ALREDEDOR DE LA CORTE.

0
81

 

Ferdinand Amunchásteguy. Aunque los pasillos de los edificios judiciales parezcan vacíos, por ellos se deslizan demasiadas cuestiones que, más temprano que tarde, habrán de incidir fuertemente en nuestra cotidianidad. En un país paralizado a resultas del virus chino, y mientras la economía parece pulverizarse, otras fuerzas tejen la urdimbre de un nuevo modelo que busca instalarse en estas tierras. Distintos son los caminos elegidos, pero todos se apartan de aquello que, en su momento, se presentó como el propósito perseguido por quienes habrían de gobernarnos.

No es que los argentinos no estemos acostumbrados a que, llegados al Poder, las promesas electorales se deshagan en menos tiempo que el que lleva sentarse en los despachos. Sin embargo, en esta ocasión, las promesas estaban vinculadas no a los modos operativos, sino a los principios con los que habrá de gobernarse una República.

El diálogo y la necesidad de terminar con una grieta decretada desde los enfrentamientos estériles era una verdad sabida, sostenida en una buena fe compartida que aspiraba a lograr un esfuerzo del conjunto.

Sin embargo, al día de hoy, parecería que el camino se aleja del diálogo, al tiempo que se profundiza aquella grieta que todos parecían querer dejar atrás. Ese cambio de postura, lamentablemente, debe achacársele al Gobierno, ya que es él el que debe dictar las reglas para definir el juego del que participaremos todos.

A nadie escapa, más allá del relato que intente construirse en derredor, que existen situaciones que requieren un abordaje inmediato y una pronta solución, aunque los hechos parecen desmentir esa circunstancia. Al día de hoy las relaciones entre el Poder Judicial y el Ejecutivo discurren entre las espinas que rodean los temas que los convocan y que más tarde o más temprano habrán de exigir un pronunciamiento de los Jueces.

El enfrentamiento de los Poderes, por ahora, solo se encuentra protagonizado desde uno solo de ellos que es quién acicatea al otro. El Senado ha avanzado sobre su anuncio de retrotraer el traslado de los jueces que se sumaron a la Justicia Federal de la Capital, a su vez la Comisión que analiza la actividad de la Corte Suprema deja trascender su vocación de aumentar el número de sus miembros mientras, camino a una decisión de la Cámara Baja, la reforma judicial continua su destino de convertirse en realidad. Desde otro ángulo,  no cesan las presiones que buscan reemplazar al Procurador Casal por otro integrante de la Procuración  General  que se dice, sería afín a los criterios representados por Horacio Verbitsky, en tanto no le resulta posible al oficialismo alcanzar las mayorías legales para designar el reemplazo definitivo.

Luego de modificarles el régimen jubilatorio también se encuentra en carpeta, aunque ya se conoce, la idea de alterar la composición del Consejo de la Magistratura que, por boca de su Presidente actual -el Juez Alberto Lugones afín a la autoridad ejecutiva- se sabe aspira a manejar el fondo anti cíclico del que hasta ahora solo disponía el más Alto Tribunal.

Como se ve, de un lado han jugado sus trebejos para plantear una batalla, mientras, salvo las palabras apresuradas del ministro Rosencrantz, nadie más ha arriesgado una opinión sobre alguno de los temas sobre los que la Corte habrá de decidir en un tiempo más. Bien es cierto, que la prudencia de los Jueces tradicionalmente les ha impedido incurrir en comentarios que permitan intuir cuál podría ser su decisión final. Sin embargo, la Corte tiene en sus pupitres temas que pueden complicar la gestión del Gobierno, ya sea porque este decida acatarlos o porque, de adverso, habrá de plantearse el “conflicto de Poderes”. Posiblemente, decidir la coparticipación de la ciudad, pueda ser un tema esencial como podrá serlo, también, judicializar la reforma en ciernes y los restantes temas vinculados al propio Poder Judicial.

Más allá de la suerte que pueda seguir el tema del traslado de los jueces que dispuso el Senado – que a los fines de la política de la Corte son irrelevantes- los restantes temas que pulsan la cuerda del Poder real, se encuentran aún a su decisión y es allí donde logrará advertirse cuál es la posición, como cabeza de Poder, que habrán de asumir los Supremos, ante un silencio generalizado, favorecido por una pandemia que ha adormecido el derecho de los Argentinos a vivir de acuerdo a lo que los Constituyentes intentaron plasmar en la Carta Magna.