CUARENTENA INTERMINABLE.

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Ferdinand Amunchasteguy. -En el silencio de la noche, solo se escucharon los pasos cómplices de cientos de corredores, que ahora reciben el nombre de runners, y que se convirtieron en la estruendosa queja de los habitantes de la provincia,  que asumen que semejante despliegue físico habrá de significar miles de contagiados en su territorio.

La verdad puede anticiparse distinta,  es manifiesto el aumento  de afectados por el virus chino en las tierras del gobernador Kicillof, lo que expondrá la deficiencia estructural que posee el territorio bajo su mando, y que, políticamente, necesita trasladar a otro, ante la insuficiente explicación que nacería de reprochar al último Gobernador la evidente dejadez en solucionar el problema social,  de hacinamiento  y pobreza  que se reúnen en los más de mil centros denominados eufemísticamente, barrios vulnerables, ingenioso truco semiologíco para alejarse de la vulgar individualización de “villa miseria”.

La larga historia de esos asentamientos, que han requerido más de cuatro años para existir, se traslada a la propia gestión anterior  de esta misma administración  y expone la poca actividad  desarrollada en ese ámbito,  por los últimos administradores del territorio provincial. El virus chino, ha generado un daño distinto al del puñado de muertos que deben lamentarse, ha expuesto el lamentable escenario en que se desarrolla nuestra vida. Nuestra hipócrita conciencia de que los geriátricos existentes eran una suerte de depósitos de ancianos, apareció siempre oculta tras expresiones en las que hacíamos referencia a “nuestros abuelos” y al cariñoso sentimiento que nos vinculaba a ellos, y que ahora se desnuda frente al lamentable estado en que se desarrollaban sus días y que los lleva ahora camino a la muerte, sin ningún tipo de atenuantes y con la única protección  de la buena o mala estrella que los haya acompañado en este último tramo de su vida.

Pero mientras este pequeño relato se va desenvolviendo, la vía continua y otros eventos se suceden, agobiando a los argentinos que, mansamente, aceptan la realidad que los entorna. Frente a una cuarentena interminable -prácticamente es un hecho la prorroga hasta el 12 de julio- que parece no tener un fin cierto, numerosas otras cosas se superponen, aunque parecen discurrir en un escenario secundario al que la gente mira de soslayo y sin interés.

La situación económica  no parece avanzar en ningún sentido, el frente con los acreedores no consigue encaminarse y el incremento del gasto público, vinculado a la necesaria asistencia que debe brindarse a los damnificados por la crisis  que ha generado la pandemia,  se ve agravada por la fuerte reducción  de la recaudación, directamente asociada a la caída de las actividades comerciales e industriales.

Mientras esa situación esencial se desarrolla,  se lanzan al ruedo otras novedades que, de un modo u otro,  han de trasladarse al ámbito judicial. El impuesto -al que se denomina contribución- a los grandes capitales, aunque aún no ha sido tratado y, en consecuencia definido, enfrentará la discusión sobre su constitucionalidad y el hecho de gravar un patrimonio al que ya se le han impuesto gravámenes.

Algo similar ocurrirá con los aumentos con los que recompondrán los haberes jubilatorios que, por lo anunciado seguirán imponiéndose por decreto, apartándose de las leyes que establecían un sistema previsible y que  pretendía restituir el valor de las prestaciones  a pesar de la variación de los índices inflacionarios. A ello se sumará la nueva ley de alquileres, y como ya se dijo en anteriores ocasiones, la reforma judicial,  y la validez de varios de los Decretos de Necesidad y Urgencia que,  amparados en la pandemia han ido llenando el tiempo transcurrido desde el 10 de diciembre y estos primeros días del invierno.

Finalmente, ocuparán un importante tiempo de reflexión,  la nueva denuncia que el Juez Villena ha encarado para saber si la oficina de escuchas judiciales ha visto desnaturalizadas sus misiones  -sobre todo por los personajes que convocará tanto como víctimas y victimarios- y la presunta expropiación de VICENTÍN – cuyo diminutivo, como se verá no se compadece  con el tamaño de las discusiones que habrá de generar.