DE PANTANO EN PANTANO.

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Por: Carlos Fara. Los estrategas de guerra aconsejan no transitar por terrenos pantanosos, mucho más si encima hay que desplegar armamento pesado. Con una buena inteligencia es sencillo tener la información para no caer en esos errores. Sin embargo, hasta las propias tropas napoleónicas se complicaron en Waterloo. Si se traslada este análisis a la política contemporánea, se debe advertir que no es tan fácil concluir si el terreno es o no pantanoso, ya que la evaluación de los intangibles –como la opinión pública- es mucho más compleja que poseer un mapa del terreno y advertir si el clima atmosférico será desfavorable.

El gobierno de Alberto está transitando de pantano en pantano. El clima atmosférico no ayuda –pandemia, crisis económica mundial, decaimiento del interés en explotar recursos naturales como Vaca Muerta- y a eso se agregan manejos polémicos en temas sensibles –renegociación de deuda, extensión de la cuarentena, sobredosis de déficit fiscal, Vicentín, reforma judicial, entre otros.

Tarde o temprano todos los gobiernos transitan pantanos. Eso no es nada llamativo. El punto es:

 

  1. los pantanos que se pueden evitar,
  2. los pantanos generados por propia impericia,
  3. qué se hace en tránsitos inevitables por pantanos, y
  4. el estado de ánimo de las tropas cuando descubren tarde que están en un pantano.

 

Al final lo importante es el balance. Solo un iluso puede imaginar ganar todas las batallas de una guerra. Ni siquiera hace falta ganar todas las batallas, pero es imprescindible ganar las cruciales, aquellas que definirán el rumbo de una guerra.

Como la nueva administración recién va camino a los 7 meses de vida, y encima le cayó la peor crisis en 100 años de historia mundial, hacer un balance es totalmente prematuro. Alfonsín arrancó bien con la agenda democrática pero mal con la economía, que empezó a encontrarle la vuelta al año y medio de asumir. Menem estaba en estado depresivo, hasta que a los 21 meses se encontró con la convertibilidad. Los Kirchner se iban del poder después del voto “no positivo” de Cobos. Macri tuvo un profundo desgaste el primer año por la aplicación de los ajustes tarifarios, pero ganó la elección legislativa de 2017. Moraleja: esto recién empieza y puede tener muchas vueltas.

 

Como la planteamos en la columna de la semana pasada (“Maquiavelo en el siglo XXI”), no queda claro si:

 

  1. Alberto tiene coincidencias ideológicas profundas con Cristina (en cuyo caso no habría un “quién manda”, sino un debate sobre el cómo se hacen las cosas),
  2. las tiene pero cree que en esta etapa deben primar otras ideas y métodos,
  3. no las tiene, y la negociación fue “como hay que hacer otra cosa y yo no voy poner la cara para un giro al centro, encará vos esta etapa y a cambio yo me libro de los problemas judiciales”, o
  4. Alberto creyó que tenía libertad para maniobrar en lo que importaba mientras CFK se quedaba con las áreas de satisfacción simbólica, pero a medida que va pasando el tiempo cae en la cuenta que Ella siempre va por todo.

 

Así cómo esta pregunta no va a quedar respondida sino en el mediano plazo, también genera varios interrogantes el manejo del “Vicentíngate” (risueñamente), a saber:

 

  • Cuando el presidente optó por una intervención de 60 días ¿pensó que en ese lapso se resolvía el trámite parlamentario de la expropiación? Alguien podría decir que en el día 59 lo extendía por otros 60 más, y así sucesivamente.
  • Si la expropiación era inamovible, ¿por qué aceptó raudamente la propuesta Perotti? ¿por qué el ministro Guzmán acaba de decir que el gobierno está abierto a otras opciones?
  • ¿Ni el gobierno nacional, ni el provincial estaban al tanto de las elucubraciones jurídicas del juez que tramita el concurso preventivo?
  • Al gobierno de Alberto ¿le importa la reacción social por el tema o le da lo mismo? ¿la previó?
  • ¿Cuánto tiempo piensa ahora que le va a llevar resolver el problema de Vicentín?
  • ¿O quizá Alberto dejó correr el tema sabiendo que se iba a empantanar sí o sí, pero no quería entrar en una confrontación prematura con el ala cristinista? (dirá como coartada: “Pero si Anabel me lo pidió y yo le hice caso”)
  • ¿Por qué el gremio bancario no dijo nada sobre un tema fuerte donde pueden estar involucrados gerentes de línea del Banco Nación?
  • ¿Por qué el gobernador Capitanich no dijo nada sobre la expropiación?

 

Demasiados interrogantes que solo dicen que la trama es bastante más compleja que la que aparece en la superficie. Y que por actuar con premura el lunes 8 de junio se desataron varios puntos de conflicto que el gobierno no necesitaba cuando debe pedirle a un tercio del electorado que vuelve a fase 1 por la curva de contagios.

Cualquiera se puede empantanar alguna vez. Pero para que no lo caractericen como “empantanado” se debe demostrar que al menos se puede dar un paso delante de vez en cuando.