A LA VUELTA DE LA ESQUINA

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Por: Carlos Fara. La política contemporánea –más allá de la crisis del COVID-19- es una máquina devoradora de percepciones. Lo que hace 60 días parecía tener un lustre impecable en poco tiempo empieza a tener colores opacos. No se desluce, pero ya no es lo que era antes. Esto implica tener mucha agilidad política y comunicacional para no dar la sensación de pesadez, cansancio, falta de reflejos. Por eso las oportunidades y las crisis están a la vuelta de la esquina. Nunca quedaron tan desactualizadas frases como “ya fue” o “se consagró”. Nada es definitivo. Todo es fluido, a veces en exceso.

 

La fluidez implica no quedarse dormido y ejercer la creatividad estratégica y táctica de modo permanente. Por supuesto que eso se da de bruces con la planificación de políticas públicas de largo plazo. Pero cualquier planificador estratégico debe tener en cuenta el marco cultural en el cual desarrolla su tarea. Si no, no planifica: solo idealiza.

 

Está claro que se empezaron a cumplir las predicciones respecto a la evolución de la pandemia: el pico iba a llegar entre fines de mayo y principios de junio. Según el sitio www.mercadoyempresas.com solo el 13.6 % de los municipios del país han tenido casos de contagio https://mercadoyempresas.com/web/aporte-tecnico.php?id=118. Es poco, pero es cierto que la mancha se va esparciendo lentamente: hace exactamente un mes era el 11 %. Esto debería dale la razón a los “halcones” de la cuarentena, ya que el riesgo no está ni lejos de ser superado. Pero el cuadro es otro.

 

En primer lugar, está claro que tenemos dos países: 1) el de AMBA y algunos grandes centros urbanos, y 2) el resto, que está normalizado en sus actividades económicas entre el 80 y el 90 %, según el caso. Por supuesto sin clases, ni lugares de aglomeración. De modo que “dime dónde vives y te diré cómo la estás pasando”.

 

En segundo lugar está la agenda mediática y el ánimo de la sociedad, junto con la crisis económica. Aquí no hay epidemiólogo que valga, ya que el ánimo de reactivación –en el amplio sentido del término- no alcanza para buscar una solución más o menos satisfactoria, suficiente para calmar las aguas. Y esto nos lleva a la reflexión inicial de la nota: si el estado de ánimo cambió, de poco sirve quedarse en el campo de batalla solo con filminas y gráficos en la mano. Como dice el maestro George Lakoff: con estadísticas no se ganan los debates públicos, sino con la apelación a valores.

 

El liderazgo siempre debe sorprender, aunque en el fondo diga lo mismo todo el tiempo. No significa cambiar de estrategia, pero si es necesario renovar las tácticas. Más allá de la gaffe de las estadísticas en la última conferencia de prensa del sábado 23 de mayo, lo cierto es que el recurso está agotado comunicacionalmente. Lo peor que le puede pasar a un emisor es que la audiencia empiece a tener la sensación de “esta película ya la vi”, porque en ese instante empieza a desconectarse del relato –en el mejor de los casos. En el peor, empieza a horadar la legitimidad del mismo.

 

Algunos periodistas y colegas lo percibieron cansado al presidente en la conferencia de prensa. Puede ser. Es de imaginar que un sábado a la noche (cuando yo personalmente estaba esperando que termine para empezar a ver mi película programada) luego de trabajar toda la semana, y con semejante nivel de presión, seguro que Alberto no estaba con todas la pilas. Pero lo interesante es el “cómo luce”. Y la reiteración del esquema comunicacional –mesa de tres, filminas con gráficos estadísticos, discurso largo de Kicillof- probablemente ronden cierto agobio.

 

Sobre llovido, mojado, además el escenario se metió en vericuetos complicados: la viralización en los barrios populares, la marcha atrás en la CABA, “los guetos de pobres”, la aparente impaciencia de CFK con sus causas judiciales, el ala cristinista preparándose para dar nuevas batallas ideológicas, etc. etc., y como si esto fuera poco, un virtual default. Demasiado para las espaldas de cualquier mortal. Mucho más aún con poder compartido.

 

Todos estos elementos generan la sensación de un gobierno que se quedó sin oxígeno los últimos dos rounds, esperando la campana para volver a su rincón. Ojo! No digo que se quedó sin oxígeno: digo que se generó la sensación, y por eso los aspectos comunicacionales del manejo de la cuarentena necesitan un refresh, para sorprender, para transmitir vitalidad.

 

La pelea es larga y todo es dinámico, de modo que hay que evaluarla con cautela. Repito: las oportunidades y las crisis están a la vuelta de la esquina.

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