¿CÓMO SIGUE LA PELÍCULA?

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Por: Luis Tonelli. Hay una constante en el accionar de Alberto Fernández: hoy, a pesar de estar en la cima de su popularidad sigue sintiéndose cómodo como el Jefe de Gabinete que fue durante la presidencia de Néstor Kirchner y la primera presidencia de Cristina Fernández (y algunos meses más en la segunda).

Lo ha seguido siendo en los hechos en los primeros meses de su gobierno, a pesar de portar el Bastón de Mando presidencial, respecto a la ex presidenta quien es su vicepresidenta. AF se ocupó de la gestión, y CFK de establecer los lineamientos básicos de esa gestión (aparte de controlar cajas y lugares claves  de poder). Y hoy, pese a toda la centralidad, autoridad y poder de gestión que le da el combate contra la pandemia, Alberto Fernández se ha colocado públicamente bajo una nueva jefatura: la de los infectólogos que rodean a la Presidencia -quizás como modo de neutralizar la jefatura política de CFK-.

Como si pudiera haber previsto la infección global del COVID-19, ya desde su discurso inicial el Presidente había esbozado la estrategia de presentar a su gabinete como compuesto por funcionarios dotados de un saber de “lo público” que lo colocaba varios peldaños arriba del gabinete del Presidente Macri (cuyos funcionarios a lo sumo tenían un saber sobre los asuntos privados y que, en la interpretación de Fernández, habría primado sobre las cuestiones de Estado-). Así el actual Presidente contrastó al Gobierno de CEO´s macrista con su Gobierno de “Científicos”,  dado, se supone, el enrolamiento de algunos de sus colaboradores en el CONICET y en actividades docentes universitarias, como él mismo lo hace.

La calificación, estiraba generosamente lo que el sustantivo “científico” abarca, pero ahora con el “consejo de sabios” que respalda las decisiones del Presidente respecto a la pandemia (y no solo ellas), se ha recargado de sentido. “Ciencia y Técnica como Ideología” se llamó un libro de Jürgen Habermas de 1968, que, en la estela de la Escuela de Frankfurt, veía a la “racionalidad técnica” como el último grito de la deshumanización -cosa que Chaplin, de modo más grafico había representado en esa escena de Tiempos Modernos en donde él mismo quedaba engullido por el proceso fabril.

Desde hace tiempo, la “ciencia” es la legitimación más eficiente, al producir lo que son “verdades reveladas” para el vulgo, en reemplazo funcional de las que antes solo le decía Dios, o  sus intérpretes habilitados -como lo crítica tan bien Sabrina Ajmechet, en una nota reciente publicada en Clarín, https://www.clarin.com/opinion/verdades-reveladas-_0_Yo-HSOmu2.html. Y cosas de la hiper-recontra-posmodernidad -en donde más que “todo disolverse en el aire”, “todo envicia y satura el aire”, quedando invertidos los signos negativos y positivos constantemente- resulta que hasta un gobierno Nac&Pop invoca a la Ciencia y no al Pueblo como razón última de sus actos y procederes (bueno, no tan raro, remember Richter y el Proyecto Huemul).

El Presidente se coloca así como el Jefe de Gabinete de ese puñado de infectólogos , y algún que otro epidemiólogo como los cancerberos de los derechos estipulados en los artículos 14 y el 14 bis de nuestra Constitución. La epidemiología “a ciencia cierta” es la especialidad que combinando medicina con estadística hubiera resultado la más apropiada para decidir el mix de confinamiento (para que no se sature el sistema médico) y de circulación (para ir logrando la inmunidad de rebaño) más adecuada para enfrentar el coronavirus.

Por supuesto que el consejo de infectólogos no tiene nada que ver con un Congreso Nacional que llevó semanas sin sesionar, y la consiguiente proliferación de decretazos -incluso el último que permite al Jefe de Gabinete (formal) Santiago Cafiero cambiar a piaccere (con la excusa de la emergencia sanitaria) el destino final de las partidas presupuestarias-. Muy “científico” el gobierno, pero la justificación que dio Cafiero no pudo superar el principio de no contradicción aristotélico, en el que “A” no puede ser “no A”: su explicación del hecho que nos ha brindado puede resumirse en un “no es un decreto de superpoderes; lo que hace es solo conferirme superpoderes”.

El Peronismo, ese partido de la crisis (llega al poder en 1989 y en el 2001), asumió, sin embargo, en una entrega del poder en tiempo y forma en el 2019.  La aparición del coronavirus le ha brindado la excusa de la crisis perfecta, en donde los peronistas se mueven como pez en el agua. Claro esta que esta vez los desafíos y amenazas que enfrenta el gobierno de los Fernández (e infectólogos) son sencillamente colosales y el apoyo que se tiene hoy, puede volverse en contra rapidmente.

La contención de la pandemia, por medio de la cuarentena total ha sido exitosa (¡bueno sería que no!). Las víctimas fatales -son proporcionalmente a la población de cada país-, la mitad de las que tiene Chile y 10 veces menos que las de Brasil (aunque más que Paraguay y Uruguay).

Pero claro, esta cuarentena total temprana (casi inentendible en un país en el que el distanciamiento social estaba asegurado por la enorme distancia geográfica entre ciudades) también tiene el correlato de un parate total inédito. El PBI en abril cayó 20 puntos respecto a Abril de 2019, y estamos recién ahora sufriendo las primeras consecuencias, que pueden ser muy complicadas en términos económicos y sociales -incluso mucho peores que la crisis del 2001-. La negociación por la deuda externa asume así un carácter todavía más dramático (y todo lleva a mirar hacia la vicepresidenta, que ya prefirió cuando era presidenta el default, cuando le ordenó al entonces Ministro Kiciloff no arreglar la cuestión de los hold outs, después de haber pagado la que se tenía con el Club de París). Un default puede sumar varios puntos más de caída del PBI a la que ya vamos a sufrir.

Las penurias económicas que ya se sienten y mucho, ha llevado al gobierno ha comenzar una fase de apertura tímida de la cuarentena (ante el relajamiento de hecho que se venía dando en los últimos días). Pese a que es mucho más limitada que en el resto del país, en el AMBA, se nota el movimiento mayor de personas, pero este justo se da con la noticia que el virus ha finalmente llegado a sus barrios de emergencia. También comienzan a hacerse notar los primeros fríos. De este modo la cuarentena se afloja -sin explicación lógica- cuando hay muchos más infectados dando vueltas que cuando se impuso. Pero la cuenta que hay que pagar para seguir todos en casa ya no puede ser soportada por mucho tiempo más por el Gobierno Nacional.

La foto inicial contra el coronavirus ha sido muy favorable a Alberto Fernández (no solo frente a Suecia, sino frente a Noruega). Pero la película sigue. Y uno obviamente se ilusiona con que termine con un típico final feliz de Hollywood, la trama presenta una incertidumbre digna de Hitchcock. Ojala que no tengamos que ver escenas de terror -como las que se dan en otros países- ni siquiera imaginadas por el mismísimo Stephen King.

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