EL ORFEBRE  

0
656

 

Carlos Fara. Martín Varesio es un orfebre prestigioso. En su web dice que “para ser joyero artesano es necesario conocer el comportamiento de los metales… el arte de volcar al metal ideas, acompañado de variadas técnicas de orfebrería, oportunamente refinadas, tales como el grabado, o el cincelado, o engarce puede originar piezas, de cualquier personalidad”. Así, por la delicadeza de sus obras y el fino trabajo de los detalles que implican poseer un pulso especial, se admira habitualmente a los orfebres.

 

Los orfebres y los ebanistas no son habituales en política. Lo más común es encontrar picapedreros que vuelven accesible la materia prima de la cantera para usos cotidianos. Como en todas las actividades humanas, se termina generando una pirámide que va desde la ancha base hasta el selecto vértice. Todos son necesarios, ya que el orfebre no existiría sin el minero que desguaza la cantera para entregar el material.

 

El orfebre logra que al final del camino, lo que parecía solo un pedazo de metal en bruto se convierta en una pieza admirada. Cuanta menos expectativa se tenga sobre las habilidades del artesano, más impactará el logro final.

 

El mundo de la política acostumbra a mirar con más indulgencia a los carismáticos clásicos y le baja el precio a quienes no lo son: Néstor Kirchner estaba dentro de esa categoría. Un famoso dicho de un barón del conurbano decía que salir a hacer campaña con Néstor era “como salir con un perro muerto”. Por eso es que en el mundo de la política nada está escrito de antemano, ni existe fórmula para el éxito. Solo existen condiciones deseables, no ninguna es en sí misma suficiente.

 

Un personaje sobre quien siempre se dudó de su potencialidad es Horacio Rodríguez Larreta (HRL), precisamente por no ser un carismático clásico y por no poseer ciertos atributos en su look físico. Lo interesante de su caso es cómo con una fuerte constancia, y una correcta lectura de sus limitaciones, es hoy una de las principales figuras políticas de la Argentina, teniendo en cuenta además que históricamente fue un personaje que se crió a la sombra de otros que sí eran estelares: Palito Ortega y Macri.

 

Políticamente quizá esté en la fase más crítica de su trayectoria: quedó solo frente a la boca del lobo –no tiene ni a Mauricio, ni a María Eugenia-; con recursos limitados –ya no tendrá el generoso apoyo del Estado Nacional-; con pandemia –con el peor índice de casos por millón de habitantes del país-; y con una fisura conceptual con su ex? jefe político. “Ahora te quiero ver bailar!” diría la tribuna. O “con plata cualquiera es taura”.

Pese a que Alberto se refiere a él como “mi amigo”, HRL aclaró que no es amigo de Alberto ni de Macri. Ecuménico, pero polémico. Porque 1) era lógico que se distanciara del presidente, pero ¿de su líder también?, y 2) por qué se refirió al mandatario por su nombre de pila, y a su líder por su apellido (ya que todos sabemos que “Mauricio es Macri”, para memoriosos).

 

Cuál es la grieta conceptual? Mauricio está más cerca de los halcones, mientras que Horacio es la cabeza de las palomas. Ambos por necesidades distintas. El ex presidente necesita resistir los embates políticos y judiciales del kirchnerismo, mientas que el alcalde necesita coordinar con la nación y la provincia para que su distrito no se convierta en un aquelarre. Si esto último sucede, se quedará sin el pan y sin la torta, ya que esta crisis mundial es sobre todo un gran test sobre los liderazgos: ¿quién queda parado en la playa después del tsunami?

 

Un sabio manejo de la crisis puede solo amortiguar costos, pero también puede consolidar proyectos personales. Veremos cómo termina la película –que viene para largo- pero lo cierto es que el balance le está dando positivo a HRL, tanto desde lo político y la gestión, como desde la opinión pública, logrando insertarse en el electorado blando del Frente de Todos. Eso es lo que despierta la agresividad de los halcones de ambos lados ya que 1) los K necesitan abortar cuanto antes esa cabecera de playa para que un moderado no se les meta por la ventana, y 2) los del propio bando que no quieren un liderazgo alternativo al de Macri.

El orfebre Rodríguez Larreta tiene un plus estratégico que es leer y sintonizar correctamente con 3 públicos: 1) el de su propia ciudad, 2) el de Cambiemos, y 3) los moderados que rechazaron a Macri y quisieron creer que Alberto no era Cristina. Esos tres segmentos tienen al menos un denominador común: “dejensé de joder con la política y pónganse las pilas para sacarnos del desastre”. Eso implica muuuuuuuucha paciencia y disciplina cotidiana, además de la suficiente versatilidad para contener a sirios y troyanos.

 

Más allá de las habilidades políticas que ha ido incorporando HRL a lo largo del tiempo, los interesados en que se derrumbe su castillo de arena son muchos y tienen poder. El negocio de la grieta corre en contra. Sin embargo, en política más de un@ está mirando con detalle cuál es el beneficio real de la polarización extrema. Si las palomas encuentran la estrategia adecuada, pueden jubilar a los halcones.