CON QUIEN QUEDAR MAL?

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Carlos Fara. Alberto llegó a la presidencia firmando un contrato simbólico con la mayoría social en el que se comprometía a ser moderado, tanto en el estilo de liderazgo como en lo ideológico. De eso se trataba el “volver para ser mejores”. Si lo logra o no el tiempo lo dirá. Sin embargo, eso llevaba implícito el reconocimiento al liderazgo de CFK, y la necesidad de tomar algún distanciamiento de ella en los contenidos. Conociendo cómo son las cosas en la política, estas cuestiones seguro estuvieron presentes en las conversaciones donde se iba a desembocar en fórmula Fernández – Fernández.

 

Pero como muchas cosas en la vida, los procesos tienen idas y venidas. En algún momento existen riesgos de que lo conversado se re pacte, explícita o implícitamente. Por eso los acuerdos funcionan cuando:

 

  • existe un claro cálculo racional de las partes sobre el saldo positivo, y/o
  • todas las partes tienen un dedo en el gatillo que desaliente traiciones.

 

Si una de las partes no logra “esclarecer” a la otra sobre la conveniencia de un acuerdo y su cumplimiento posterior, o no diseña correctamente el marco de la negociación para tener claros los hilos invisibles que se van tejiendo, las fases de desacuerdo pueden aflorar. En este punto, el actor A tira de la cuerda para que ver hasta dónde le marca a la agenda al socio B. Si el socio responde, es un tanto para A. Como comentamos en la columna de la semana pasada, no todo se reduce a eso, pero para buena parte de los espectadores es así.

 

Ser moderado no significa no tener liderazgo. Muchas veces se confunde liderazgo con carácter fuerte. Liderazgo implica –entre otras cosas- marcar la cancha, fijar agenda y salirse con la suya. Esto no lo está logrando el presidente en estas últimas semanas, aunque no necesariamente signifique que el tanteador real haya variado. Pero la sensación térmica es distinta.

Moderado no significa “apaciguable”. Siempre se da esta discusión en muchos equipos políticos: “Che, Fulano tiene que salir a pegar, no se puede quedar callado, hace el papel de boludo”. Mi respuesta es: esto es un ecualizador, donde a veces suben los graves y a veces los agudos. No se trata de una estrategia en blanco y negro. Eso sí: hasta el perro más manso cada tanto debe tirar un “tarascón” para que se le respete.

 

El punto es que hoy el cristinismo cree que Alberto está queriendo quedar bien con todos, por lo tanto desconfía, y los otros socios del Frente de Todos tampoco están conformes. Por lo tanto, el presidente debería sacar cuentas finas sobre en qué peleas meterse y cuáles no, obviamente teniendo en cuenta a Cristina, a Máximo, pero quizá no mucho más, porque ahí el balance empieza a ser deficitario.

 

Parte del problema es que el moderado Alberto construyó un gabinete mayormente con moderados y técnicos, quienes no tienen ni la personalidad, ni el volumen político propio para mostrar los dientes cuando haga falta. Diría un director técnico, es un equipo desequilibrado.

 

Hasta acá, el astuto Alberto está claro que no quiere ningún enfrentamiento público –por ejemplo, caso Berni- que no lo dirima él directamente. Por eso se avino a responderle a Hebe y a Víctor Hugo con su estilo apaciguador. ¿Dónde está el error? Que la respuesta le da entidad al atacante, cosa que el presidente no tiene necesidad de hacer.

 

¿Cuáles son los riesgos reales que corre Alberto ser humano? ¿Algún detalle de su gestión que no se preste a malas interpretaciones? ¿Algún movimiento financiero de dudoso origen? ¿Y en ambos casos Cristina tiene papeles? Parece raro que el presidente, profesor de derecho penal, no haya contemplado esas cuestiones -si es que existiesen- como para estar condicionado.

 

¿Cuáles son los riesgos reales que corre Alberto Presidente de la Nación? ¿Que un subalterno lo desautorice? ¿Que le cascoteen el rancho? Esas eran cosas esperables, no? Dudo que eso afecte a un personaje curtido.

 

Pues, el juego estratégico es que él no puede romper con ella, pero ella tampoco puede romper con él porque ¿quién pagaría los platos rotos de un fracaso gubernamental?