que ocurrió en un pasado más lejano. Cuál es la consecuencia concreta? Que si el pasado inmediato fue negativo, tendemos a proyectarlo al futuro de manera irrevocable. Pero lo mismo sucede si fue positivo. La pregunta sería entonces ¿qué estado de ánimo tendrá la sociedad luego de 3 ó 4 meses de recuperación continua de la actividad económica? ¿Seguirá registrándose el actual nivel de mal humor? Por lo pronto, provincias y municipios están recuperando su capacidad recaudatoria sin cesar desde mayo -comparado con el mes previo- en términos reales (esto es, descontada la inflación).

 

  1. Esto no obsta para que nadie cante victoria: el tema dólar está al rojo vivo y eso dispara expectativas inflacionarias, con lo cual puede ser una reactivación de mecha corta.

 

Cerramos esta columna con la pregunta respecto a por qué Duhalde hizo esas incendiarias aseveraciones. Más de uno dijo que era una cortina de humo al servicio del gobierno. Otros adujeron cuestiones de ego (el dolor de ya no ser). También hubo alusiones a su situación psicológica. Un cuarto grupo especuló con que fue un comentario al servicio del grupo Clarín por el DNU regulatorio de las telecomunicaciones. El problema para el ex presidente no es que haya sido repudiado por lo que dijo. El problema es que su pronóstico no resultó verosímil para los actores del círculo rojo. Ergo cae en saco roto.

 

Eduardo Duhalde –con todos sus errores- es un convencido de los grandes consensos, de una convivencia acordada entre oficialismos y oposiciones, y en la necesidad de un gran proyecto productivo para la Argentina. ¿Acaso creyó que gritando “fuego!” ese animus acuerdista podía dispararse más prontamente? Pareciera que hace falta bastante más que eso.