CONSEJOS PARA INCAUTO

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Por: Carlos Fara. En colaboración con Fernanda Veggetti
 
Si bien es algo viejo como la política, a medida que se van encendiendo las estufas y se va entibiando el clima electoral, pareciera que se abre la temporada de noticias falsas, fake news, operetas, tergiversación, manipulación, en definitiva: des información.
 
Vamos por partes, ¿qué son las fake news y porque los expertos prefieren no llamarlas más así? La idea más extendida, es que se trata de información construida a base de contenido falso o tergiversado y que su función principal es la de manipular a la opinión pública. Sin embargo, a nivel global los estudiosos del tema están tratando de desarmar este molde conceptual, justamente porque al ser un molde su contenido no es un concepto unívoco y el significado de fake news puede variar de acuerdo a quien lo use.
 
Es fácil imaginar que las fake news salen de lúgubres tugurios en el que se dedican a escribir mentiras, mientras del otro lado de la ecuación están los “medios serios” que hacen periodismo veraz. Esta visión dual de buenos y malos no ayuda a la hora de pensar el fenómeno de manera amplia, y por eso cada vez más en Argentina vamos a escuchar hablar de “des-información” para englobar todo el universo de noticias falsas, ya sea que tengan una intencionalidad específica o sean el fruto de la ignorancia, que salgan de un panfleto partidario o de un reconocido diario.
 
Es obvio que por extensión, potencia, posibilidades y falta de control, las redes sociales posibilitan el caldo de cultivo ideal para generar y difundir desinformación. A estos cañones se le suma el adicional de Whatsapp, en el que intervenir es prácticamente imposible por ser una red de conversación privada, aunque ya escuchamos al oficialismo queriendo ir a buscar votos al chat de “las mamis”. Frente a esta fiebre comunicadora, ¿quién podrá defendernos?
 
Hay un amplio debate global sobre el tema: ¿por dónde debe pasar el control? Si es por el lado de la manufactura de la noticia, hay riesgo de censura. Si es por el lado de la distribución, se tocan demasiados intereses económicos de las pocas plataformas que concentran el tráfico de usuarios consumidores de noticias. Entonces, a la vieja usanza de los teóricos de la opinión pública, con lo único que podemos contar de manera certera es con la educación. La idea es aprender a distinguir el pescado podrido antes de compartirlo.

Qué podemos hacer? Lejos de agotar una lista exhaustiva, aquí van algunas recomendaciones para todos aquellos que se meten en el barro de las campañas:
 

  • Suele pasar que somos víctimas de nuestro propio sesgo de confirmación, eso significa que buscamos validar lo que ya pensábamos previamente, y esto hace que de entrada recibamos determinado tipo de información con el que estamos más de acuerdo, y somos más propensos a compartir. Si nos damos cuenta que compartimos contenido falso, la primera recomendación es “no aclares que oscurece”. Lo más común es que volvamos a compartir el link diciendo “esto que compartí es falso, no lo vean” generándole más tráfico a la noticia falsa.

 

  • La recomendación es sacarle una foto, ponerle una marca de agua que diga FALSO y subirla. El ojo está preparado para captar la imagen y asociarla a quien la emite, de manera que si queremos poner alertas esta es una forma muy eficiente.

 

  • Denunciar: aunque a las plataformas como Facebook no les importa lo que dice la noticia sino que llegue al destinatario, hay formas de dar aviso y lograr que se desactiven las “paginas truchas”. Esto será cada vez más fácil a partir de los acuerdos globales a los que están llegando las compañías para mantener limpias las redes.

 

  • Y por último si somos víctimas directas de un ataque de este tipo, saber cuándo responder y cuando callar. A veces por apurarnos a desmentir terminamos instalando la noticia falsa por haberle dado entidad.

 
El tema es inagotable sobre todo porque está todo por hacerse en materia de desinformación. Lo importante es que no nos tome por sorpresa y que podamos levantar la vara sobre lo que esperamos para nuestra dieta informativa.
 
Al final, si parece que todos mienten todo el tiempo, el efecto de la proliferación de mentiras verdaderas terminará por anularse en el mediano plazo.