BERNI ES UN CONCEPTO.

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Carlos Fara. Sergio Berni, ministro de seguridad de la Provincia de Buenos Aires, es una persona con una personalidad definida. Pero eso no es importante. Lo relevante acá es el concepto Berni. De qué se trata? Vamos a dejar de lado lo ya sabido: Berni está ahí por indicación de CFK a Kicillof, y dice que la jefa política es ella (desafiando al presidente), además de sus enfrentamientos con la ministra nacional Frederic, quizá porque quiere su puesto.

 

El 30 de diciembre de 2004 se produjo el incendio de Cromañon. La entonces ministra de desarrollo social, Alicia Kirchner, le dijo a un colaborador: “si nosotros hubiésemos estado ahí [se refería al área de control] esto no hubiese pasado”. Conceptualmente lo que quiso decir es que hacía falta alguien de confianza al mando, que además le ponga el pecho a las balas para resolver la crisis in situ. En términos organizacionales la traducción sería: no existe el Estado como sistema, si no hay un delegado político que controle. Cuando se mira al funcionamiento del Estado en la Argentina, en todos los niveles, a veces da la sensación que esa mirada voluntarista tiene razón: si alguien no levanta el teléfono y pega cuatro gritos, la burocracia trabaja a reglamento. Por supuesto que la realidad es más compleja que eso.

 

Además se debe agregar otro concepto: “Atrás de todo obstáculo burocrático hay un interés creado que te juega en contra. Acá no hay inocentes”. Existe una extensa bibliografía que habla sobre la cooptación del Estado por parte de poderes fácticos que lo hacen jugar a su favor, y que tendría empleados que juegan para esos equipos. La lista puede ser interminable.

 

¿Qué hace falta entonces para vencer la deliberada parsimonia burocrática y la cooptación de los poderes fácticos? Un cabrón hiperactivo, que mande todo al demonio y que actúe con absoluto respaldo político de la jefatura máxima. Ese es Berni. Por eso decimos que, más allá de ser una persona de carne y hueso, Berni es un concepto de gerenciamiento del Estado. Mucho más cuando el tema es de alta sensibilidad y puede inventar un martes 13: Néstor nunca olvidará cómo se movió “la Bonaerense” el 19 y 20 de diciembre de 2001; por eso le urgía desestructurar el poder político territorial en el GBA, para que no le produjeran una crisis.

 

El concepto Berni indica que la presencia en el lugar de los hechos es irremplazable: hay que estar en el lugar para entender lo que pasa y resolverlo. Siguiendo esa línea, nada podría hacerse desde un escritorio y sin hacer tronar la voz de mando. Es cierto que la presencia de un funcionario es muy valorada en la opinión pública nativa. Otra vez: en la Argentina cobra cuerpo aquello de que “el ojo del amo engorda el ganado”.

 

Como derivación de todo esto, el ministro de seguridad bonaerense cosecha más imagen negativa que positiva, buena aunque no excelente. El problema de Berni persona es que se lo pueda comer el personaje, aunque algunos de sus atributos sean bien valorados. Ya le ha pasado a más de uno: llega un momento en que el show cansa y el promedio social exige más efectividad y menos performance artística. Le sucedió a otro militar en el mismo cargo (Aldo Rico). Lo que es simpático en un momento puede terminar empalagando (Luis Juez).

Finalmente, seguro que más de un lector/a dirá que el concepto Berni es el fruto de un país con debilidad institucional. Sin duda. Los pragmáticos de siempre responderán que como las instituciones y los sistemas nunca terminan de funcionar en la Argentina, la mejor legitimidad surge de ser efectivo cueste lo que cueste. Sin duda bis.

 

En definitiva, al voluntarismo institucionalista se le opone el voluntarismo pragmático. Hay algo que no funciona….